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Las nuevas condiciones geopolíticas favorecen a México en energía

Las nuevas condiciones geopolíticas favorecen a México y empujan al país a tomar decisiones incómodas sobre su modelo energético, su relación con Estados Unidos y el papel de Pemex en los próximos diez años.

Ruben Torres Por Ruben Torres
enero 9, 2026
in Política Energética
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Las nuevas condiciones geopolíticas favorecen a México

Las nuevas condiciones geopolíticas favorecen a México

Cuando la guerra en Ucrania cerró dos llaves de suministro —Rusia hacia Europa y parte de los flujos tradicionales de crudo—, las nuevas condiciones geopolíticas favorecieron a México porque reacomodaron el mapa de proveedores “confiables” para Occidente. El país quedó pegado a un vecino que produce más hidrocarburos que nunca, con infraestructura compartida y con gobiernos que, pese a los choques, siguen unidos por tratados comerciales y por cadenas de valor que no se desarman de un día a otro.​

En aquel tablero, las nuevas condiciones geopolíticas favorecieron a México en la medida en que convirtió esa vecindad en contratos, inversión y capacidad propia, no solo en dependencia pasiva de ductos y refinerías al otro lado de la frontera.

Hoy está México ante un nuevo viraje tras la captura de Maduro y el viraje del gobierno venezolano a los intereses de los Estados Unidos.

México entonces deberá evitar el quedarse quieto, la misma ola que hoy, con el cambio de situación en Venezuela, acerca a nuestra industria a un lugar de privilegio, podría el día de mañana arrastrarnos a un mundo de deuda, mayor exposición a los ciclos políticos de Washington y menor margen para decidir tarifas y subsidios internos.​

Petróleo abundante y mercados nerviosos

El mercado de Petróleo entra a 2026 con un síntoma conocido: barriles de sobra y nerviosismo permanente por conflictos y decisiones de la OPEP+. La producción sube en Medio Oriente, Estados Unidos y varios países de América Latina, mientras el consumo crece más despacio por eficiencia energética y por la entrada de renovables en transporte y electricidad.​

Para México, esta mezcla pega de dos formas: complica financiar grandes proyectos de exploración y refinación, pero le abre espacio para reorientar exportaciones y aprovechar huecos en el mercado si sostiene su producción en torno a lo planteado en el Plan Estratégico 2025–2035 de Petróleos Mexicanos (PEMEX). El reto no está solo en sacar más crudo, sino en decidir cuánto se vende, cuánto se refina en casa y cuánto se usa como palanca fiscal sin repetir la historia de deuda y refinerías cansadas.​

El gas y el GNL: ventaja y talón de Aquiles

Mientras el petróleo se amontona, el Gas Natural Licuado se volvió mercancía de alto voltaje político entre Europa, Asia y Estados Unidos. Europa compite por cargamentos para sostener su transición, Asia no suelta su demanda y Norteamérica aparece como gran plataforma exportadora, con terminales que empujan más moléculas hacia mercados lejanos.​

México entra en ese juego como país que importa buena parte de su gas desde Texas y, al mismo tiempo, impulsa proyectos de GNL en el Pacífico y el Golfo pensados para sacar gas estadounidense hacia Asia y otros destinos. Esa posición puede darle ingresos, empleos y peso geopolítico, pero también lo deja expuesto a que variaciones en precios globales o decisiones regulatorias en Washington encarezcan la factura eléctrica y la operación industrial dentro del país.​

Pemex, el nuevo marco legal y el margen de maniobra

El nuevo andamiaje regulatorio de hidrocarburos concentra aún más decisiones en el gobierno federal y coloca a Pemex como puerta de entrada a las áreas de exploración y extracción, relegando las rondas competitivas y privilegiando esquemas de asociación bajo liderazgo estatal. Sobre ese piso, el Plan 2025–2035 traza un objetivo: estabilizar la producción cerca de 1.8 millones de barriles diarios, ampliar la extracción de gas, extender gasoductos y alcanzar autosuficiencia de combustibles en 2027 con apoyo de nuevas cogeneradoras y la refinería Olmeca.​

La jugada viene con costo: alta concentración de riesgo financiero y operativo en una sola empresa que carga con años de deuda y refinerías con eficiencia limitada. La ventana geopolítica se abre justo cuando más se exige a Pemex y menos espacio queda para actores privados que podrían compartir inversiones, tecnología y golpes de mercado.​

Lo que ve la Consultora KPMG y lo que viene

Desde la mirada de la Consultora KPMG, el sector energía se mueve en un entorno de “tectonic shifts” de poder, aranceles y cadenas de suministro más cortas, en el que países como México aparecen como “middle powers” capaces de ganar terreno si ajustan políticas y fortalecen su resiliencia regulatoria y financiera. Eso incluye prepararse para eventuales tarifas sobre exportaciones energéticas, revisar subsidios que ya pesan en las finanzas públicas y diseñar cadenas de valor más cercanas, donde el nearshoring industrial se apoye en energía suficiente y predecible.​

Ahí se juega el siguiente capítulo: si México usa este ciclo para ordenar la casa —sanear a Pemex, diversificar inversión y alinear transición energética con seguridad de suministro—, la frase “las nuevas condiciones geopolíticas favorecen a México” no quedará solo como consuelo en un informe internacional. De lo contrario, el país podría mirar en pocos años cómo esa oportunidad se desplaza a otros productores con menos deuda, más flexibilidad contractual y menos miedo a compartir control sobre sus recursos.

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Tags: ENERGÍAGASgeopoliticaMéxicoPEMEXPETRÓLEO

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