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La cooperación entre ANAM, SSPC y Semar cierra vías al contrabando

Rubén Muñoz Por Rubén Muñoz
octubre 5, 2026
in Impreso
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La cooperación entre ANAM, SSPC y Semar cierra vías al contrabando

Aduanas se transforma: ya no es sólo recaudación, es inteligencia.  

En menos de una semana, la Agencia Nacional de Aduanas de México protagonizó dos operativos que, vistos por separado, parecen rutinarios: el decomiso de un millón 200 mil cigarrillos en el aeropuerto capitalino y la detención de un funcionario propio con presuntos vínculos criminales. Juntos, sin embargo, trazan una línea que la actual administración lleva meses dibujando: la aduana dejó de ser exclusivamente un mecanismo de cobro y fiscalización para convertirse en un punto de control de seguridad nacional, donde el contrabando y la corrupción interna se persiguen en simultáneo y con los mismos aliados.

Esa línea no es menor. Implica que instituciones que hasta hace poco operaban en carriles distintos —Aduanas, Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Secretaría de Marina, Fiscalía General de la República, Centro Nacional de Inteligencia— hoy comparten mesas de trabajo, información de inteligencia y órdenes de aprehensión. El resultado visible son estos dos casos. El resultado de fondo es una arquitectura de operación conjunta que el gobierno federal construyó sin que se note mucho desde afuera.


Primero, el cargamento de Taiwán

El 10 de junio pasado, personal de la ANAM y elementos de la Semar detuvieron en la aduana del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México un cargamento procedente de Taiwán. Eran 100 cajas, mil 976 kilogramos en total. Los documentos de transporte los describían como “mercancía diversa”.

 

La declaración genérica desató la revisión. Al abrir las cajas, los inspectores encontraron seis mil paquetes tipo flip top: 60 mil cajetillas, un millón 200 mil cigarrillos. Ninguno con la documentación fiscal que exige la ley mexicana. Ninguno con la marca registrada correcta verificada ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Las autoridades procedieron al aseguramiento y abrieron las verificaciones sobre propiedad intelectual.

 

El dato que más pesa está en el acumulado: desde septiembre de 2025, la aduana del AICM ha decomisado 156 mil 643 kilogramos de cigarros ilícitos. Son 156 toneladas de tabaco que no pagaron IEPS, no pasan por distribuidores autorizados y alimentan un mercado que en 2025 representó el 23.3 por ciento del consumo nacional, según un estudio de KPMG encargado por Philip Morris. La pérdida fiscal asociada a ese porcentaje fue de mil 314 millones de dólares ese año.

La cifra no es sólo un dato de industria. La Confederación de Cámaras Industriales calcula que la evasión por comercio ilícito de tabaco le cuesta al erario entre 13 mil y 15 mil millones de pesos anuales. Estimaciones del Colegio de México sitúan el mercado negro de productos de nicotina por encima de los 26 mil millones de pesos. El mismo Colmex ha documentado la conexión entre esas redes y el crimen organizado: las rutas del tabaco ilegal y las del narcotráfico se solapan. En algunos casos, son las mismas personas.

Después, el funcionario

Dos días más tarde, el 12 de junio, la ANAM y la SSPC publicaron un comunicado conjunto: un funcionario de la agencia había sido detenido por autoridades estadounidenses y entregado a México.

Carlos Eugenio Benítez Orta, 46 años, empleado de la ANAM, fue localizado en territorio de Estados Unidos con una orden de aprehensión mexicana vigente por delitos vinculados con delincuencia organizada. Su entrega ocurrió en el Puente Internacional Matamoros-Brownsville, conocido como Puerta México. Ahí lo recibieron agentes de la SSPC, elementos de la Agencia de Investigación Criminal de la FGR y personal de la propia ANAM.

Lo trasladaron directamente al Centro Federal de Readaptación Social No. 1, El Altiplano. La operación había involucrado, además, al Centro Nacional de Inteligencia.

Las autoridades no revelaron en qué aduana estaba adscrito Benítez Orta, ni el cargo exacto que ocupaba, ni los detalles de la investigación que derivó en su captura. Lo que sí dejaron en claro fue la cadena institucional que lo bajó: ANAM más SSPC más FGR más CNI más cooperación binacional. Cuatro instancias mexicanas y una contraparte estadounidense para detener a un solo empleado. Eso habla de cuánto tiempo llevaba la investigación abierta y de cuántas instituciones necesitaron coordinarse para no alertar al objetivo.

La detención llega en un momento específico: Washington ha empujado con fuerza durante el último año para que México demuestre voluntad real de combate al crimen organizado. Las entregas y extradiciones aumentaron. Y ahora la señal va hacia adentro de la propia institución aduanera: el mensaje es que nadie que esté capturado desde adentro queda fuera del alcance, aunque haya cruzado la frontera.

El modelo de operación en construcción

Los dos casos tienen una estructura común. En ambos aparece la ANAM como eje, pero actuando con socios de seguridad, no sola. En el decomiso del AICM, la Semar estuvo presente en la revisión física. En la detención de Benítez Orta, la SSPC, la FGR y el CNI ejecutaron la orden. No hay, en ninguno de los dos, una institución que lo hizo todo por su cuenta.

Eso no es casual. Es, según la lógica que el gobierno ha comunicado en distintos momentos, el método que busca construir. La ANAM no tiene las facultades de investigación criminal que tiene la FGR, ni las capacidades de inteligencia operativa del CNI, ni el despliegue territorial de la Semar. Pero sí controla los puntos de entrada: puertos, aeropuertos, cruces fronterizos. Lo que pasa por esos puntos, lo detecta ella primero.

El encaje funciona así: ANAM detecta anomalías —una declaración genérica, un cargamento que no cuadra, un funcionario con comportamientos sospechosos—. La información sube hacia las instancias de inteligencia y seguridad. Las diligencias de investigación corren por cuenta de la FGR. La ejecución, según el caso, la hacen la SSPC, la Semar, la Guardia Nacional o una combinación. Y cuando el objetivo está fuera del país, entra la cooperación bilateral.

El resultado, en papel, es una red de contención que cierra dos frentes al mismo tiempo: el de las mercancías que entran sin pagar y sin permiso, y el de las personas dentro de la propia institución que facilitan esa entrada.


El AICM como laboratorio

El aeropuerto capitalino no es el único punto por donde entra el contrabando de tabaco a México. Tijuana, Nuevo Laredo y Manzanillo son otros nodos documentados. Pero el AICM concentra volúmenes y tiene una centralidad logística que lo hace visible.

 

Desde septiembre de 2025, la aduana del AICM acumuló 156 toneladas de cigarros ilícitos decomisados. El cargamento de Taiwán del 10 de junio fue uno más de esa serie. La constancia del número sugiere que no se trata de operativos esporádicos, sino de una revisión sistemática que encontró flujos regulares.

 

El mecanismo que detectó el cargamento taiwanés —declaración genérica, revisión documental, inspección física, verificación de propiedad intelectual— es el mismo que, aplicado de manera rutinaria, genera esos 156 mil kilos en nueve meses. No es tecnología sofisticada. Es protocolo aplicado con disciplina y con presencia de Semar para dar el peso institucional que una revisión aduanera ordinaria no tiene por sí sola.

Los operativos en el AICM también sirven como demostración. Si el aeropuerto más expuesto al escrutinio público y mediático del país puede sostener ese ritmo de aseguramientos, el argumento implícito es que el mismo modelo puede replicarse en otros puntos de entrada. Eso es parte de lo que se está construyendo.

La depuración como parte del cerco

El caso Benítez Orta no es el primero de un funcionario aduanero vinculado a redes criminales, ni será el último. La captura histórica de estructuras criminales dentro de instituciones de comercio exterior en México tiene precedentes que van desde el SAT hasta los propios agentes aduanales. La novedad, si hay alguna, es la forma en que se tramitó este caso: con coordinación explícita entre ANAM, SSPC y FGR, con participación del CNI y con cooperación de Estados Unidos.

La señal pública de esa coordinación —el comunicado conjunto de ANAM y SSPC— tiene un doble destinatario. Hacia afuera, dice que México está dispuesto a perseguir funcionarios corruptos con la misma maquinaria que usa para perseguir criminales venidos del exterior. Hacia adentro, dice que el margen de impunidad para quien esté dentro de la institución y trabaje para redes criminales se está cerrando.

Que Benítez Orta haya cruzado a Estados Unidos —con o sin intención de huir— y que de todas formas lo hayan regresado, es parte del mensaje. La coordinación binacional que antes servía principalmente para extraditar jefes de cártel ahora también alcanza a empleados de nivel medio de una agencia aduanera.

El alcance real de esa investigación —cuántos más están siendo observados, qué tan extendida es la red que rodeaba a Benítez Orta, en qué aduana o proceso específico estaba involucrado— está bajo reserva. Las autoridades no han dicho más de lo que está en el comunicado oficial.

Dos operativos, un argumento

Lo que conecta el decomiso de Taiwán y la detención de Benítez Orta no es la coincidencia en el calendario. Es la misma arquitectura de respuesta: ANAM como eje, socios de seguridad como brazos, coordinación interinstitucional como método.

La pregunta que esa arquitectura no ha respondido aún es si puede sostenerse. Las redes de contrabando se adaptan. Los funcionarios capturados se reemplazan. Las declaraciones genéricas en los manifiestos de carga se vuelven más sofisticadas. 156 toneladas de tabaco decomisado en el AICM en nueve meses es un número que parece grande hasta que se pone junto al millón y medio de toneladas de carga aérea que pasan por ese mismo aeropuerto cada año.

El gobierno tiene un argumento operativo. Todavía no tiene un argumento de escala.

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