HUMOS DEL PODER
por JORGE CASTRO NORIEGA
El rastro que dejó Andrés Manuel López Obrador se hizo carne en figuras como Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña, Andrés Manuel López Beltrán y Pedro Haces, entre otros, cuyas imprudencias y escándalos han puesto en entredicho los ideales de la 4T y, peor aún, el liderazgo de la Presidenta.
En la ‘Mañanera’ del 11 de agosto, Sheinbaum reiteró que “nuestro movimiento está muy cohesionado… nuestros adversarios se van a quedar con las ganas (de verlo fracturado)”. Y el 18 de ese mismo mes se reunió con los coordinadores parlamentarios, Adán Augusto y Monreal, para alinear la agenda legislativa de septiembre. Lo hizo con la intención de calmar aguas y recomponer puentes internos, aunque la tarea parece más de bombero que de estratega.
Escándalos que erosionan la coherencia
Mientras la Presidenta pide humildad, varios referentes del partido se dedican a lo contrario. ‘Andy’ López Beltrán justificó un viaje a Japón con un costo hotelero de siete mil 500 pesos diarios, alegando “recursos propios” y “extenuantes jornadas de trabajo”. Monreal, por su parte, dejó fuera de una plenaria a la dirigente nacional Luisa María Alcalde y ha criticado la reforma electoral que elimina plurinominales, corta financiamiento y prohíbe el nepotismo, pues esa ruta le cerraría el paso a él y a su hermano David en Zacatecas.
Adán Augusto se defendió de la orden de aprehensión contra su exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez, acusado de vínculos con ‘La Barredora’, alegando que no goza de fuero y que las acusaciones son “tiznaderas”. Pedro Haces, diputado y líder sindical, tuvo que responder a señalamientos de ‘outsourcing’ y factureras tras coincidir en una fiesta en Madrid con Monreal, el diputado Enrique Vázquez y la ministra Yasmín Esquivel.
A este inventario se suman gobernadores morenistas en el ojo del huracán, que tampoco ayudan a su jefa, la Presidenta: Marina del Pilar Ávila (Baja California), por presunto uso electoral de programas; Américo Villarreal (Tamaulipas), con señalamientos de financiamiento irregular; Rocío Nahle (Veracruz), por contratos cuestionados en Dos Bocas; Evelyn Salgado (Guerrero), por opacidad en seguridad, y Rubén Rocha Moya (Sinaloa), por presunto encubrimiento en casos de violencia. Todos, piezas de un rompecabezas incómodo para una Presidenta que predica austeridad y lucha por mantener unido al rebaño. Pero hay muchas ovejas negras y descarriadas.
¿Se podrá reconducir el legado?
Consciente de que el desgaste viene desde dentro, Sheinbaum ha reforzado su núcleo de confianza: Luisa María Alcalde como dirigente nacional; Omar García Harfuch en Seguridad; Marcelo Ebrard en Economía, y Pablo Gómez como operador de la reforma electoral.
Este último ha sido clave para impulsar la eliminación del nepotismo y la cancelación de la reelección, medidas que incomodan a quienes ya se relamían pensando en las candidaturas de los 17 estados que renovarán gobierno en 2027.
El reto de Sheinbaum no es menor: persuadir a un grupo de dirigentes y gobernadores que se comportan como si AMLO siguiera en funciones, ajenos a la nueva jefatura política. Su apuesta es evitar rupturas públicas y procesar diferencias en privado, pero el riesgo persiste.
Porque la pregunta de fondo es si quienes hoy son defendidos por la Presidenta para frenar linchamientos políticos entenderán que la era cambió y que, parafraseando al propio López Obrador, en Morena no hay lugar para “vulgares, ambiciosos del poder y del dinero”.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 10 DE REVISTA GUINDA

