La presión no es solo una amenaza mediática. Fuentes cercanas al gabinete republicano, como el ex embajador Gerónimo Gutiérrez, aseguran que Trump posee información detallada sobre políticos de alto nivel con nexos criminales
JORGE CASTRO NORIEGA
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El festejo en el Zócalo en marzo pasado por la prórroga de los aranceles fue efímero. Mientras Claudia Sheinbaum celebraba con miles de simpatizantes, en Washington se afilaban de nuevo los cuchillos.
Donald Trump suspendió los impuestos a las exportaciones mexicanas hasta el 2 de abril, pero sus verdaderas exigencias son otras: quiere cabezas, y no de cualquier tipo. Quiere políticos mexicanos vinculados al narcotráfico, y el gobierno de Estados Unidos ya le hizo llegar el mensaje a Palacio Nacional.
La presión no es solo una amenaza mediática. Fuentes cercanas al gabinete republicano, como el ex embajador Gerónimo Gutiérrez, aseguran que Trump posee información detallada sobre políticos de alto nivel con nexos criminales, tanto del gobierno actual como de administraciones pasadas. En la lista de sospechosos figuran nombres inquietantes para Morena: los gobernadores Rubén Rocha Moya (Sinaloa) y Américo Villarreal (Tamaulipas), presuntamente ligados al Cártel de Sinaloa y a la red de huachicol que financió campañas estatales en 2021.
Más preocupante aún es que en las discusiones internas de la Casa Blanca han surgido los nombres de Adán Augusto López y Ricardo Monreal, coordinadores de Morena en el Senado y la Cámara de Diputados.
A López Hernández se le señala por designar en Tabasco a un secretario de Seguridad con presuntos vínculos criminales. Monreal, por su parte, arrastra un historial de supuestas conexiones con el narcotráfico en Zacatecas, además de su cercanía con Pedro Haces, quien tiene investigaciones abiertas en EU.
El gobierno de Sheinbaum enfrenta una disyuntiva ineludible: deslindarse de estos personajes y permitir su investigación, o desafiar a Washington y enfrentar las represalias. La estrategia de Trump no se basa en discursos: su administración ha dejado claro que, si México no colabora, hará públicas las evidencias que posee.
Pero la presión de Trump no se limita a la narco-política. El inquilino de la Casa Blanca también tiene la mira puesta en Quintana Roo, donde la expropiación de Vulcan Materials en Playa del Carmen es un tema candente en Washington. La compañía estadounidense, que abastecía de piedra caliza a Texas, Florida y las Carolinas, fue cerrada en 2022 y su propiedad convertida en Área Natural Protegida en 2024, por el aún presidente López Obrador. Ahora, 35 congresistas republicanos exigen que México “rinda cuentas” y devuelva la cantera a sus dueños originales.
El otro flanco abierto es el Tren Maya. Los legisladores del norte piden investigar un posible financiamiento chino en la obra, sugiriendo que Beijing pudo haber usado el megaproyecto para expandir su influencia en la región. Si Trump logra documentar la participación del Partido Comunista Chino en el financiamiento de la obra, México quedaría en una posición diplomática insostenible, con implicaciones que podrían ir más allá del comercio.
El escenario es complejo, pero claro: Sheinbaum debe decidir si rompe con el grupo político que la llevó al poder, o si se aferra a la narrativa del obradorismo, aun a riesgo de que Trump la asfixie política y económicamente.
Si elige el primer camino, tendría que abrir la puerta a la cooperación con EU en materia de seguridad, permitiendo que las investigaciones sobre narco-política avancen y, eventualmente, aceptando extradiciones de alto perfil. Esto le ayudaría a desmarcarse del legado de AMLO y construir su propia imagen, pero también desataría una guerra interna en Morena, donde muchos verían esto como una traición.
Si opta por proteger a los suyos, enfrentará un embate frontal de Trump, con consecuencias impredecibles. La presión de Washington podría traducirse en sanciones económicas, investigaciones internacionales o incluso en filtraciones de información que afecten la estabilidad de su gobierno.
Con el reloj en cuenta regresiva hacia este mes de abril, Sheinbaum está ante la decisión más importante de su sexenio: asumir el costo de una limpia interna o arriesgarse a ser arrastrada por el pasado.
- Artículo publicado en el número 6 de la Revista Guinda.

