• En Cambio Diario QRoo
  • En Cambio Diario Tabasco
  • 5ta Avenida
  • Energía y ecología
sábado, octubre 3, 2026
Hemeroteca
Revista Guinda
No Result
View All Result
  • Política
    • Política Alimentaria
    • Política Energética
    • Política Económica
    • Política Internacional
    • Política Nacional
    • Política Bienestar
    • Política de Seguridad
    • Política Turística
  • Poderes
    • Poder Ejecutivo
      • Giras
      • Mañaneras
    • Poder Legislativo
      • Diputados Federales
      • Senadores
    • Poder Judicial
  • Opinión
  • Ciudad de México
  • Partidos Políticos
  • Revista Digital
  • Política
    • Política Alimentaria
    • Política Energética
    • Política Económica
    • Política Internacional
    • Política Nacional
    • Política Bienestar
    • Política de Seguridad
    • Política Turística
  • Poderes
    • Poder Ejecutivo
      • Giras
      • Mañaneras
    • Poder Legislativo
      • Diputados Federales
      • Senadores
    • Poder Judicial
  • Opinión
  • Ciudad de México
  • Partidos Políticos
  • Revista Digital
Revista Guinda
No Result
View All Result
Home Impreso

La balanza entre dos continentes

Rubén Muñoz Por Rubén Muñoz
octubre 3, 2026
in Impreso
0
La balanza entre dos continentes

México no negocia desde la debilidad porque no tiene un único socio al que rendirle cuentas. Esa afirmación, que pudo sonar retórica hace apenas dos años, se convirtió en un hecho verificable las últimas semanas: mientras el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) entraba en un ciclo de revisiones anuales ante la negativa de Washington de extenderlo por 16 años, el Parlamento Europeo aprobaba con 479 votos el Acuerdo Global Modernizado (AGM) entre México y la Unión Europea. Dos noticias simultáneas. Dos mesas distintas. Un solo México que maniobra con más margen del que sus críticos le conceden.

La pregunta que estructura este análisis no es si México ganó o perdió en alguno de los dos frentes. Es una pregunta más profunda y más urgente: ¿cómo se articula esta dualidad comercial para transformar la incertidumbre en certidumbre para quienes invierten aquí, y de qué manera el acuerdo con Europa modifica el cálculo estratégico en la mesa de negociación con Washington?

 

El T-MEC bajo presión permanente: anatomía de un conflicto sin fecha de cierre

El 1 de julio de 2026, fecha que el sector empresarial mexicano había marcado en rojo desde meses atrás, llegó con una resolución agridulce. Estados Unidos declinó extender el T-MEC hasta 2042 y forzó la activación del artículo 34.7 del tratado, que prevé revisiones anuales hasta 2036. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, fue directo: “Estados Unidos no está en posición de extender por 16 años”. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, respondió con una frase que sintetizó la postura mexicana: “nos vamos a ir por el carril de la revisión anual”. El tratado no murió, pero tampoco recibió la renovación que habría dado certidumbre de largo plazo a una economía que la necesita con urgencia. 

Para entender el alcance real de este desenlace, hay que reconstruir el mapa arancelario que Trump instaló desde su regreso a la presidencia. El mecanismo más agresivo y más difícil de desactivar para México es la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que autoriza al presidente de Estados Unidos a imponer gravámenes a las importaciones cuando las considera una amenaza a la seguridad nacional. Bajo esa figura, Trump mantuvo aranceles del 50% al acero y al aluminio, que aplican independientemente del T-MEC y afectan de forma directa a la planta exportadora mexicana. Entre enero y octubre de 2025, las exportaciones mexicanas de acero hacia Estados Unidos cayeron 12% respecto al mismo periodo de 2024; en material de transporte, el retroceso fue del 7%.

A eso se suman los aranceles del 25% sobre vehículos que no cumplen con reglas de origen bajo el T-MEC, y un gravamen adicional del 25% a camiones medianos y pesados establecido en noviembre de 2025. El panorama es complejo porque coexisten al mismo tiempo el T-MEC —que protege a la mayoría del comercio bilateral— y los aranceles sectoriales que perforan esa protección en los rubros más sensibles para la economía mexicana.

Las exigencias de Washington: de 54 puntos a 14

Antes de que arrancara la revisión formal del tratado, el gobierno de Trump presentó una lista de exigencias que inicialmente sumaban 54 puntos. La labor negociadora de México —encabezada por Ebrard y su equipo técnico, con el respaldo directo de la presidenta Claudia Sheinbaum— logró reducir esa lista a 14 temas críticos que seguían sobre la mesa al comenzar julio de 2026. No es un triunfo menor: reducir a la cuarta parte un pliego de demandas en el contexto de la administración Trump representa una capacidad de interlocución técnica que no puede subestimarse.

Entre los 14 puntos pendientes, el más explosivo para la industria es la propuesta estadounidense de elevar el Valor de Contenido Regional (VCR) de los vehículos del 75% vigente al 85%, y establecer además que hasta el 50% de ese contenido sea específicamente estadounidense. Para fabricantes de vehículos y productores de autopartes, la medida implicaría rediseñar cadenas de suministro que tomaron décadas construir. “Quiere incrementar el valor de contenido regional de 75 a 85%, pero de ese 85%, el 50% tiene que estar hecho en Estados Unidos”, explica Alberto Bustamante, presidente de la Agencia Nacional de Proveedores del Sector Automotriz (Anapsa). México rechazó esa exigencia desde la primera ronda bilateral, celebrada el 28 y 29 de mayo en la Ciudad de México: la considera técnicamente insostenible y políticamente inaceptable porque vaciaría de contenido la ventaja competitiva que México construyó como hub manufacturero de América del Norte.

También permanecen en la lista la integración formal de los aranceles bajo la Sección 232 dentro del texto del T-MEC —es decir, que el tratado los incorpore o los neutralice—, las reglas de origen para manufactura avanzada y semiconductores, la participación de insumos chinos en cadenas de suministro norteamericanas, y los capítulos de energía e inversión en sectores estratégicos. Son, en su mayoría, temas donde la posición de Washington y la de México están estructuralmente alejadas y donde cualquier acuerdo requerirá concesiones significativas de ambos lados.

Ebrard: la negociación con cabeza fría

Marcelo Ebrard no llegó a la revisión del T-MEC improvisando. Cuando Trump anunció en febrero de 2025 un arancel general del 25% a los productos mexicanos, la respuesta del gobierno de Sheinbaum no fue la confrontación directa, sino una combinación de firmeza en el discurso y negociación intensa en los canales técnicos y diplomáticos. El propio T-MEC sobrevivió al anuncio de aranceles recíprocos de abril de 2025: Washington excluyó de esas tarifas a las mercancías amparadas por el tratado. Fue la primera victoria táctica de México: demostrar que el T-MEC funciona como escudo y que conviene mantenerlo operando.

A lo largo de 2025, Ebrard acumuló más de 85 conversaciones formales e informales con el equipo negociador de Estados Unidos, incluyendo encuentros frecuentes con Howard Lutnick, secretario de Comercio, y con el propio representante Greer. Para octubre de ese año, anunciaba un avance del 90% en las negociaciones sobre aranceles, con el 10% restante concentrado precisamente en el punto más difícil: el acero y el aluminio bajo la Sección 232. 

La estrategia descansaba sobre un argumento económico que Ebrard repitió con consistencia: si los aranceles suben, el costo no lo paga solo México. Lo pagan también las ciudades fronterizas de Texas, Michigan y California, que dependen de cadenas de suministro binacionales para sus propias industrias y empleos. 

Las tres rondas bilaterales: secuencia de una negociación en curso

El proceso de revisión formal del T-MEC se estructuró en tres rondas bilaterales entre México y Estados Unidos. La primera se celebró el 28 y 29 de mayo de 2026 en la Ciudad de México, con la participación del representante comercial adjunto estadounidense, Jeff Goettman, y el equipo de la Secretaría de Economía. La agenda cubrió reglas de origen, seguridad económica y las condiciones del sector automotriz. México presentó sus propuestas formales sobre la eliminación de los aranceles al acero, el aluminio y el sector de manufactura avanzada.

La segunda ronda se realizó del 15 al 17 de junio en Washington. Ahí se abordaron agricultura, condiciones equitativas de competencia y compatibilidad regulatoria. Uno de los resultados más concretos fue el acuerdo para crear un comité específico que revise la implementación del Capítulo 12 del T-MEC, relativo a los anexos sectoriales y la convergencia regulatoria. El propio Ebrard reconoció que la tercera ronda, programada para el 20 de julio en la Ciudad de México, pasaría de los intercambios generales a la discusión de textos con mayor detalle técnico: es decir, al trabajo fino de redactar acuerdos, no solo de exponerlos.

La tercera ronda del 20 de julio llega, por tanto, con una agenda cargada y un contexto más nítido: México presentará un plan para reducir la dependencia de insumos extrarregionales —sobre todo de origen chino— y abrirá mesas de trabajo específicas para detonar nuevas inversiones. Es la ronda más importante del proceso porque, por primera vez, las delegaciones llegarán con borradores de texto sobre la mesa y con la presión acumulada de tres meses de negociaciones que han acortado pero no cerrado la brecha entre las dos posiciones.

Las trabas de Trump: el proteccionismo como doctrina

El comportamiento arancelario de Donald Trump en su segundo mandato no puede leerse como una serie de decisiones tácticas desconectadas. Es la expresión coherente de una doctrina proteccionista que sitúa el déficit comercial de Estados Unidos como el indicador central de si un tratado es justo o injusto para Washington. 

La paradoja es que algunos de estos aranceles ya están produciendo efectos contraproducentes para la propia economía estadounidense. Los datos de la Tax Foundation muestran que los gravámenes IEEPA aplican a menos del 15% del comercio con México y Canadá, lo que significa que el T-MEC protege de facto a la gran mayoría del intercambio bilateral incluso en este entorno de tensión. Y los aranceles al acero del 50%, aplicados inicialmente con el argumento de proteger la industria siderúrgica estadounidense de la sobrecapacidad china, terminaron afectando a socios comerciales que son parte de la misma cadena de valor regional.

La decisión de no extender el T-MEC y forzar revisiones anuales tiene un objetivo político preciso: mantener la presión negociadora activa sobre México y Canadá durante toda la presidencia de Trump.  Para México, eso significa que la incertidumbre no tiene fecha de cierre. 

El IMEF advirtió en julio de 2026 que la economía mexicana se encuentra en un “punto muerto”: la confianza empresarial suma 16 meses consecutivos por debajo del umbral de optimismo. El sector manufacturero, que acumuló 21.2 billones de pesos al cierre del tercer trimestre de 2025, reporta una “pausa” en las decisiones de inversión por la falta de claridad sobre las reglas futuras del tratado. Y el sector automotriz, que en 2024 contribuyó con 4.7% del PIB nacional, enfrenta la peor paradoja: necesita certidumbre de largo plazo para planear inversiones en nuevas plantas y renovaciones de modelos, pero el esquema de revisiones anuales hace exactamente lo contrario. 

La revisión anual deja en pie problemas estructurales, el más grave, desde la perspectiva de la inversión, es la coexistencia del T-MEC con los aranceles de la Sección 232: mientras el tratado garantiza libre comercio en la mayoría de los productos, los gravámenes sectoriales al acero, al aluminio y al sector automotriz operan en paralelo como si el T-MEC no existiera para esos rubros. La Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA) lo documentó con claridad: hay una desventaja comparativa para México frente a Japón, Corea y Alemania, porque exportar desde esos países puede resultar más barato que hacerlo desde México cuando se activan los aranceles 232.

Tampoco está resuelta la pregunta de largo plazo más incómoda: ¿cuánto tiempo durará el ciclo de revisiones anuales? Juan Carlos Baker, director de Ansley Consultores Internacionales y exsubsecretario de Comercio Exterior, advirtió que si no se alcanza un acuerdo integral antes de 2036, el T-MEC dejaría de existir. Israel Morales, director de asuntos internacionales del Index, matiza ese horizonte: “A mí parece que esto no va a durar más allá del término del mandato del presidente Trump”. Pero esa expectativa es, precisamente, una apuesta política, no una garantía jurídica. 

El Acuerdo Global Modernizado: la palanca europea

El Acuerdo Global Modernizado no surgió de la coyuntura arancelaria con Trump. Sus raíces son anteriores: el Consejo Europeo autorizó en 2016 la apertura de negociaciones para modernizar el Acuerdo Global original, suscrito en el año 2000 y que fue el primer instrumento jurídico de ese tipo entre la Unión Europea y un país latinoamericano. Nueve años de trabajo técnico, tres administraciones mexicanas, múltiples rondas en Bruselas y en Ciudad de México, y dos crisis globales —la pandemia y la disrupción arancelaria de la era Trump— desembocaron en la conclusión formal de las negociaciones políticas el 17 de enero de 2025.

El AGM es, en esencia, un reemplazo integral del acuerdo de 2000 que moderniza los tres pilares de la relación bilateral: el diálogo político, la cooperación en áreas estratégicas, y la relación económica y comercial. Su arquitectura es doble: un Acuerdo de Asociación Estratégica en materia Política, Económica y de Cooperación —que es el instrumento marco completo, de “naturaleza mixta” porque requiere ratificación de todos los Estados miembros de la UE— y un Acuerdo Comercial Interino (ACI), que contiene los aspectos de liberalización comercial y puede entrar en vigor de forma independiente sin esperar la ratificación de los 27 países europeos.

Los números de la relación México-UE son sólidos antes incluso de que el AGM entre en vigor. En 2025, el comercio bilateral alcanzó más de 86,000 millones de euros, con exportaciones europeas a México por unos 53,000 millones y exportaciones mexicanas a Europa por casi 34,000 millones. El comercio bilateral ha crecido más del 75% en la última década: las exportaciones de México hacia Europa crecieron 66% y las importaciones mexicanas de Europa aumentaron 92% en ese periodo. La Unión Europea es el segundo mayor inversor en México, después de Estados Unidos, con un volumen de Inversión Extranjera Directa que alcanzó los 206,600 millones de euros en 2024.

El AGM profundiza esa relación con medidas concretas. En materia arancelaria, elimina los derechos de aduana sobre el 99% de los productos que México exporta a la UE y viceversa. Para el sector agroalimentario, suprime aranceles sobre queso, aves de corral, carne de cerdo, pasta, manzanas, chocolate y vino, entre otros, y amplía la protección de indicaciones geográficas europeas en México de los niveles actuales a 568 productos. Introduce capítulos específicos sobre comercio digital, contratación pública —donde las empresas de la UE podrán concursar en condiciones de igualdad con las empresas mexicanas—, materias primas críticas para la transición verde y digital, y un mecanismo moderno de solución de controversias.

Para México, el objetivo declarado de la Secretaría de Economía es incrementar en 50% las exportaciones hacia Europa para 2030: pasar de 23,800 millones de dólares en 2025 a 36,100 millones. La presidenta Claudia Sheinbaum sintetizó el espíritu del acuerdo el día de la firma, el 22 de mayo de 2026, con una frase que tiene resonancias más allá del protocolo diplomático: “La relación entre México y la Unión Europea es ejemplo de una forma de respeto a las soberanías y una integración con rostro humano”.

El papel de Ebrard: arquitecto del puente atlántico

Si en la negociación del T-MEC Ebrard ejerció el rol de contrapeso técnico-político frente a la presión de Washington, en el AGM fue el constructor del acuerdo desde sus cimientos. La conclusión de las negociaciones el 17 de enero de 2025 fue posible gracias al entendimiento directo entre Ebrard y el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič. Fue una negociación que cerró nueve años de trabajo técnico con un acuerdo político de alto nivel entre dos funcionarios con mandato claro de sus respectivos gobiernos para concluir.

El 22 de mayo de 2026, en la VIII Cumbre México-Unión Europea celebrada en Palacio Nacional, Ebrard firmó el Acuerdo Comercial Interino junto a Šefčovič, mientras Sheinbaum y Von der Leyen suscribían el AGM completo y el canciller Roberto Velasco y la Alta Representante Kaja Kallas firmaban la Carta de Intención para el Diálogo Político y Estratégico. Fue una ceremonia diplomática de primer orden que, significativamente, ocurrió cinco días antes de que arrancara la primera ronda bilateral formal de revisión del T-MEC. El simbolismo no fue accidental: México llegó a la mesa de negociación con Washington habiendo acabado de firmar el mayor acuerdo comercial de su historia con Europa.

El Parlamento Europeo aprueba el AGM y apuesta por el multilateralismo 

El 8 de julio de 2026, una semana después de que Estados Unidos rechazara la extensión del T-MEC, el Parlamento Europeo aprobó el AGM con 479 votos a favor, 119 en contra y 65 abstenciones. El 72.25% de los eurodiputados votó a favor, una mayoría calificada que, como señaló el embajador mexicano en Bélgica, Juan José Moctezuma, es “más amplia que la de otros acuerdos europeos recientes”. Los legisladores europeos explicitaron el mensaje político de su voto: el AGM es una apuesta por el multilateralismo frente al proteccionismo.

Para México, la simultaneidad de los dos eventos —la negativa de Trump a extender el T-MEC y la aprobación europea del AGM— no es una coincidencia afortunada sino la materialización de una estrategia de diversificación que llevó años construir. En palabras de Ebrard, quien ese mismo día publicó en redes sociales “Buenas noticias hoy”, los 479 votos europeos no son sólo un número parlamentario: son el argumento más sólido que México lleva a la tercera ronda del 20 de julio.

Cómo el AGM cambia el tablero con Washington

No se trata de que México deba o pueda desligarse de la economía estadounidense. Con más del 80% de sus exportaciones dirigidas a Estados Unidos y cadenas de valor profundamente integradas con la industria norteamericana, México no puede ni le conviene apostar por la ruptura. El argumento es más preciso: la existencia del AGM, con acceso preferencial garantizado a 450 millones de consumidores europeos, cambia la geometría de la negociación comercial porque amplía el universo de opciones que México puede ofrecer —y exigir— en la mesa con Washington.

Cuando Estados Unidos propone elevar el VCR automotriz al 85% con 50% de contenido estadounidense, México puede responder con algo más que un rechazo técnico. Puede señalar que un fabricante de componentes que pierda competitividad para exportar a Estados Unidos bajo esas reglas tiene ahora un mercado alternativo en Europa con arancel cero. No es una amenaza vacía: es una opción real que el AGM convierte en viable. Lo mismo aplica para el sector agroalimentario, para los servicios financieros, para el comercio digital y para las materias primas críticas que la UE necesita para su transición verde y que México puede proveer.

Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos de Banamex, advirtió que la incertidumbre del T-MEC “se puede seguir hasta por una década”. Si eso ocurre, la capacidad de México para mantener la atracción de inversión extranjera directa dependerá en buena medida de su capacidad para mostrar que tiene múltiples mercados de destino para esa inversión, no solo uno. El AGM hace exactamente eso: convierte a México en la única economía del mundo con acceso preferencial simultáneo a América del Norte y a la Unión Europea.

La certidumbre para inversionistas

 

Frente a la pregunta concreta que se hacen los inversionistas —¿en qué marco opera mi inversión mientras el T-MEC está en revisión?—, la respuesta tiene tres componentes. Primero: el T-MEC continúa vigente hasta 2036 y sus beneficios operan sin modificaciones hasta que se negocie y apruebe algún cambio formal. Las reglas de origen actuales, los mecanismos de solución de controversias y la libre circulación de la mayoría de los bienes siguen en pie. Segundo: el Acuerdo Comercial Interino con la UE está aprobado por el Parlamento Europeo y en proceso de entrada en vigor, lo que abre ya una ventana operativa de acceso al mercado europeo con condiciones preferenciales. Tercero: las mesas de trabajo que México propuso para la tercera ronda del 20 de julio tienen como objetivo específico generar señales concretas de inversión que compensen la incertidumbre generada por la revisión anual.

La certidumbre perfecta no existe en el entorno comercial global de 2026. Lo que sí existe es un marco de referencia robusto: México tiene dos grandes acuerdos comerciales activos, uno con el mayor mercado del mundo y otro con el segundo, un gobierno que ha demostrado capacidad negociadora técnica en ambos frentes simultáneamente, y una lógica geopolítica que hace difícil para cualquiera de los dos socios optar por la ruptura. “El empresario enfrenta demanda incierta y poca claridad para invertir”, describe con precisión el IMEF. Pero esa incertidumbre tiene techo: el T-MEC protege al grueso del intercambio y el AGM amplía el horizonte de mercados.

Los 14 puntos pendientes en la agenda estadounidense no se resolverán el 20 de julio. Nadie lo espera, y Ebrard tampoco lo prometió. Lo que sí se esperaba era reducir esa lista, establecer compromisos de calendario para los temas más técnicos, y generar señales que permitan a los mercados y a los inversionistas calibrar el ritmo y la dirección de la negociación. 

El AGM no resolverá por sí solo los problemas del T-MEC. Tampoco se lo pide nadie. Su función estratégica es otra: ampliar el margen de maniobra de México en una negociación donde, durante décadas, la asimetría de poder con Washington era tan pronunciada que limitaba severamente las opciones de respuesta.

Hoy, con 479 votos europeos en el bolsillo y el Acuerdo Comercial Interino en proceso de entrada en vigor, México no negocia con el mismo peso específico que tenía hace dos años. Esa diferencia, aunque difícil de cuantificar, es real. Y en diplomacia comercial, como en cualquier negociación de alta complejidad, el margen de maniobra no es un detalle: es la condición de posibilidad de cualquier acuerdo justo.

 

foro


Revista Guinda

© 2025 Grupo Gremol

Marcas Grupo Gremol

  • En Cambio Diario QRoo
  • En Cambio Diario Tabasco
  • 5ta Avenida
  • Energía y ecología

Siguenos en

Welcome Back!

Login to your account below

Forgotten Password?

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Log In

Add New Playlist

No Result
View All Result
  • Política
    • Política Alimentaria
    • Política Energética
    • Política Económica
    • Política Internacional
    • Política Nacional
    • Política Bienestar
    • Política de Seguridad
    • Política Turística
  • Poderes
    • Poder Ejecutivo
      • Giras
      • Mañaneras
    • Poder Legislativo
      • Diputados Federales
      • Senadores
    • Poder Judicial
  • Opinión
  • Ciudad de México
  • Partidos Políticos
  • Revista Digital

© 2025 Grupo Gremol