EDITORIAL ENERO 2026
Después de la ruptura electoral de 2018, México ha transitado de un ciclo de demolición política a una etapa de consolidación institucional. Al cumplirse los primeros siete años de la denominada Cuarta Transformación —seis bajo el liderazgo fundacional de Andrés Manuel López Obrador y el primer año de gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo—, es posible realizar un balance que trascienda la coyuntura para observar las profundidades estructurales del cambio. No asistimos meramente a una alternancia administrativa, sino a la ratificación de un cambio de régimen que ha desplazado el eje gravitacional de la política: el Estado ha recuperado su rectoría económica y ha separado, con fricciones pero con eficacia, el poder político del poder económico.
El Humanismo Mexicano ha probado ser más que una retórica política. Su principio rector —“por el bien de todos, primero los pobres”— se tradujo en hechos verificables, como la reducción sustancial de la pobreza —del 45% al 29%— y en la inédita recuperación del salario mínimo, demostrando que la prosperidad compartida es un dinamizador del mercado interno y no una dádiva a fondo perdido. Si el primer sexenio funcionó como un ariete político necesario para romper la inercia del periodo neoliberal, la etapa actual, bajo la conducción de Claudia Sheinbaum, perfila una evolución donde la eficiencia administrativa busca emparejarse con la justicia social para construir el “segundo piso” de la transformación.
El inicio de este nuevo año y la aprobación del Presupuesto de Egresos 2026 confirman las prioridades de esta fase de consolidación. El “sello Sheinbaum” se manifiesta en una apuesta presupuestal histórica por la infraestructura ferroviaria y la expansión de la red de protección social, destacando el reconocimiento al trabajo de cuidados mediante las nuevas pensiones para mujeres.
La 4T heredó una serie de desafíos hercúleos: la pacificación del país; la universalización efectiva del sistema de salud a través del IMSS-Bienestar; y la sostenibilidad fiscal ante un déficit que exige una cirugía financiera de alta precisión para no comprometer la estabilidad macroeconómica.
La realidad nacional de 2026 nos presenta un escenario de continuidad con cambio. El “Plan México” y la reorientación del gasto hacia proyectos estratégicos y bienestar directo evidencian una hoja de ruta clara para aprovechar la relocalización de cadenas de suministro bajo una lógica de soberanía nacional. No obstante, la concentración de recursos y los ajustes a los órganos autónomos plantean debates necesarios sobre el equilibrio institucional que una democracia madura debe procesar. La transformación es innegable, pero su éxito a largo plazo dependerá de la capacidad del Estado para cerrar las brechas de seguridad y servicios públicos que aún laceran a diversas regiones del territorio.
Al iniciar un nuevo año de labor periodística, reiteramos nuestro compromiso de mirar al país de frente y con rigor crítico. Ante los retos que 2026 plantea, extendemos a nuestras lectoras y lectores un deseo de prosperidad y participación activa, con la convicción de que el análisis informado es, en sí mismo, una herramienta indispensable para la construcción de la ciudadanía y el futuro de la nación.
José Antenor Ancona Rodríguez
CEO & CHAIRMAN
REVISTA GUINDA
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 14 DE REVISTA GUINDA

