Morena pondera consolidación territorial rumbo a los comicios de 2027.
El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) abre una nueva etapa en su historia interna. Con la inauguración del registro de coordinadores estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional este lunes 22 de junio —el mismo día en que se publican estas líneas—, el partido gobernante activa el mecanismo más ambicioso de organización territorial que ha puesto en marcha desde la elección presidencial de 2024. Lo hace, además, recién renovada su dirigencia, dotado de nuevos candados estatutarios y empeñado en proyectar, hacia adentro y hacia afuera, una imagen de orden, transparencia y unidad que el proceso electoral de 2027 va a poner a prueba.
El partido de la transformación se reinventa desde sus estatutos
Los partidos políticos maduran cuando aprenden a regular sus propias tensiones internas. La historia del sistema político mexicano está plagada de organizaciones que vencieron en las urnas, pero fracasaron en la construcción de reglas duraderas para administrar sus disputas internas. Morena, el partido creado en 2014 sobre la base del movimiento liderado por Andrés Manuel López Obrador, es consciente de este riesgo y ha decidido, en el período que va de finales de 2024 al arranque del proceso preelectoral de 2027, reformar en profundidad sus estatutos para hacer frente a los desafíos que implica gobernar al país mientras se disputan, al mismo tiempo, 17 gubernaturas, cientos de presidencias municipales y la totalidad de los congresos locales de las entidades en juego.
El proceso no comenzó de la noche a la mañana. Fue la presidenta Claudia Sheinbaum quien, desde la tribuna de su gobierno, impulsó los cambios más significativos, en particular la prohibición del nepotismo electoral —que más tarde se traduciría en una modificación estatutaria de Morena— y la creación de mecanismos de verificación de integridad de candidatos que el Instituto Nacional Electoral debería aplicar. Ambas iniciativas, que en el ámbito constitucional encontraron resistencias dentro de los propios aliados del partido, terminaron siendo adoptadas unilateralmente por Morena en su normativa interna, en lo que la dirigencia del partido describió como un acto de congruencia política con el proyecto que la presidenta representa.
El resultado es un partido que ha refundado, en pocos meses, las reglas que rigen quién puede competir por una candidatura, cómo se seleccionan los aspirantes, qué órganos tienen la facultad de aprobar o descartar perfiles y cuáles son las prohibiciones que aplican a sus militantes en el período previo a una campaña. El conjunto de estas reformas no es menor: define, en buena medida, el terreno sobre el que se jugará la disputa interna de cara a 2027.
La reforma que Morena se impuso a sí misma
La historia de la prohibición del nepotismo en Morena es, al mismo tiempo, una historia de avance institucional y de fricción política. Todo comenzó con la propuesta de reforma constitucional que la presidenta Sheinbaum envió al Congreso a principios de 2025, diseñada para impedir que familiares de funcionarios en ejercicio —hasta en cuarto grado de parentesco— fueran postulados para suceder el cargo de quien gobierna. La iniciativa buscaba atajar de raíz prácticas que el propio movimiento de la Cuarta Transformación había criticado durante décadas en sus adversarios.
Sin embargo, el trámite legislativo reveló las fracturas internas de la coalición gobernante. El Partido Verde Ecologista de México, aliado indispensable de Morena en el Congreso y en los estados, frenó la aplicación inmediata de la norma: gracias a la propuesta del coordinador senatorial Adán Augusto López, avalada por 127 legisladores, la prohibición constitucional quedó diferida hasta los procesos electorales de 2030. El motivo era claro: el Verde tenía comprometida la postulación de Ruth González Silva, esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, para la gubernatura de esa entidad en 2027. Aplicar la norma de inmediato hubiera supuesto un conflicto directo con el aliado.
Morena reaccionó adoptando la prohibición por la vía estatutaria, sin esperar a la Constitución. El 26 de febrero de 2025, la entonces presidenta nacional del partido, Luisa María Alcalde Luján, anunció que el partido modificaría sus reglas internas para impedir candidaturas de familiares directos de gobernantes en funciones a partir de las elecciones de ese mismo año —comenzando por Durango y Veracruz— y de todas las contiendas de 2027. El Consejo Nacional del partido ratificó el mandato el 4 de mayo de 2025 en una sesión convocada expresamente para abordar el nepotismo y las conductas preelectorales.
La medida tiene efectos prácticos inmediatos sobre algunos de los perfiles más prominentes del partido. El senador Félix Salgado Macedonio, padre de la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, ha expresado en múltiples ocasiones su intención de suceder a su hija en el gobierno de esa entidad. La regla estatutaria lo impide. Lo mismo aplica para el senador Saúl Monreal, hermano del actual gobernador de Zacatecas, David Monreal, quien ha desafiado abiertamente la determinación de la dirigencia argumentando que la voluntad popular no puede estar por encima de un estatuto. La presidenta Sheinbaum fue tajante al respecto: los militantes que consideren afectada su aspiración tienen dos caminos: esperar seis años o buscar una candidatura por un partido diferente.
La nueva arquitectura del proceso de candidaturas
Al margen del debate sobre el nepotismo, Morena ha construido en los últimos meses una nueva arquitectura interna para la selección de candidatos que modifica de manera sustancial los equilibrios de poder dentro del partido. La clave está en la Comisión Nacional de Elecciones, cuya presidenta, Citlalli Hernández Mora, ha adquirido un papel determinante en el proceso de definición de perfiles para 2027.
El mecanismo aprobado por el Comité Ejecutivo Nacional contempla cuatro fases. En la primera, que arrancó este 22 de junio con el registro de aspirantes a coordinadores estatales, cualquier militante de Morena —o de los partidos aliados, PT y PVEM, bajo sus propias reglas internas— puede inscribirse para encabezar la Coordinación de Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en alguna de las 17 entidades donde habrá renovación de gobierno en 2027. El nombre del cargo no es una casualidad: al no llamarse ‘precandidato’, el partido sortea los límites legales que regulan las precampañas, cuya duración no puede exceder las dos terceras partes del tiempo previsto para las campañas formales.
La Comisión Nacional de Elecciones tiene, en esta fase, poderes amplísimos. Si más de seis personas se registran para una misma entidad —lo que ha ocurrido en prácticamente todos los estados, con más de 50 aspirantes en total—, la Comisión puede ordenar la realización de un primer sondeo de opinión para identificar a los perfiles con mayor reconocimiento. Hasta seis aspirantes por estado podrán llegar a la fase de encuesta definitiva. Y la Comisión tiene la facultad, expresamente reconocida en la convocatoria, de incluir perfiles adicionales en las encuestas o sondeos, ‘conforme a lo señalado en el Estatuto y en concordancia con los Criterios y Lineamientos aprobados por el Consejo Nacional’. Esta cláusula representa, en los hechos, una válvula de control que la dirigencia mantiene sobre el proceso.
Los cambios que Morena ha impulsado en el último año y medio responden a una lógica que va más allá de la mejora técnica de sus procedimientos internos. En cada modificación hay una lectura de la correlación de fuerzas dentro del partido, donde la dirigencia nacional advierte la necesidad de anticipar conflictos para evitar que exploten en el peor momento: la recta final del proceso electoral.
La prohibición del nepotismo es, en este sentido, la reforma más claramente política. Responde a una demanda de la Presidencia de la República que el Congreso no pudo satisfacer en términos constitucionales —por la resistencia de los aliados— y que Morena resolvió por la vía estatutaria. El mensaje es doble: hacia la ciudadanía, el partido se muestra capaz.
El calendario es ambicioso. Definidos los coordinadores estatales a finales de junio, el 3 de agosto se designarán los coordinadores distritales federales en los 300 distritos del país. El 21 de septiembre de 2026, los coordinadores municipales. Y el 8 de noviembre, los coordinadores de distritos locales para los congresos estatales. Se trata, en términos prácticos, de construir en menos de seis meses la estructura territorial completa que operará durante el proceso electoral federal y local de 2027.
Calendario de definición de coordinaciones — Morena 2026
▸ 22 al 27 de junio de 2026: Registro de aspirantes a coordinadores estatales (17 entidades).
▸ 3 de agosto de 2026: Definición de coordinadores distritales federales (300 distritos).
▸ 21 de septiembre de 2026: Coordinadores municipales.
▸ 8 de noviembre de 2026: Coordinadores de distritos locales para congresos estatales.
▸ Proceso de selección: sondeo previo → encuesta definitiva → designación.
El proceso incorpora también una dimensión de paridad que no es opcional: la convocatoria establece que se elegirán nueve mujeres y ocho hombres como coordinadores estatales, distribución que respeta el principio constitucional de paridad de género y sigue la lógica de los ‘bloques de competitividad’ que el INE utiliza para asignar candidaturas: las entidades con mayores posibilidades de ganar deben llevar candidatas mujeres con opciones reales de victoria.
El proceso de registro que arrancó el 22 de junio en el World Trade Center de la Ciudad de México tiene dimensiones que van más allá de lo meramente administrativo. Es el primer gran ejercicio de la nueva dirigencia encabezada por Ariadna Montiel Reyes, quien asumió la presidencia nacional de Morena el 3 de mayo de 2026 en el marco del VIII Congreso Nacional Extraordinario del partido, tras la salida de Luisa María Alcalde para incorporarse al gabinete de Sheinbaum como consejera jurídica de la presidencia.
La narrativa que acompaña el inicio del proceso preelectoral no es casual: en un contexto marcado por las presiones de Estados Unidos sobre México —que el presidente Alfonso Durazo, máxima autoridad del Consejo Nacional, describió como intentos de ‘potencias extranjeras de imponer su voluntad’—, Morena construye el proceso de selección de candidatos bajo el paraguas discursivo de la defensa de la soberanía nacional. El nombre de los coordinadores —’de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional’— no es meramente retórico.
Alianza que camina junta
Uno de los aspectos más reveladores del proceso que ya arrancó es la tensión entre la cohesión formal de la alianza oficialista —Morena, PT y PVEM— y las diferencias sustanciales que cada partido mantiene en sus estatutos y reglas internas. Los tres partidos han acordado desarrollar los registros de manera simultánea, en el mismo recinto —el World Trade Center de la Ciudad de México— y en las mismas fechas.
Diferencias clave entre los aliados de la coalición oficialista
- Morena: prohíbe estatutariamente el nepotismo electoral desde 2025. Aplica a 2027.
- PVEM: no tiene prohibición de nepotismo. Ruth González Silva (SLP) compite con respaldo del Verde.
- PT: mantiene sus propios procesos y reglas. Sin requisito de separación del cargo para registrarse.
- Las candidaturas conjuntas están pendientes de definición en todas las entidades.
- La Comisión Nacional de Elecciones de Morena revisará caso por caso los perfiles de coalición.
Existen también diferencias procedimentales relevantes. El PT no exige a sus aspirantes separarse del cargo para participar en el registro. Morena sí. Esto significa que en algunas entidades habrá aspirantes del Verde o del PT que compiten sin haber dejado sus puestos, mientras que los morenistas deben solicitarlo. La convivencia de reglas distintas en un mismo proceso crea asimetrías que la Comisión Nacional de Elecciones deberá administrar con cuidado para evitar conflictos que pongan en riesgo la cohesión de la coalición.
Un mapa de las 17 gubernaturas en juego
Con el arranque de los registros, el tablero político de las 17 gubernaturas disputadas en 2027 empieza a tomar forma. Los estados que estrenan proceso este 22 de junio —Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur y Campeche— son territorialmente distintos y plantean retos electorales muy diferentes. Baja California es un bastión histórico de Morena desde que el partido logró en 2019 su primera victoria estatal. Aguascalientes, en cambio, ha sido un estado competitivo donde el PAN mantuvo durante décadas una presencia dominante.
Las encuestas definitivas se realizan con hasta seis aspirantes por estado. La Comisión Nacional de Elecciones publicará la relación de solicitudes de registro aprobadas a más tardar el 31 de diciembre de 2026. Los coordinadores electos asumirán tareas organizativas territoriales en los meses siguientes, construyendo la estructura que operará las campañas formales cuando el proceso electoral inicia oficialmente.
La dimensión estratégica del proceso va más allá de definir candidatos. Los coordinadores estatales son, en la práctica, los futuros operadores de la maquinaria electoral del partido en sus entidades. Su selección a través de un proceso que incluye recorridos casa por casa, reuniones vecinales y organización de asambleas —actividades que la convocatoria contempla explícitamente como tareas de los coordinadores inscritos— sirve también para activar, desde ahora, la estructura territorial del movimiento. Morena no solo está eligiendo candidatos; está movilizando a su base.
Las reformas estatutarias de los últimos dieciocho meses apuntan, en conjunto, hacia un modelo de partido que combina dos lógicas: la democracia directa —a través de las encuestas abiertas como mecanismo de selección de candidatos— y el control institucional —a través de la Comisión Nacional de Elecciones, los requisitos de elegibilidad y las prohibiciones estatutarias—. Esta combinación es, en teoría, virtuosa: abre la competencia a una base amplia de aspirantes mientras establece filtros de calidad e integridad. En la práctica, su funcionamiento dependerá de la independencia real de los órganos de control y de la voluntad política de la dirigencia para aplicar las reglas de manera uniforme, incluso cuando los afectados sean figuras políticamente importantes.
El proceso que arrancó este mes, también es un termómetro de la salud del proyecto político que Claudia Sheinbaum encabeza. Una Cuarta Transformación que logra construir un partido fuerte, con reglas claras y procesos transparentes, tiene más posibilidades de continuar más allá de 2030. Una que sucumbe a las disputas internas, a los nepotismos encubiertos y a las candidaturas impuestas desde el poder, corre el riesgo de repetir el ciclo de agotamiento que terminó con el PRI y que debilitó al PAN.
Morena tiene hoy, con los cambios estatutarios recientes y el arranque del proceso de coordinadores, una oportunidad para demostrar que es posible gobernar y, al mismo tiempo, renovarse desde dentro. El resultado de ese esfuerzo se conocerá el día de la jornada electoral de 2027.

