por Jorge Castro Noriega
HUMOS DEL PODER
Sheinbaum cumple un año entre presiones de Washington, el desgaste del “Grupo Tabasco” y choques SHCP-FGR por el “huachicol fiscal”. Su reto: sostener el equilibrio y no perder credibilidad.
A un año de gobierno, Claudia Sheinbaum se mueve en un terreno minado. Por un lado, tiene que mantener la lealtad hacia el obradorismo duro, por el otro, cumplir con el compromiso adquirido ante los votantes que la llevaron a Palacio Nacional y con los acuerdos pactados con Washington. En medio de esa cuerda floja, el escándalo del “huachicol fiscal” exhibió a marinos, exaduaneros, empresarios y redes financieras, pero la presidenta lo ha dosificado como ficha en un tablero mayor.
Para la mandataria, es prioridad interna la estabilidad dentro de Morena rumbo al 2027, sabiendo que abrir demasiados frentes podría fracturar al partido. Por eso ha optado por blindar, al menos temporalmente, a personajes como Adán Augusto López, “Andy” López Beltrán y el exsecretario de Marina, Rafael Ojeda, quienes, aun con escándalos, son piezas útiles para la cohesión política.
En este contexto, Rafael Marín Mollinedo, actual titular de la Agencia Nacional de Aduanas, ha optado por el silencio. No ha salido a explicar el papel de las aduanas en un entramado que desangró al Estado, y ese mutismo lo coloca en una paradoja: ni aparece como responsable directo, ni como voz de depuración institucional.
Sus aspiraciones políticas en Quintana Roo, además, se sostienen en la plataforma del “Grupo Tabasco”, hoy disminuido y marcado por los escándalos de Adán Augusto y los hijos de López Obrador. Así, lo que antes parecía un trampolín con respaldo presidencial, ahora se debilita con el desgaste de esa estructura.
Marín sigue siendo un operador respetado en el sur, pero su camino hacia la gubernatura ya no depende solo de su historia personal, sino del derrumbe de un grupo que cada día pierde fuerza y credibilidad.
La otra cara es el desgaste evidente del “Grupo Tabasco”, encabezado por Andrés Manuel López Obrador y sus herederos políticos. Adán Augusto, señalado como operador de “La Barredora” en Tabasco, perdió fuerza nacional. “Andy” López Beltrán y sus hermanos, salpicados por negocios con instituciones federales (Pemex, CFE, IMSS, Salud y Tren Maya) han visto reducido su margen de influencia tras escándalos de contratos, viajes de lujo y prestanombres.
En ese vacío, Sheinbaum busca edificar su propia red de poder, apoyada en incondicionales como Omar García Harfuch y Alejandro Gertz Manero. El reto es mantener el equilibrio sin romper del todo con quienes aún representan una base del obradorismo.
SHCP VS. FGR: CHOQUE DE VERSIONES
El episodio más ilustrativo del dilema presidencial ocurrió en septiembre pasado cuando el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, desestimó pruebas contra Intercam, CI Banco y Vector Casa de Bolsa -ésta última propiedad de Alfonso Romo, ex jefe de la Oficina de la Presidencia con AMLO-, señaladas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de lavar dinero del “huachicol fiscal”. Y un día después, la Fiscalía General de la República desmintió esa versión y confirmó que Vector sí estaba bajo investigación por operaciones de más de 200 millones de pesos ligadas al tráfico ilegal de hidrocarburos.
La contradicción no fue menor. Romo, amigo personal de López Obrador y operador financiero de su sexenio, aparece ahora en la mira de la justicia. El caso traza una línea inevitable hacia el ex presidente y coloca a Sheinbaum en un dilema: ¿hasta dónde permitirá que llegue la FGR en un asunto que puede dinamitar los últimos puentes con el viejo obradorismo?
¿CUÁNTO DURARÁ EL EQUILIBRIO?
Claudia Sheinbaum navega entre dos mares: el de las lealtades políticas heredadas y el de los compromisos internacionales que le exigen resultados contra el crimen y la corrupción. En ese trayecto, Hacienda y la FGR exhiben contradicciones y los viejos aliados del “Grupo Tabasco” se diluyen en el descrédito.
La pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse este equilibrio. Porque mientras los marinos, aduaneros y empresarios ya han comenzado a caer, los verdaderos cabecillas de estas mafias aún no rinden cuentas y la credibilidad de la presidenta Sheinbaum dependerá de que esa justicia no se quede a medias.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 11 DE REVISTA GUINDA

