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EL GAS Y LA DEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS

Hak Guinda Por Hak Guinda
septiembre 16, 2026
in Impreso
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EL GAS Y LA DEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS

El déficit de gas natural es uno de los retos más urgentes que se enfrentan; México depende –según la fuente consultada– de un 70 hasta un 96 por ciento de las importaciones de gas de Estados Unidos.

Quizás el aspecto más difícil de hablar en la cuestión energética nacional es el abandono del gas por parte de Pemex.

Se sabía de antemano que no es una buena idea que, como país, dependas en gran medida de un solo proveedor; eso lo vimos bien en febrero del 2021 cuando un vórtice polar ártico se estacionó sobre las cuencas gaseras de Texas, congelando los ductos y dejando a México al borde del apagón total.

Por fortuna la situación se superó con éxito y los daños fueron mínimos, pero fue un aviso de lo que podría ocurrir en el futuro si esa dependencia prevalece, más ahora que tenemos la dicha de contar en la Oficina Oval de la Casa Blanca con aquel personaje naranja que nada más vela por sus propios intereses –que no son los mismos que los de Estados Unidos, que de por sí– y que es bien capaz de cerrar la llave del gas si llegase a despertarse de malas.

Por eso mismo, estando el problema totalmente ubicado desde que Andrés Manuel López Obrador tomó posesión, ¿por qué no se hizo nada al respecto? Más estando todos de acuerdo en que la principal meta energética era la soberanía energética.

¿Qué soberanía energética puede haber si dependes de terceros para tener electricidad? Lo sabía Rocío Nahle, pero estaba ocupada en la obra de Dos Bocas, y también lo sabía Manuel Bartlett, pero de él sabemos, según se ha ido revelando en las últimas semanas, ya con la Presidenta Claudia Sheinbaum al mando, que sus preocupaciones y prioridades estaban en otro lado.

El déficit de gas natural es uno de los retos más urgentes que se enfrentan. México depende –según la fuente consultada– de un 70 hasta un 96 por ciento de las importaciones de gas de Estados Unidos. La razón es obvia: además de la cercanía, el gas ‘shale texano’ tiene el precio más competitivo del mundo y llega por ductos al país. Es mucho más barato obtener el gas así que tener que invertir para que Pemex lo extraiga a un costo que definitivamente será mayor.

Sin embargo, si se quiere tener soberanía energética, Pemex en algún momento deberá extraer gas natural de las ricas cuencas con que dispone México, contando ya con campos en explotación, el cual sería el caso de campo ‘Brasil’.

La generación de electricidad, clave para el desarrollo económico, está atada a este recurso, y Pemex no tiene los fondos para financiar una expansión significativa de la producción.

El ‘Plan Estratégico’ propone aumentar la producción a cinco mil millones de pies cúbicos diarios para 2028, pero enfrenta dos obstáculos: la falta de experiencia en yacimientos no convencionales y la tentación del gas texano.

La construcción de nuevos gasoductos, como el Jáltipan-Salina Cruz y la conexión ‘Mayakan’, busca mejorar la infraestructura de transporte; estos proyectos dependen de asociaciones con el sector privado y de la viabilidad financiera de los yacimientos.

La colaboración con la CFE para construir plantas de cogeneración en Tula, Salina Cruz y Cangrejera también forma parte del plan, pero su impacto en la reducción de la dependencia de importaciones será limitado a corto plazo.

Tendría entonces Pemex que trabajar en varios frentes para garantizar el suministro de gas a las fábricas y plantas del país: por un lado, empezar a generar tecnología (o adquirirla) para la extracción del gas natural, mientras que se avanza en proyectos de almacenamiento y se obtiene la capacidad técnica.

El sector privado, un aliado necesario

Durante décadas, el discurso pintó a Pemex como “la empresa de todos los mexicanos”, un baluarte nacional que todo lo puede y todo lo debe hacer; el ‘Plan Estratégico 2025-2035’ reconoce que la participación del sector privado es indispensable. La secretaria de Energía, Luz Elena González, lo expresó claramente: la inversión privada es bienvenida, siempre que esté alineada con el interés nacional y la soberanía energética.

El plan incluye 21 proyectos mixtos en exploración y producción, enfocados en yacimientos como ‘Trión’ y ‘Zama’ en el Golfo de México. Estos proyectos buscan frenar la caída en la producción de crudo, que en el primer semestre de 2025 se desplomó un 9.9 por ciento respecto al año anterior, alcanzando apenas 1.6 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde la década de 1970.

La meta es estabilizar la producción en 1.8 millones de barriles diarios, pero lograrlo requiere una inversión masiva en exploración y perforación, áreas donde Pemex ha perdido terreno. En 2025, la empresa reportó solo 32 pozos nuevos terminados, una caída del 59 por ciento respecto a 2024.

Determinados expertos sugieren que asociaciones con empresas privadas en exploración y producción, especialmente en aguas profundas y esquisto, podrían ser clave para revertir la caída productiva, ya que Pemex carece de la tecnología y capital necesarios.

Proyectos conjuntos como el que Pemex tiene con ‘Talos Energy’ en campo ‘Zama’ muestran un modelo mixto, pero la falta de un marco legal claro y protecciones para inversionistas desalienta la participación privada.

La administración actual podría explorar contratos mixtos con mayor flexibilidad, pero las reformas de 2024, que reclasifican a Pemex como empresa pública sin obligación de generar ganancias, sugieren un enfoque centrado en el Estado, limitando el rol del sector privado.

La meta es estabilizar la producción en 1.8 millones de barriles de petróleo diarios, pero lograrlo requiere una inversión masiva en exploración y perforación, áreas donde Pemex ha perdido terreno.

Viene auge de gas natural… para generar electricidad

El gas natural está a mitad de un ‘boom’ por ser considerado el combustible de la transición energética; después de todo, libera la mitad de residuos por unidad de energía a la atmósfera que la gasolina y otros derivados del petróleo.

En México coexisten dos grandes sistemas de transporte de gas: uno es el ‘Sistema Nacional de Gasoductos’, que en un principio era parte de Pemex pero que se decidió darle independencia operativa y se creó un gestor aparte, el Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas) para tramitar todo lo relacionado con el transporte y almacenamiento; el otro es el que administra CFE, que por requerir mucho gas se le dio la capacidad de operar su propio sistema, pero que ha ido evolucionando al grado que ya es un negocio aparte que se recibe por nombre ‘CFEnergía’.

‘CFEnergía’ es una buena idea, por desgracia igual tiende a priorizar sus objetivos de una manera un tanto dispersa. Es tanto lo que hay que hacer y tan poco el presupuesto.

Esto resultó en que es CFE y no Pemex quien tiene la prioridad para muchos nuevos proyectos de inversión en gas natural; en este rubro, si Pemex necesita hacer algo habrá que pasar también por Cenagas y de ahí con otras empresas contratistas y subcontratistas; CFE no necesita ponerse de acuerdo con nadie fuera de su ecosistema para emprenderlos. A mayor urgencia del proyecto, mayor probabilidad de que se le asigne a CFE.

Precisamente, una de las principales razones por las que está urgiendo que haya más infraestructura de transporte de gas es para que haya más electricidad. El mundo está consciente de las múltiples oportunidades que ofrece nuestro país por la cercanía a Estados Unidos. Esto recibe el nombre de ‘nearshoring’ (también llamado ‘proxyshoring’ por los analistas menos serios al notar la forma en que las empresas chinas lo aprovecharon).

El ‘nearshoring’ está un poco a la baja desde que inició el segundo mandato de Trump, pero es un hecho que Trump, por más que lo intente, no se va a reelegir para un tercer –cuarto, quinto, sexto– mandato y que las ventajas del ‘nearshoring’ regresarán con posibilidades mejoradas.

La CFE, además, tampoco cuenta con almacenamiento, de forma que pudiera haber también interés de su parte para colaborar con Pemex en proyectos de almacenamiento, más estando de acuerdo de que son para beneficio del país.

Un mundo de gas en el futuro

A la par de lo que sucede en el sector energético local, el gas natural está a mitad de un ‘boom’ por dos cuestiones: una es que el gas natural es considerado el combustible de la transición energética, después de todo libera la mitad de residuos por unidad de energía a la atmósfera que la gasolina y otros derivados del petróleo.

La segunda razón es que súbitamente, a raíz de la invasión rusa a Ucrania, el mundo se dio cuenta de la importancia de este hidrocarburo y la necesidad de contar con un suministro seguro y confiable de la molécula.

De ahí parte una idea que tiene flotando en el ambiente algo de tiempo: el almacenamiento de gas natural pudiera ser no sólo una cuestión de seguridad nacional, sino también una fuente de ingresos.

Usando el gas texano, se podrían rellenar todas las cavernas salinas de campos petroleros agotados que resulten propicias para inyectar ahí gas natural; si a eso le agregamos diversas plantas de licuefacción de gas natural en varios sitios estratégicos, como los que ya hay de capital privado en diferentes puntos de nuestras costas en el Pacífico y en el Golfo, podría resultar esto en exportaciones de gas natural licuado a diferentes partes del mundo con una muy buena ganancia para Pemex y, por ende, para el país.

La refinería de Dos Bocas, los vencimientos de deuda y la dependencia del gas estadounidense son nubes oscuras en el horizonte. Pemex, como México, está en una encrucijada. Alguna vez fue el motor de la Nación, ahora lucha por recuperar su lugar.

El ‘Plan Estratégico 2025-2035’ es un mapa ambicioso para rescatar a Pemex. Combina medidas financieras como la reducción de deuda y el nuevo régimen fiscal que grava los hidrocarburos con tasas más bajas, con metas operativas como estabilizar la producción de crudo y aumentar la de gas.

La reintegración vertical de Pemex, la eliminación de subsidiarias y la transparencia en la rendición de cuentas buscan devolverle su papel como pilar del desarrollo nacional.

Sin embargo, el escepticismo persiste. Hay analistas que ven en la privatización la única salida, mientras otros defienden el rescate público como un acto de soberanía; otros más advierten que los recursos actuales no bastan para revertir décadas de declive, y la transición hacia energías renovables, aunque necesaria, no compensará a corto plazo las pérdidas del segmento de hidrocarburos.

La refinería de Dos Bocas, los vencimientos de deuda y la dependencia del gas estadounidense son nubes oscuras en el horizonte.

Pemex, como México, está en una encrucijada. La empresa que alguna vez fue el motor de la nación ahora lucha por recuperar su lugar.

El ‘Plan Estratégico 2025-2035’ es un intento de escribir un nuevo capítulo, pero su éxito dependerá de la ejecución, la disciplina financiera y la capacidad de equilibrar la soberanía energética con la realidad económica.

En el Golfo de México, las plataformas siguen extrayendo petróleo, pero el verdadero desafío está en tierra firme: transformar a Pemex en una empresa sostenible, capaz de llevar a México hacia un futuro donde la energía sea, una vez más, sinónimo de orgullo y progreso.

ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 10 DE REVISTA GUINDA 

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