Guatemala City, Guatemala. El 3 de agosto de 2026, el Volcán de Fuego, ubicado en el centro-sur de Guatemala, intensificó de forma acelerada su actividad y alcanzó una fase de paroxismo, la etapa de mayor intensidad registrada en el ciclo eruptivo que el coloso mantiene desde 1999. Ante el incremento de fuentes de lava, columnas de ceniza y corrientes de densidad piroclástica. Volcán de Fuego activa alerta anaranjada, la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) declaró alerta anaranjada institucional a nivel nacional y ordenó evacuaciones preventivas en comunidades del municipio de San Juan Alotenango, departamento de Sacatepéquez, mientras el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) mantiene un monitoreo permanente de uno de los volcanes más activos de Centroamérica.
Cómo evolucionó la actividad eruptiva del Volcán de Fuego
De acuerdo con los boletines especiales difundidos por el INSIVUMEH, los cambios en el comportamiento del volcán comenzaron a detectarse la tarde del domingo 2 de agosto y se acentuaron durante la madrugada del lunes siguiente, cuando el instituto reportó un incremento sostenido en la emisión de gases, ceniza incandescente y explosiones. La institución precisó que la actividad generó corrientes de densidad piroclástica —flujos de gases y fragmentos de roca a altas temperaturas que descienden a gran velocidad por las laderas— dirigidas inicialmente hacia el flanco oeste del volcán, además de una columna de ceniza que llegó a los 5,000 metros sobre el nivel del mar y se dispersó hacia el occidente a más de 40 kilómetros de distancia.
Con el paso de las horas, la CONRED informó mediante boletines institucionales que las corrientes piroclásticas se extendieron a un total de cinco barrancas del volcán: Seca, Taniluyá y Ceniza, en el flanco suroeste, y Las Lajas y Honda, en el flanco sureste, de acuerdo con lo señalado en sus comunicados oficiales. Estos cauces son considerados la principal vía de amenaza para las poblaciones asentadas entre 7 y 10 kilómetros del cráter. La entidad también confirmó caída de ceniza en comunidades como San Pedro Yepocapa, en el departamento de Chimaltenango, y recomendó a la población protegerse las vías respiratorias y cubrir sus depósitos de agua.
Evacuaciones y respuesta institucional ante la alerta anaranjada
Como medida preventiva, el Sistema CONRED reportó en su boletín informativo 239-2026 el traslado de familias del caserío El Porvenir y la aldea Las Lajitas, en el municipio de San Juan Alotenango, Sacatepéquez, hacia albergues temporales habilitados por las autoridades locales. Se esperaba la reubicación preventiva alcanzara inicialmente a unas 250 personas, cifra que las autoridades advirtieron podría crecer conforme se ampliara el perímetro de riesgo.
La coordinadora exhortó a la población de las áreas vulnerables a no acercarse a las barrancas ni al cráter, elaborar un Plan Familiar de Respuesta, mantener lista la llamada Mochila de las 72 Horas y reportar cualquier emergencia al número nacional 119. Autoridades educativas locales dispusieron además la suspensión de clases presenciales en los municipios más cercanos al volcán, mientras equipos técnicos de ambas instituciones reforzaron el monitoreo sísmico, térmico y satelital para anticipar nuevos cambios en el comportamiento del coloso. Hasta el cierre de esta nota, ni CONRED ni INSIVUMEH habían reportado víctimas mortales asociadas a la fase eruptiva actual.
Un volcán con más de cinco siglos de actividad documentada
El Volcán de Fuego es un estratovolcán de 3,763 metros de altura situado en el límite de los departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango y Escuintla, a poca distancia de la Antigua Guatemala, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad. Forma parte, junto con el volcán de Acatenango, de un mismo bloque volcánico y se integra al Arco Volcánico Centroamericano, la cadena de estratovolcanes que se extiende a lo largo del istmo como resultado de la subducción de la placa de Cocos bajo la placa del Caribe.
Según describe la enciclopedia colaborativa, el conquistador Pedro de Alvarado documentó su actividad ya en 1524, y desde entonces el volcán acumula más de sesenta erupciones registradas, con episodios de gran magnitud en 1717, 1880, 1932 y 1974. Tras dos décadas de relativa calma, el volcán reinició en 1999 un ciclo de actividad persistente que combina explosiones frecuentes con paroxismos ocasionales. El antecedente más grave de ese ciclo ocurrió el 3 de junio de 2018, cuando corrientes piroclásticas sepultaron comunidades enteras en el municipio de Yepocapa y zonas vecinas, dejando cientos de víctimas mortales. Esa tragedia impulsó mejoras sustanciales en los protocolos de alerta temprana y en la capacidad de autoevacuación de las comunidades aledañas, factores que las autoridades atribuyen a la respuesta más ágil observada en el evento de 2026.
Qué podría pasar en los próximos días según los especialistas
Con base en el comportamiento histórico del volcán, los técnicos de INSIVUMEH estiman que las fases de paroxismo posteriores a 1999 suelen prolongarse entre 24 y 72 horas antes de que la actividad regrese a niveles moderados, aunque advierten que la duración depende del volumen de magma y gases que continúe aportando el sistema volcánico. Entre los riesgos que las autoridades vigilan de cerca destaca la posibilidad de que las corrientes piroclásticas alcancen mayor longitud o se sumen a otras barrancas, así como la eventual formación de lahares —flujos de lodo y escombros— si se registran lluvias intensas sobre el material volcánico suelto que ha quedado depositado en los cauces.
Mientras continúan los trabajos de monitoreo, CONRED e INSIVUMEH insisten en que la población siga exclusivamente los canales oficiales de ambas instituciones y evite difundir o creer información no verificada sobre la evolución del fenómeno. El caso vuelve a poner en el centro del debate regional la importancia de la vigilancia volcánica permanente en un país que, como Guatemala, concentra algunos de los volcanes más activos del planeta.
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