Por qué hay tropas europeas en Groenlandia
Para entender por qué hay tropas europeas en Groenlandia hay que mirar primero el mapa. La isla forma parte del Reino de Dinamarca, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y por tanto se considera territorio amparado por la cláusula de defensa colectiva de la alianza. Cuando varios países europeos enviaron soldados en las últimas semanas, lo hicieron bajo un mensaje directo: defender la soberanía danesa y mostrar presencia aliada en un punto donde se juega la seguridad del Atlántico Norte.
Ese despliegue, compuesto por contingentes pequeños procedentes de Francia, Alemania, países nórdicos y otros socios, no busca una demostración masiva de músculo. Apunta a dejar huella sobre el terreno, a que los uniformes europeos se vean en la isla y a que nadie pueda decir que Groenlandia quedó sola en medio de una disputa que se puede salir de control.
Donald Trump y la presión sobre la isla
La pregunta sobre por qué hay tropas europeas en Groenlandia se cruza de frente con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y con su vieja obsesión: controlar la isla. El presidente estadounidense reactivó amenazas de avanzar hacia algún tipo de anexión o dominio directo, una idea que en Copenhague se percibe como un golpe a la soberanía y, al mismo tiempo, como una grieta peligrosa dentro de la propia alianza occidental.
Para varios gobiernos europeos, la presencia militar aliada en la isla funciona como freno político ante Washington. No se trata sólo de enviar un mensaje a Moscú o a Pekín, sino también de recordarle a Estados Unidos que el territorio pertenece a Dinamarca y que cualquier intento de “compra” o control forzado chocaría con el compromiso de defensa mutua que sostienen desde hace décadas.
El peso estratégico del Ártico
Groenlandia carga con una herencia de la Guerra Fría que todavía pesa. Allí se encuentra la base estadounidense Pituffik (antes Thule), un punto clave de radares de alerta temprana y vigilancia espacial que conecta el escudo defensivo de Norteamérica con las rutas polares por donde circularían misiles o aeronaves en caso de conflicto mayor.
El deshielo en el Ártico, además, abrió rutas marítimas más cortas entre Asia y Europa y abrió la puerta a recursos energéticos y minerales que todavía no se explotan del todo. Rusia y China ya mueven ficha en la región, y Europa intenta evitar que ese tablero se cierre sólo entre grandes potencias ajenas al continente.
Un despliegue pequeño con mensaje incómodo
Los soldados europeos desplegados en la isla suman pocas decenas, con tareas de reconocimiento, logística, comunicaciones y entrenamiento en condiciones extremas. La cifra no impresiona, pero la imagen sí: patrullas mixtas sobre el hielo, banderas de varios países ondeando en instalaciones danesas y ejercicios conjuntos en un territorio que muchos en Washington veían casi como espacio propio.
Detrás de esa estampa hay otro objetivo: reforzar la disuasión frente a Rusia y China, asegurar rutas marítimas, cuidar infraestructuras críticas y evitar que los vacíos de poder en el Ártico se llenen sin Europa en la foto.
Una isla, demasiadas preguntas abiertas
En el fondo, Groenlandia se convirtió en un examen incómodo para la OTAN: demostrar si la alianza puede resistir tensiones internas al mismo tiempo que contiene a rivales externos. Entre la presión de Donald Trump, las ambiciones de otras potencias y el deseo de sus habitantes de decidir su propio futuro, la isla ya no parece un punto blanco perdido en el mapa, sino el lugar donde chocan varias agendas a la vez.
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