El nivel de aceptación de la Presidenta está en los máximos históricos: más del 80 % de aprobación le dan un sello de autenticidad, garantía y respaldo; con ese poder social otorgado llega y llegará cada que sea necesario a la plaza pública
EDGAR FERNADO CRUZ
En la historia la plaza pública reseña el reflejo del sentimiento social y del momento político que vive un pueblo. Es el encuentro entre gobierno y sociedad, es el espacio de protesta y manifestación rebelde…
El 9 de marzo, un día después del ‘Día de la Mujer’, día que el Zócalo ha sido escenario de enfrenamientos violentos por las activistas feministas, la presidenta Claudia Sheinbaum citó al pueblo de México a una asamblea informativa.
Unos días antes, la débil oposición y los medios tradicionales con sus selectos analistas criticaban la calidad populista de la innecesaria convocatoria al Zócalo. Una asamblea no va a resolver, se necesita planeación e inteligencia, argumentó Ricardo Anaya; se necesita inteligencia, decía.
El uso de la plaza pública es para la 4T un recurso de cercanía y para mostrar musculo político. El nivel de aceptación de la Presidenta está en los máximos históricos: más del 80 % de aprobación le dan un sello de autenticidad, garantía y respaldo; con ese poder social otorgado llega y llegará cada que sea necesario a la plaza pública.
Los medios tradicionales no han entendido el fenómeno y continúan haciendo análisis inexactos, erróneos, tendenciosos, llenos de ira inexplicable.
El lunes Loret escribió: “Adán Augusto López, Andy López Beltrán, Ricardo Monreal y Manuel Velasco, en la primera fila del mitin en el Zócalo, le daban la espalda a la Presidenta cuando ella entró al acto y caminaba hacia el templete. No creo que haya sido deliberado. Pero sí creo que es una muestra más de que a este grupito, la doctora Sheinbaum no les impone”.
El análisis del discurso, el poder de convocatoria, la unidad y respaldo de los 32 gobernadores pasaron a segundo término. Los comentarios del lunes 10 se centraron en el incidente: “La forma es fondo”, habrán pensado. El acarreo y el discurso descafeinado, fueron los motivos de análisis y descalificación. La insistencia en lo negativo de los medios empresariales los hunde cada día más.
En las décadas 60 a 90 los periodistas reclamábamos libertad de opinión para mostrar sin apariencias la tendencia política, tanto del medio como del comunicador, con la clara intención de que el público identificara con facilidad las tendencias del medio y la pluralidad de cada uno.
Así, cada medio se obligaría a incluir en su información variedad de pensamiento, cosa que no sucedió. En general, los dueños de medios se fortalecieron y se descararon en la selección de sus cuadros de comunicadores, como dijo alguna vez Salinas Pliego: “0 con la línea editorial de la empresa, o calle”.
La libertad de opinión y tendencia no generó pluralidad, lo que derivó en pérdida de confianza.
En 2002, el 70% de los mexicanos confiaba en los noticieros de televisión; 64% en noticias vía radio, y 58% en los periódicos.
Pero en el 2017 luego de los sexenios de Fox, Calderón y Nieto, la caída fue brutal; las razones son claras: luego de la turbulencias políticas y el manejo tendencioso y manipulador de la gran mayoría de los medios, incluidos los públicos, acontecimientos como las ligas de René Bejarano y la cita con Brozo para descubrirlo al aire, el fraude del 2006, la guerra contra el narco, el montaje de un rescate televisivo, el incendio de la guardería ABC; Peña, el candidato diseñado por Televisa, los 43 de Ayotzinapa y el montaje de la niña Frida Sofia en el colegio Rébsamen colapsado en el terremoto del 17, reseñan la estrepitosa caída de credibilidad de la cual no han podido levantarse.
En el 2017, la casa encuestadora Parametria realizó un estudio de confianza en los medios –en los tres medios tradicionales– y sólo 19% de los entrevistados afirmó tener mucha o algo de confianza; 18%, que confía en los noticiarios de radio, y 17% en los de televisión. Ocho de cada diez mexicanos no confían en estas fuentes de información.
De este hoyo negro los medios no han podido salir. Si sumamos las encuestas falsas publicadas durante la elección del 2018, la ecuación se explica más fácil.
Entonces, llegaron con fuerza las redes sociales con youtubers, influencers o generadores de contenido que daban desde sus medios personales una versión de la vida política. Sector que el gobierno de AMLO fortaleció para acentuar el choque con los medios tradicionales y hacer llegar el mensaje a la población; él sabía que los medios tradicionales lo bloquearían con el afán de recuperar la Presidencia para el PAN o PRI, en el 24; entonces, distribuyó rápidamente el mensaje, desnudó y desprestigió a los medios y comunicadores tradicionales. Así, los medios digitales ya empoderados, siguen dando la batalla a los gigantes, llevándose una buena rebanada de público con excesos, sin ética y con pocas fuentes confirmadas.
Pero el gobierno sabe que necesita a los medios tradicionales; ésta es su oportunidad de volver al origen de la ética y la objetividad.
- Artículo publicado en el número 6 de la Revista Guinda.

