El domingo 3 de mayo de 2026, el World Trade Center de la Ciudad de México fue el escenario de una reconfiguración política calculada al milímetro. El VIII Congreso Nacional Extraordinario de Morena eligió por unanimidad a Ariadna Montiel Reyes como la nueva presidenta nacional del Comité Ejecutivo Nacional del partido, en un proceso que analistas coinciden en calificar como rápido, ordenado y libre de sorpresas.
La sesión estuvo encabezada por Alfonso Durazo Montaño, gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena, quien tomó protesta a Montiel en un acto que, lejos de ser un mero trámite protocolar, funcionó como el punto de partida oficial de la estrategia morenista hacia las elecciones intermedias de 2027, en las que se disputarán 17 gubernaturas, la renovación completa de la Cámara de Diputados, congresos locales y miles de ayuntamientos.
La llegada de Montiel se produce tras la salida de Luisa María Alcalde Luján, quien deja la presidencia del partido para incorporarse al gobierno federal como titular de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, a invitación expresa de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El primer mensaje: cero corrupción, unidad sin negociación
Ariadna Montiel subió al podio sin rodeos y con un discurso que estableció, desde el primer minuto, las reglas de su gestión. Su primer mensaje como presidenta nacional no fue de celebración: fue de advertencia hacia adentro y defensa al exterior.
“Hoy hay una ofensiva permanente contra nuestro movimiento. Desde este Congreso hago un llamado al pueblo de México para mantenernos firmes y unidos en torno a este proyecto de nación”, declaró ante los congresistas. Montiel identificó con precisión al adversario: la oposición que, según dijo, ha optado por la desinformación y la promoción de la intervención extranjera como estrategia política.
Respondió con una definición de identidad: “México es un faro en el mundo porque defendemos la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos”.
Pero el mensaje más contundente fue el dirigido hacia el interior del propio movimiento. La nueva presidenta advirtió que la tolerancia cero a la corrupción no es un eslogan sino una condición de acceso a las candidaturas: “El Movimiento de Regeneración Nacional llegó para estar al servicio del pueblo. Por eso nos corresponde garantizar que los representantes de nuestro movimiento sean mujeres y hombres con principios y valores, honestos y con un compromiso real con el pueblo.”
Y remató con una frase que ya circula como línea editorial interna del partido: “Para quienes aspiren a ser coordinadores de la defensa de la transformación y quieran ser candidatos en 2027, deben tener una trayectoria impecable. Y desde ya, si tenemos certeza de que alguien cometió un acto de corrupción, así haya salido favorecido en las encuestas, no será candidato de Morena”.
El cierre de su intervención recuperó la narrativa fundacional del movimiento: “Somos leales a nuestros principios de no mentir, no robar y nunca traicionar al pueblo de México. Nacimos en la resistencia y en la resistencia seguimos.” Y remató con la que será, presumiblemente, su divisa durante los meses por venir: “Porque luchamos juntos, jamás nos van a dividir”.
Durazo: “Tiempos complejos, voces que siembran dudas”
Alfonso Durazo no se limitó al papel de notario del proceso. Su discurso en el Congreso fue una lectura de la coyuntura interna y externa del partido con un tono que oscila entre la advertencia y la convocatoria. El gobernador de Sonora reconoció a los mil 828 congresistas como “la columna vertebral de Morena” y les encomendó el peso de lo que viene: “Vivimos tiempos complejos. Nuestro país enfrenta fuertes presiones externas. Hay, fíjense ustedes qué grave, también voces internas que buscan sembrar dudas sobre el rumbo de nuestro proyecto. Vivimos campañas de desprestigio y apuestas externas e internas por nuestro desgaste. Y frente a ello, hay que cuidar a Morena”.
El presidente del Consejo Nacional llamó a privilegiar el interés colectivo sobre las aspiraciones personales, especialmente ante el calendario electoral. Para Durazo, 2027 no es solo una elección intermedia: es la prueba de fuego de la segunda mitad del gobierno de Sheinbaum. “El proceso electoral de 2027 será determinante no sólo en términos electorales, sino para la gobernabilidad y la continuidad del proyecto político de la presidenta”, sostuvo. Al concluir, destacó que el partido supera hoy los 12 millones de afiliados, lo que posiciona a Morena como uno de los partidos más grandes de América Latina.
Alcalde cambia de trinchera; Del Cueto toma las finanzas
El relevo en la presidencia del partido fue, en realidad, el movimiento más visible de un reacomodo más amplio del tablero político. Luisa María Alcalde cerró su ciclo en Morena con números en la mano: durante su gestión, el partido pasó de 2.5 a 12.5 millones de militantes y se convirtió, según su propio balance, en “el segundo partido más grande del mundo y el número uno en participación de mujeres”. Alcalde salió con una frase que condensa la filosofía del movimiento: “Hoy cambio de trinchera, pero nunca de causas. Me voy feliz, orgullosa y satisfecha de lo logrado, pero sobre todo agradecida con la militancia, con quienes dan vida y rostro a Morena”.
Su destino es la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, cargo al que fue invitada por la presidenta Sheinbaum, quien la calificó como “una gran abogada”. La propia Alcalde respondió al anuncio con una sentencia que resume su postura: “No estamos por los cargos, sino por los encargos”.
El segundo movimiento del día fue menos visible pero igualmente estratégico: Óscar del Cueto García, extitular de la Unidad de Vinculación Interinstitucional de Bienestar y operador de máxima confianza de Ariadna Montiel, asumió la Secretaría de Finanzas de Morena. Del Cueto llega a administrar los recursos económicos del partido en el período previo a las campañas, un cargo de primer orden en cualquier proceso electoral de esta magnitud.
PVEM y PT: bienvenida sin reservas
Las reacciones de los partidos aliados llegaron rápido y con un tono que, en contraste con la cautela que ha marcado algunas etapas de la coalición, fue de respaldo abierto y sin ambigüedades.
Karen Castrejón Trujillo, presidenta nacional del Partido Verde Ecologista de México, felicitó a Montiel con una frase que apunta directamente al objetivo compartido: “Que tu liderazgo fortalezca la unidad y continúe construyendo un proyecto cada vez más sólido en beneficio de todas y todos los mexicanos”.
Desde el Partido del Trabajo, Alberto Anaya Gutiérrez difundió un comunicado oficial en el que reafirma el compromiso de su organización con la coalición: “Reafirmamos nuestro compromiso con los principios y valores que nos unen. Estamos convencidos de que con su liderazgo, juntos PT-Morena en unidad, seguiremos avanzando en la profundización y consolidación de la Cuarta Transformación.” El dirigente petista resumió la postura de su partido en una sola línea: “La unión fortalece nuestros ideales y nos impulsa a construir un mejor país”.
Cabe destacar que ambos partidos también respaldaron con entusiasmo la llegada de Citlali Hernández a la presidencia de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena. El PT fue especialmente explícito: “Reconocemos en ella a una política con probada capacidad operativa y convicción democrática, cuyo liderazgo fortalecerá los puentes de comunicación entre nuestras fuerzas políticas”.
La frase de Hernández al asumir su nuevo encargo —”Morena, PT y PVEM seguiremos haciendo historia”— fue recibida por las dirigencias aliadas como el anticipo de una negociación de alianzas que, esta vez, busca empezar antes y con reglas más claras. A decir de los propios aliados, la recalibración de Morena será positiva para limar asperezas y fortalecer la alianza entre los partidos que conquistaron las urnas desde el triunfo de la Cuarta Transformación.
El reto: de la promesa al filtro
Morena llega al proceso 2027 con un partido numeroso, una coalición consolidada y una narrativa anticorrupción que tendrá que convertirse en hechos concretos durante la selección de candidatos. La promesa de Montiel —trayectorias impecables como condición sine qua non para cualquier aspirante— es políticamente potente, pero abre una pregunta de fondo: ¿qué tan dispuesto estará el partido a resistir la presión de candidatos populares con expedientes cuestionados?
La presión electoral tiene aristas de política nacional, pero también internacionales. Los señalamientos de Estados Unidos contra el gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Mocha -así como a otros funcionarios de su gobierno-, configuran un nuevo reto que asumirá la nueva dirigencia, y deberá enfrentar en sus dos aspectos: de cara a la ciudadanía de México a quien Morena responde; y relacionada con la anterior, asegurando la confianza de los mexicanos para integrarlos en un mismo discurso de identificación, hacer frente a cualquier intento de injerencia extranjera.
La dificultad será asegurar la confianza de la ciudadanía, comunicar y actuar conforme a los principios del movimiento para que el escándalo político no genere consecuencias electorales, a la par que aseguran la continuidad del movimiento de Transformación que deberá hacer frente a la presión exterior.
El tablero del 2027 incluye territorios donde Morena compite desde la comodidad y otros donde necesita toda la potencia de la alianza con el PVEM y el PT. Citlali Hernández tiene la encomienda de administrar esa tensión. La nueva dirigencia de Ariadna Montiel tiene la de garantizar que el partido llegue unido, limpio —o al menos con esa imagen— y con la fuerza territorial que le dieron cinco años al frente de los programas sociales. El relevo está hecho. La prueba, apenas comienza.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 18 DE REVISTA GUINDA

