Morena, el partido que ha dominado la política mexicana desde 2018, enfrentó el pasado 1 de junio de 2025 un escenario electoral complejo pero favorable. Las elecciones municipales en Veracruz y Durango representaban una interesante prueba, sobre todo porque marcaban el debut de Andrés Manuel López Beltrán como operador político clave.
En su rol de secretario de Organización, tenía la responsabilidad de coordinar la poderosa maquinaria electoral de Morena, incluyendo la selección de candidatos, la movilización de votantes y la estrategia en los estados.
En Veracruz, un bastión de Morena, el partido y sus aliados (PVEM y PT) lograron una victoria clara al sumar entre todos 140 municipios. Sin embargo, su coalición perdió alrededor de medio millón de votos comparados con la última elección, a pesar de haber triunfado en enclaves panistas como Veracruz puerto y Tantoyuca.
Este triunfo fue opacado igualmente por la baja participación del electorado y por el desempeño inesperado del PT, que en esta ocasión no formó parte de la coalición y que, en unos pocos más, el PVEM fue en solitario en algunos municipios, logrando 28 ayuntamientos.
Si bien no hubo rompimiento definitivo y la coalición sigue firme a nivel nacional, la coalición puede decir que esos 140 municipios de los 212 son suyos y, por lo tanto, un triunfo incontestable.
Sin embargo, se habló demasiado del rompimiento entre el exgobernador Cuitláhuac García, ahora director general del CENAGAS, y la gobernadora Rocío Nahle; incluso se rumoró que el exgobernador García operó en contra de Morena y a favor de Movimiento Ciudadano.
Y sí, llama la atención el crecimiento que tuvo Movimiento Ciudadano: ganó varios municipios que estaban en poder de la coalición, sumando 41. Este resultado evidenció tensiones internas y una posible falta de coordinación que pudiera atribuirse a López Beltrán, aunque no tuvo mayor operación en dicha entidad.
En Durango, la situación no dio lugar a matices. Morena ganó dos municipios menos que en 2022 y no ganó la capital, un objetivo estratégico. El PAN-PRI, liderado por el gobernador Esteban Villegas y apoyado por el priista Rubén Moreira, exmandatario coahuilense, consolidó su dominio en la entidad, dejando a Morena incluso en un tercer lugar en la capital.
Estos resultados fueron interpretados como un fracaso que también la ‘comentocracia’ atribuye a López Beltrán, quien, a decir de sus críticos, no logró capitalizar la maquinaria política del partido ni contrarrestar la fuerza de la oposición, a pesar de haberse ido a vivir a Durango unas semanas antes de las elecciones.
Las acusaciones de fraude en Durango, aunque bastante verosímiles en el contexto político mexicano, carecen de pruebas sólidas y reflejan una estrategia reactiva que no aborda los retos internos de Morena. Culpar a factores externos podría limitar la capacidad del partido para aprender de sus derrotas y fortalecer su posición de cara a futuros comicios.
Aprendizajes del 1 de junio
El debut político de Andrés Manuel López Beltrán en las elecciones pasadas pudo ser mucho mejor. Morena debió haber avasallado a una oposición que sigue noqueada de pie.
Igualmente, una controversia mediática sobre su apodo ‘Andy’ pudiera ayudar muy poco a transmitir la fuerza que su nombre pretende infundir… o podría proporcionar lo que necesita para crear un liderazgo al interior del partido, a la coalición y al pueblo.
Como secretario de Organización de Morena, su papel era crucial, pero los resultados electorales revelaron insuficiencias en el funcionamiento del partido, de ahí que los colaboradores de medios contrarios a la Cuarta Transformación se hayan ensañado con su figura, trabajando sobre la percepción de que no ha hecho nada para ocupar su silla.
No es un asunto menor, refleja su dificultad para construir una identidad política propia: él, como toda la 4T, por ahora dependen en exceso del legado de su padre, aún todopoderoso.
Este episodio mostró las debilidades de Morena, que definitivamente no es el otrora PRI, apodado en los 70 ‘El Invencible’, y que mantener su hegemonía sobre el país no será todo lo fácil que creyeron sus militantes.
Las condiciones están dadas, mas la cuestión política es por definición cambiante, inestable. Podrá López Beltrán insistir en ser nombrado por su nombre completo y las dirigencias locales del movimiento presumir de ganar elecciones, pero la realidad es que toda la estructura dependerá de su propia capacidad para alcanzar resultados concretos; de lo contrario, los mil años de transformación que auguró la senadora morenista Margarita Valdés pudieran no ir más allá de este sexenio.
¿Un tema personal o estructural?
El desempeño de López Beltrán en las elecciones de 2025 puede analizarse desde la perspectiva de los problemas estructurales en Morena. Los resultados reflejan desafíos mayores de los esperados para Morena.
El partido, el movimiento, la coalición, dependen demasiado de la figura de López Obrador; esto creó una jerarquía rígida que dificulta la emergencia de nuevos liderazgos; que los aliados, como el PT en Veracruz, se vayan por la libre y que miembros destacados del partido tengan un rompimiento como el que tuvieron el exgobernador Cuitláhuac García y la gobernadora Rocío Nahle, aunados a la fortaleza local de la oposición en Durango, apuntan a problemas de estrategia y cohesión que sin duda trascienden la responsabilidad individual de López Beltrán.
Mantener hegemonía de Morena, una tarea no tan fácil
Emergió como figura relevante en el panorama político mexicano el segundo de los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, Andrés Manuel López Beltrán, al ser nombrado secretario de Organización de Morena.
Su debut tuvo lugar en las elecciones municipales de Veracruz y Durango, apenas celebradas el 1 de junio pasado. Los resultados no fueron exactamente los previstos.
Expertos y analistas —los en ocasiones llamados comentócratas— los calificaron de “decepcionantes” y se mostraron escépticos de su capacidad de operar, una de las principales fortalezas del expresidente.
Eso no fue lo peor. Cometió quizás un error de novato, uno no grave, que posiblemente en manos de su padre sería el inicio de un contraataque devastador sobre sus contrincantes, igual que cuando lo apodaron ‘El Peje’.
Dijo López Beltrán en el pódcast de su partido que, por favor, no le llamaran “Andy”. Esto no fortaleció su imagen; en su lugar, generó mofas, críticas y memes en redes sociales y medios de comunicación.
Pero expertos se preguntan un mes después de la elección: ¿Esos resultados son totalmente responsabilidad suya? ¿Las acusaciones de fraude y ‘elección de Estado’ que esgrimió son pertinentes? ¿No será que levantar una polémica así por su apodo es parte de un elaborado y bien estructurado plan para terminar de posicionarse en el liderazgo de la Transformación? ¿Darle un mayor impacto a su legado familiar y político afectará los resultados de su gestión y la percepción pública de Morena?
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 9 DE REVISTA GUINDA

