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EL AGRO Y LA LEJANA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA DE MÉXICO

Rubén Muñoz Por Rubén Muñoz
septiembre 29, 2026
in Impreso
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EL AGRO Y LA LEJANA AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA DE MÉXICO

En 2024 se registró una drástica disminución en la cosecha de maíz, arroz y frijol, lo que ha colocado al país en una situación cada vez más dependiente de las importaciones para satisfacer la demanda interna

 

México, un país con una rica tradición agrícola, enfrenta un desafío significativo en su búsqueda de la autosuficiencia alimentaria. En los últimos años, creció la preocupación al respecto. El tema atañe tanto a los organismos gubernamentales como a la sociedad civil. 

En 2024 se registró una drástica disminución en la cosecha de productos fundamentales como el maíz, el arroz y el frijol, lo que ha colocado al país en una situación cada vez más dependiente de las importaciones para satisfacer la demanda interna.

De acuerdo con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), el año pasado se cosecharon seis millones de toneladas menos de productos básicos que en 2023, con los mayores descensos en granos y oleaginosas, lo que afecta directamente la seguridad alimentaria. 

Aunque el país sigue teniendo una presencia relevante en la producción de algunos productos, como el aguacate y la cerveza, otros básicos, como el maíz, arroz y frijol siguen dependiendo de las importaciones, incluso a pesar de los altos precios internacionales.

Es necesario comprender el panorama actual de la producción agrícola en México y las causas de la creciente dependencia a importaciones internacionales para explorar alternativas que podrían contribuir a la mejora de la autosuficiencia alimentaria en el futuro, incluyendo el aprovechamiento de alimentos nacionales ricos en nutrientes y económicos, pero subutilizados, como el nopal.

 

Cae producción de granos y oleaginosas

Aunque desde tiempos prehispánicos ha sido la columna vertebral de la alimentación mexicana, la producción de maíz ha ido en franca decadencia en los últimos años. En 2024, la cosecha experimentó una caída del 23 por ciento en comparación con el año anterior. Según el SIAP, apenas alcanzó 24 millones de toneladas; mientras que en el 2023 se obtuvieron más de 30 millones.

Uno de los principales motivos detrás de este fenómeno es la falta de apoyo económico y técnico a los pequeños productores. De acuerdo con un informe de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), el 70 por ciento de los productores de maíz en México son pequeños agricultores que enfrentan serias dificultades para acceder a crédito e innovación tecnológica y luchan contra “el coyotaje”.

Este descenso no es aislado; también hubo una baja en la producción de otros granos básicos, como el arroz y el frijol. La producción de arroz bajó un cinco por ciento en los últimos tres años; mientras que el frijol, que también ha sido históricamente un cultivo esencial en la alimentación de millones de mexicanos, muestra una tendencia decreciente por igual.

Diversos factores contribuyen a esta situación: en primer lugar, se encuentra la falta de inversión en infraestructura agrícola moderna, lo que ha dejado a los productores mexicanos en desventaja frente a sus competidores internacionales. Además, la creciente desertificación y el cambio climático han afectado la disponibilidad de tierras cultivables. 

La agricultura en muchas regiones del país sigue siendo de subsistencia, con técnicas poco eficientes y una dependencia de los ciclos naturales que, poco a poco, dejaron de ser previsibles.

 

Modelo centrado en la agroindustria

A nivel macroeconómico, el modelo agrícola de México está cada vez más centrado en la agroindustria y en la exportación de ciertos productos, como frutas y hortalizas, en lugar de fomentar la producción de granos básicos para el consumo interno. Esto ha llevado a que, a pesar de la enorme cantidad de tierras destinadas a la agricultura, la producción de maíz no sea suficiente para cubrir las necesidades del país. A esto se suman los costos crecientes de insumos como fertilizantes y combustibles, que afectan de manera directa a los pequeños y medianos productores. 

La falta de políticas públicas que incentiven la producción nacional de maíz, así como la competencia desleal con el maíz transgénico importado de países como Estados Unidos, ha provocado que los productores mexicanos vean disminuida su rentabilidad, lo que, en consecuencia, lleva a muchos a abandonar sus tierras o restringir la extensión de tierras destinadas a la siembra o la diversidad de los cultivos.

Pese a todo, México sigue destacándose como un productor agrícola de renombre en otros rubros, especialmente en la producción hortofrutícola. En 2024, fue el principal productor mundial de aguacates, y otros cultivos como el tomate, la fresa, el limón y el pepino, que son bien recibidos en el mercado internacional.

Entre los retos actuales para la producción hortofrutícola se tiene que muchos de estos productos están destinados a la exportación, por la creciente demanda externa, los acuerdos comerciales y políticas que priorizan los mercados internacionales sobre la satisfacción de las necesidades alimenticias locales.  

Aunque dentro del país también son necesarios, su consumo para los mexicanos depende de importarlos, muchas veces a un precio excesivo para las familias. Esto representa una gran contradicción en el modelo agrícola mexicano: mientras se exportan grandes cantidades de productos frescos y procesados, se depende cada vez más de la compra de maíz, arroz y frijol.

 

De dónde importamos maíz, arroz y frijol

México ha mantenido una relación comercial estrecha con varios países, especialmente con Estados Unidos, en lo que respecta a la importación de productos agrícolas. El maíz, por ejemplo, ha sido uno de los productos más importados, a la par de los más cultivados, siendo Estados Unidos el principal proveedor. En 2024, las importaciones de maíz de EU representaron alrededor del 40 por ciento del total consumido en México.

El arroz, otro básico esencial en la dieta mexicana, también es importado en su mayoría. En 2024, más del 60 por ciento fue traído de países como Estados Unidos y Brasil. 

El frijol, otro básico sigue el mismo patrón, con grandes cantidades provenientes de Estados Unidos, Canadá y algunas naciones de Centroamérica.

La dependencia de las importaciones ha generado un déficit en la balanza comercial agrícola de México, lo que incrementa la vulnerabilidad del país frente a los precios internacionales. Además, esta situación ha llevado a que los precios de los alimentos básicos sean cada vez más volátiles, afectando principalmente a las familias de menores recursos.

 

CAMBIO CLIMÁTICO REDUCIRÁ 30% PRODUCCIÓN DEL AGRO

 

La agricultura mexicana, una de las actividades más relevantes de la economía nacional, enfrenta en la actualidad una serie de retos complejos que amenazan tanto su sostenibilidad como su capacidad para abastecer a la población. Si bien este sector ha sido crucial para el desarrollo económico, social y cultural del país, se enfrenta a desafíos estructurales y externos que requieren una atención urgente y un cambio de enfoque. 

El calentamiento global, la escasez de agua, la falta de infraestructura, las políticas públicas inadecuadas y la globalización son solo algunos de los factores que afectan la competitividad y viabilidad de la agricultura en México.

Uno de los principales desafíos que enfrentan los productores agrícolas en México es el llamado calentamiento global. El país ha experimentado un aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, como sequías prolongadas, inundaciones y tormentas tropicales. 

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), las sequías en algunas regiones del país han aumentado considerablemente en las últimas décadas, afectando de manera directa la productividad de cultivos esenciales como el maíz, el frijol y el nopal.

Las alteraciones en los patrones climáticos también han incrementado la vulnerabilidad de los sistemas agrícolas, que dependen en gran medida del ciclo natural de lluvias. 

En estados como Chihuahua, Sonora y Durango, que son fundamentales para la producción de alimentos como el trigo y el maíz, las sequías prolongadas han afectado la cosecha, reduciendo la oferta de productos y, en consecuencia, los ingresos de los agricultores. 

Este año, al menos 13 entidades de la república se encuentran en focos rojos, según datos del Monitor de Sequía de la Conagua. En su corte del 15 de marzo de 2025, reportó que más de 600 municipios del país tienen algún grado de falta de agua, principalmente en las regiones central y norte. Los más afectados, además de los mencionados anteriormente, son Baja California, Baja California Sur y Sinaloa.

El impacto del cambio climático no solo se limita a la producción agrícola, sino que también afecta a la seguridad alimentaria y los precios en los mercados, lo que pone en riesgo la economía de las familias mexicanas. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que el cambio climático puede reducir hasta en un 30 por ciento la producción de ciertos cultivos en las próximas décadas, especialmente en los países en desarrollo como México.

 

AGUA, UN RECURSO CADA VEZ MÁS LIMITADO

La falta de infraestructura y el bajo nivel de inversión en soluciones sostenibles continúan siendo un obstáculo significativo para mejorar la gestión del agua en la agricultura

 

México es un país que enfrenta una grave escasez de agua, y este problema se ha vuelto un desafío aún mayor para el sector agrícola. De acuerdo con la Conagua, el 76 por ciento del agua en México se destina al sector agrícola, y en muchas regiones del país, las fuentes de agua se están agotando a un ritmo alarmante.

El acuífero del Valle de México, que abastece a millones de personas y a una gran parte de la producción agrícola, es uno de los más sobreexplotados del mundo. En estados como Guanajuato, Sinaloa y Jalisco, la escasez del recurso ha afectado gravemente la producción de cultivos de alto valor, como el tomate, el pepino y los frutos rojos (berries). Las técnicas tradicionales de riego, como el riego por inundación, son ineficientes y contribuyen a la sobreexplotación de los recursos hídricos.

De acuerdo con el Banco Mundial, en el país la disponibilidad promedio anual per cápita pasó de 10 mil metros cúbicos (m3) en 1960 a cuatro mil en 2012. Aún peor, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), estimó en 2023 que para el año 2030, la disponibilidad de agua nacional descenderá debajo de los tres mil m3 por habitante al año.

Aunque se han implementado políticas y tecnologías de riego eficiente, como el riego por goteo y el uso de aguas residuales tratadas, la falta de infraestructura y el bajo nivel de inversión en soluciones sostenibles continúan siendo un obstáculo significativo para mejorar la gestión del agua en la agricultura.

Según el IMCO, para garantizar la demanda, se requiere actualizar los marcos legales y regulatorios y modernizar la infraestructura hidráulica, tomando en cuenta las características geofísicas de cada región, el aumento poblacional, el crecimiento de la mancha urbana, la variación en las precipitaciones y la evolución de las sequías.

 

Rezago en infraestructura

La infraestructura rural en México, en particular la relacionada con el almacenamiento, transporte y distribución de productos agrícolas, es uno de los factores que limita el desarrollo del sector. A pesar de que el país es un importante productor de alimentos, la infraestructura insuficiente impide que los productos lleguen de manera eficiente a los mercados nacionales e internacionales.

El transporte de productos agrícolas, especialmente aquellos perecederos, es costoso y muchas veces ineficiente. La falta de caminos rurales en buen estado y la escasa inversión en infraestructura de almacenamiento y distribución hace que los agricultores enfrenten pérdidas significativas, sobre todo cuando los productos no pueden llegar a tiempo al mercado.

Un informe del Banco Mundial apunta a que la falta de infraestructura adecuada contribuye a la pérdida de hasta un 30 por ciento de la producción agrícola en México, lo que implica un déficit millonario tanto para los productores como para la economía nacional. Este problema se ve reflejado también en las bajas tasas de competitividad del campo mexicano en los mercados internacionales.

Por otra parte, las políticas públicas en México relacionadas con el sector agrícola han sido objeto de críticas durante años, debido a su falta de continuidad, eficacia y apoyo a los pequeños y medianos productores. Las políticas en muchas ocasiones han favorecido a los grandes terratenientes y a las empresas agroindustriales, dejando a los agricultores de menor escala con pocas opciones para acceder a créditos, tecnología y asistencia técnica.

La falta de un sistema integral de apoyo a los productores también ha contribuido al éxodo rural, con millones de jóvenes abandonando el campo en busca de mejores oportunidades en las ciudades. De acuerdo con el Inegi, más de 2.5 millones de personas abandonaron las zonas rurales entre 2000 y 2020, lo que representa una pérdida significativa de capital humano en el campo.

Aunque el gobierno federal ha implementado programas para fomentar la competitividad agrícola y mejorar las condiciones de vida de los productores, como los apoyos directos y los subsidios al diésel agrícola, no han sido suficientes para resolver los problemas estructurales del sector. La falta de coordinación entre los diferentes niveles de gobierno, la ineficiencia en la distribución de recursos y la falta de incentivos para invertir en la modernización del campo han sido factores limitantes.

 

SOLO 10% DE PRODUCTORES MEXICANOS TIENEN ACCESO A TECNOLOGÍA AVANZADA

La globalización ha traído consigo tanto oportunidades como desafíos para la agricultura mexicana. Por un lado, México pudo acceder a mercados internacionales gracias a los acuerdos comerciales como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que permitió la exportación de productos como el aguacate, el tequila y los frutos rojos. Sin embargo, la competencia internacional, la fluctuación de los precios internacionales y la demanda de productos de alta calidad también han generado presiones sobre los productores nacionales.

Los mercados globales exigen una mayor calidad y cumplimiento de estándares, lo que ha obligado a los agricultores a adaptarse a nuevas normativas y a invertir en tecnologías más costosas. Esto ha sido un desafío para los pequeños productores que no cuentan con los recursos para implementar estos cambios. Según un informe de la Secretaría de la Sader, sólo el 10 por ciento de los productores mexicanos tienen acceso a tecnología avanzada, lo que los coloca en desventaja frente a sus iguales de otros países.

En conclusión, la agricultura mexicana enfrenta una serie de desafíos complejos y multifacéticos que requieren una acción urgente y coordinada entre el gobierno, los productores y la sociedad civil. 

El calentamiento global, la escasez de agua, la falta de infraestructura, las políticas públicas inadecuadas, el coyotaje, la falta de oportunidades y la globalización son solo algunos de los factores que afectan la sostenibilidad y competitividad del sector agrícola en México y, por ende, del resto de la población que depende del campo para alimentarse y vivir.

Es esencial que México invierta en soluciones innovadoras, desde tecnologías de riego eficiente hasta políticas públicas que fomenten el desarrollo rural y la modernización del campo. Una colaboración efectiva y un enfoque integral podrán garantizar la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la sustentabilidad ambiental de uno de los sectores más importantes del país.

El camino hacia la autosuficiencia alimentaria no será fácil, pero es posible si se adoptan políticas públicas que prioricen la producción y distribución internas, se fomente la innovación agrícola y se fortalezcan las capacidades de los pequeños productores. Sin una estrategia clara y efectiva, México continuará dependiendo de las importaciones de básicos, lo que pondrá en riesgo no solo su seguridad alimentaria, sino también su estabilidad económica a largo plazo.

 

SUBUTILIZACIÓN DE ALIMENTOS ALTAMENTE NUTRICIONALES

El nopal es un alimento emblemático de nuestra gastronomía, ha acompañado a los mexicanos durante siglos y podría volverse protagonista en la lucha por la seguridad alimentaria y la sustentabilidad económica del país

 

Una de las grandes paradojas de la situación alimentaria de México es la subutilización de alimentos que son endémicos y ricos en nutrientes, como el nopal. A pesar de que es un alimento altamente nutritivo, bajo en calorías, rico en fibra y vitaminas, su consumo no está suficientemente arraigado en muchas partes del país, y su producción sigue siendo marginal en comparación con otros cultivos.

Según el Banco Mundial, los riesgos asociados con las dietas deficitarias también son la principal causa de muerte en todo el mundo. El consumo insuficiente de comida, o su consumo inadecuado, puede conducir a enfermedades y crisis sanitarias. 

La inseguridad alimentaria puede empeorar la calidad de la dieta y aumentar el riesgo de diversas formas de malnutrición, lo que podría desencadenar desnutrición, sobrepeso u obesidad. 

En el país, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022 (Ensanut) evidenció que la desnutrición crónica, la deficiencia de hierro y el sobrepeso son problemas de salud pública para la infancia. Hasta un 12.8 por ciento de los niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica y 30.6 por ciento, deficiencia de hierro. Además, 37 por ciento de los escolares y 41 por ciento de los adolescentes tienen sobrepeso u obesidad.

El nopal es uno de los alimentos más emblemáticos de la gastronomía mexicana y podría volverse un protagonista de la lucha por la seguridad alimentaria y la sustentabilidad económica del país. Este vegetal, que ha acompañado a los mexicanos durante siglos, no solo forma parte de los platillos tradicionales, sino que también juega un papel fundamental en la economía rural y la salud pública. 

Además, se han comprobado sus beneficios nutricionales, lo que aunado a su precio lo vuelven asequible y benéfico para cientos de miles de familias. Esta planta, junto con otros alimentos tradicionales como el amaranto y la chía, podría jugar un papel clave en la mejora de la autosuficiencia alimentaria de México. 

 

México, primer productor mundial

México es el mayor productor mundial de nopal, con una cosecha que supera las 500 mil toneladas anuales, de acuerdo con datos del SIAP. Los estados con mayor producción son Zacatecas, Puebla, San Luis Potosí y Querétaro, que no solo abastecen el mercado nacional, sino que también exportan a Estados Unidos y Canadá, donde se ha incrementado la demanda debido a los beneficios en la salud y mayor apertura a la cocina mexicana.

El cultivo del nopal es resistente a las condiciones climáticas extremas y tiene un bajo impacto ambiental en comparación con otros cultivos, lo que lo convierte en una opción viable para diversificar la producción y reducir la dependencia de importaciones. Sin embargo, para que esto suceda, es necesario un cambio de enfoque en las políticas agrícolas y en los hábitos de consumo.

A pesar de ser un cultivo resistente, que se adapta fácilmente a las condiciones climáticas difíciles y suelos áridos, los productores enfrentan varios desafíos; los dos más importantes, principalmente para los agricultores a pequeña escala, son el cambio climático y la escasez de agua. 

Los medianos y pequeños productores dependen de la disponibilidad de recursos naturales, más que del riego mecanizado a gran escala.

El cambio climático y la escasez de agua son dos de los factores que más afectan a los pequeños y medianos productores, que en muchos casos dependen del riego y la. No obstante, el cultivo de nopal sigue siendo una de las opciones más accesibles y rentables para las familias campesinas, especialmente por su bajo costo de producción y su capacidad para generar empleos.

Al respecto, instituciones como la Universidad Autónoma del Estado de México impulsaron, en agosto del 2023, un proyecto de siembra de nopal en Zumpango. Además, el año pasado, el gobierno federal apuntaló la cooperación científica-técnica internacional con Argelia para el desarrollo del sector agropecuario, con el manejo de tecnología especializada para el uso eficiente del agua en zonas áridas.

 

Un ‘superalimento’ al alcance

El nopal es considerado un ‘superalimento’ debido a su excelente perfil nutricional. Aporta una cantidad significativa de fibra dietética, vitamina C, calcio, magnesio, potasio y antioxidantes, nutrientes esenciales para la salud humana. Según la Fundación Mexicana para la Salud, el consumo regular de nopal puede ayudar a prevenir enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión y problemas cardiovasculares, comunes en muchas regiones de México.

Uno de los beneficios más destacables del nopal es su capacidad para controlar los niveles de glucosa en la sangre, lo que lo convierte en un aliado para personas con diabetes tipo 2. Diversos estudios, incluidos los realizados por la Universidad Autónoma de Querétaro, han demostrado que los nopales contienen compuestos como la fibra soluble que ayudan a reducir la absorción de glucosa en el tracto digestivo. Esto, combinado con sus propiedades antioxidantes, convierte al nopal en un alimento clave en la dieta mexicana.

Además, es bajo en calorías, lo que lo convierte en una opción ideal para quienes buscan mantener un peso saludable. Su alto contenido en fibra también favorece la digestión, reduce el colesterol y contribuye al bienestar intestinal, factores que pueden prevenir enfermedades digestivas y metabólicas.

 

NOPAL ¿ES ACCESIBLE PARA LAS FAMILIAS MEXICANAS?

Una de las principales ventajas del nopal es su accesibilidad económica. De acuerdo con el Inegi, el precio promedio del nopal en los mercados mexicanos es de aproximadamente 10 a 15 pesos por kilogramo, un costo relativamente bajo en comparación con otros productos vegetales y proteínas animales. Esto lo convierte en un alimento accesible para las familias de bajos ingresos, especialmente en zonas rurales y suburbanas.

El costo económico del nopal también se refleja en su versatilidad culinaria. En un país donde la cocina varía enormemente de región en región, esta planta se utiliza en una amplia gama de platillos: desde los tradicionales tacos de nopal, hasta ensaladas, sopas y jugos, lo que facilita su integración en la dieta diaria. Su fácil preparación y sus beneficios nutricionales lo convierten en una opción atractiva para muchas familias mexicanas que buscan una alternativa económica y saludable para complementar sus alimentos.

La producción de nopal también genera empleo directo e indirecto en las comunidades rurales. Según la Sader más de 200 mil familias dependen de la producción de éste para su sustento, no solo en el campo, sino también en la comercialización y distribución. En muchas localidades, representa una fuente significativa de ingresos, ayudando a las familias a mejorar su calidad de vida y a mantener sus economías locales en funcionamiento.

 

Nopal, amenazado por cambio climático

A pesar de sus múltiples beneficios, el cultivo de nopal no está exento de desafíos. Su producción en algunas regiones también está amenazada por el cambio climático, la sequía y temperaturas extremas, lo que podría reducir la oferta y afectar los precios. Además, la falta de infraestructura para el procesamiento y conservación del nopal limita su valor agregado y su potencial de exportación.

No obstante, existen oportunidades para mejorar la cadena de valor del nopal. En los últimos años, se han desarrollado nuevas tecnologías para mejorar su conservación y aumentar su vida útil, lo que permitiría una mayor exportación y el aumento de ingresos para los productores. Además, iniciativas como el uso del nopal en productos procesados (como jugos, suplementos alimenticios y productos cosméticos) están contribuyendo a diversificar el mercado y a aumentar los ingresos de los campesinos.

El nopal es mucho más que un alimento tradicional de la dieta mexicana. Es un símbolo de la relación profunda que existe entre los mexicanos y su tierra, un recurso económico vital para muchas familias rurales y una fuente inagotable de nutrientes que promueve la salud de la población. 

Su bajo costo, combinado con sus múltiples beneficios nutricionales, lo convierte en una opción accesible y necesaria para millones de mexicanos que buscan mejorar su alimentación y bienestar., el nopal tiene el potencial de convertirse en una herramienta clave para la sustentabilidad alimentaria y económica de un país con altos índices de pobreza y enfermedades crónicas.

 

Tags: Aguaproducción agropecuariaproducción de granos básicosREVISTA GUINDAsoberanía alimentaria

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