La inflación es solo un síntoma; lo que realmente está en juego es el modelo de país que México quiere construir. Los datos son contundentes: el sur no solo enfrenta más inflación y menores salarios, sino una estructura económica debilitada por la informalidad, la falta de inversión y la desigualdad interseccional. El norte, por el contrario, ha logrado avances significativos gracias a políticas como el salario mínimo fronterizo y una mayor formalización del empleo.
Sin embargo, esto no es suficiente, aunque en México el salario mínimo ha tenido avances importantes en los últimos años, está muy lejos aún de garantizar una vida digna para quienes lo cobran. Elevar la cifra es sólo una parte de la solución, urgen oportunidades reales de desarrollo, de lo contrario, vivir es una constante lucha.
Cerrar las brechas exige mucho más que programas de transferencia o incrementos al salario mínimo. Se requiere una estrategia transformadora que contemple políticas fiscales progresivas que graven más a quienes más tienen y permitan financiar la inversión social; formalización del empleo, especialmente en el sur, con incentivos para las pequeñas empresas y protección laboral; inversión en infraestructura básica (agua, electricidad, transporte) para facilitar el desarrollo local.
- Educación y conectividad digital para romper con los ciclos de exclusión.
- Programas regionalizados que reconozcan las particularidades del sur y sus necesidades urgentes.
Algunas alianzas regionales, como la del Bajío Centro-Occidente, han demostrado que la coordinación estratégica entre estados puede generar polos de desarrollo sostenido. Sin embargo, sin una voluntad nacional que mire al sur con seriedad y justicia, las promesas de igualdad seguirán siendo un espejismo para millones.

