La lucha contra el crimen sigue siendo un desafío complejo que requiere una respuesta multifacética. La cooperación internacional es fundamental, pero debe complementarse con políticas internas
RODRIGO DE LEÓN
En un contexto global cada vez más interconectado, el crimen organizado transnacional representa una amenaza que trasciende las fronteras nacionales. Frente a este desafío, resulta indispensable una cooperación internacional sólida y eficaz. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha reconocido esta necesidad, fortaleciendo la colaboración con diversos países y organismos internacionales para hacer frente a un fenómeno que afecta la seguridad y el bienestar de todos.
La relación con Estados Unidos ha sido uno de los pilares de este esfuerzo conjunto. A pesar de las tensiones ocasionadas por decisiones unilaterales, como la revocación de visas a funcionarios mexicanos sin previo aviso, se ha mantenido el compromiso con la cooperación bilateral. A través de este vínculo, se ha logrado un intercambio constante de inteligencia, capacitación a fuerzas de seguridad y acciones conjuntas en la lucha contra el narcotráfico, sin olvidar la necesidad de preservar la soberanía nacional.
Sin embargo, el enfoque del gobierno actual no se limita a la relación con el vecino del norte. También se ha buscado fortalecer los lazos con otros países de América Latina, como Colombia, Guatemala y El Salvador, donde los desafíos relacionados con las organizaciones criminales son comunes. Estas alianzas bilaterales han permitido una comunicación fluida, el intercambio de experiencias y la ejecución de operaciones conjuntas que impactan de forma directa en las estructuras del crimen organizado.
A nivel multilateral, México ha jugado un papel clave en foros internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde se ha impulsado la adopción de estrategias comunes para abordar las amenazas transnacionales. Estos espacios de diálogo han facilitado la coordinación de esfuerzos y el establecimiento de marcos legales y operativos que permiten la acción conjunta entre los países de la región.
La creación de acuerdos que armonicen las leyes de seguridad y justicia ha sido un paso crucial. Estos pactos no solo permiten el rastreo de flujos financieros ilícitos, sino también la captura de líderes criminales que operan más allá de las fronteras. La cooperación internacional en este sentido ha sido vital para enfrentar las redes del crimen organizado de manera integral.
A pesar de los avances, la lucha contra el crimen sigue siendo un desafío complejo que requiere una respuesta multifacética. La cooperación internacional es fundamental, pero debe complementarse con políticas internas que fortalezcan nuestras instituciones de justicia, promuevan la prevención del delito y mejoren las condiciones sociales que propician la existencia de estas organizaciones criminales.
En definitiva, el país ha logrado consolidarse como un actor clave en la lucha contra el crimen organizado transnacional a través de su enfoque de cooperación. Si bien los desafíos persisten, la colaboración internacional, junto con el fortalecimiento institucional interno, es la vía más efectiva para enfrentar esta amenaza de forma sostenida.

