La historia de la corrosión del Poder Judicial es larga; ahora mismo los juzgados están llenos de componendas, tráfico y soborno en todas las materias… es obvio que urge un saneamiento en todos sus niveles
EDGAR FERNANDO CRUZ
México se pone a la vanguardia en las democracias planetarias, metiendo a voto directo al tercer poder, al Poder Judicial.
La transición a la democracia se ha llevado cuando menos 100 años. En el 2000 vimos una luz en el túnel con el triunfo de Fox, pero en el 2006 el sistema asestó un golpe regresivo para la democracia con un fraude aun no reconocido, pero si documentado.
Doce años de catástrofe política (2006-2018), desde la peor corrupción sistemática e institucional de altos funcionarios ligados al crimen y ejecuciones de Estado como el ‘caso Ayotzinapa’. ¿Cómo olvidar el infierno de la guardería ABC de Sonora y las resoluciones de los jueces más corruptos de la época moderna, supeditados al poder ejecutivo de Felipe Calderón? Cito este par de casos para no abrumarnos… Pero la historia de la corrosión del Poder Judicial es larga… Ahora mismo los juzgados están llenos de componendas, tráfico y soborno en todas las materias: feminicidios, violencia doméstica y vicaria, alienación parental, extorsión, invasión de predios, miles de familias propietarias lanzadas a las calles por bandas bien conformadas y con cobijo en los juzgados donde la justicia tarda en llegar o simplemente nunca llegará.
Los cientos de juicios hipotecarios falsos, coludidos con la banca, vendidos por despachos con notarios y jueces comprados, los diarios ‘Milenio’, ‘Excelsior’ y ‘Crónica’ han documentado el caso de Miguel Loizaga Piera, una firma inmobiliaria que vende predios ficción y juicios hipotecarios no liberados por Banamex, quien al menos ha defraudado una centena de inversionistas en actos millonarios que simplemente no encuentran solución en los juzgados…
Es obvio que urge un saneamiento al Poder Judicial en todos sus niveles… Así que la reforma propuesta por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo cause luego del triunfo de Morena en la elección de 2024 con mayoría calificada. Con toda la oposición en contra y con apoyo de la mayoría de las líneas editoriales de los medios de comunicación, los espacios de opinión se volcaron en contra de la reforma; una fracción de trabajadores del aparato jurídico protestaron con paro de labores por más de 70 días, colapsando una de las máximas jurídicas: “Justicia pronta y expedita”, y se amenazó con echar a atrás la reforma, un movimiento nacido y auspiciado en algunos escritorios de los ministros, la misma fracción que votó para echar abajo la reforma constitucional con argucias legales. Una verdadera paradoja… el poder garante de la Constitución ataca a la Constitución amenazando al sistema del gobierno saliente y entrante, de alguna manera derribando la Carta Máxima de la república en un golpe de Estado tácito, aplaudido por los medios concesionados. Que locura.
Lo más difícil viene el 1 de junio. Cientos de nombres se barajan para los diversos puestos en el Poder Judicial.
Un complejo sistema espera a profesionales de las leyes emanados del voto; el poder del ciudadano está incrédulo y extraviado. No hay guía, no hay ruta. Los aspirantes empiezan a perder credibilidad antes de llegar.
Votar por un nombre raya en lo cómico. La explicación didáctica de los consejeros del INE no la entienden ni ellos.
No cabe duda que ningún poder ha hecho lo suficiente mediáticamente.
Los presupuestos raquíticos hacen imposible que los candidatos hagan campaña, den a conocer su perfil y lancen un mensaje al electorado. Los medios de comunicación ante la ausencia de presupuestos para pautas comerciales también han cerrado sus puertas, argumentando que sería imposible la equidad.
Toda la lucha por llevar a las urnas a personas capaces y con reputación, no se comprueba, y cómo contar bien los votos con tan complicada ecuación.
La verdad es que los votantes no conocen a los candidatos, ni los conocerá.
¿Mejorará la impartición de justicia? Quizá, influyen en el resultado las fiscalías, otro sector altamente viciado desde el armado de la denuncia y pruebas, hasta el litigio. Un caso puede quedarse en la nada, flotando entre millones de hojas en espera de resoluciones.
Como en toda democracia, la participación critica de los medios de comunicación es necesaria para construir un mejor país, pero ni los medios públicos ni los privados abandonan su bandera. Ambos, sesgados y bulímicos, narcisistas de su propio discurso, mientras el público, el ciudadano navega teledirigido como en los viejos tiempos.

