Sempra cancela proyecto de GNL: qué se cayó en Topolobampo
Durante años, el proyecto Vista Pacífico GNL se movió como una promesa para convertir al puerto de Topolobampo en una salida directa del gas estadounidense hacia Asia y Europa. En sus reportes financieros más recientes, Sempra Infrastructure confirmó que decidió detener ese plan y terminar el acuerdo de desarrollo que mantenía con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde 2022. La decisión se tomó en diciembre de 2025 y se hizo pública semanas después, en un contexto de cambios regulatorios en México y de giros internos en la estrategia de la compañía.
La terminal proyectada incluía infraestructura para licuar, almacenar y exportar gas natural, con capacidad de varios millones de toneladas anuales de gas natural licuado. El plan descansaba en una idea simple: usar gas importado desde Estados Unidos, aprovechar la red de gasoductos de CFE y despachar el combustible hacia mercados de alto precio en el Pacífico. Sobre el papel, el proyecto se veía como una bisagra entre la sobreoferta de gas en Norteamérica y la demanda asiática, en un puerto que ya alberga distintos megaproyectos industriales.
Cómo se derrumbó el proyecto Vista Pacífico GNL
El acuerdo entre CFE y Sempra Infrastructure arrancó con un memorándum de entendimiento que no obligaba legalmente a ninguna de las partes, pero marcaba la ruta para el desarrollo conjunto de la terminal. En paralelo, la francesa TotalEnergies firmó un entendimiento para comprar una parte relevante de la producción futura de Vista Pacífico y tomar una participación minoritaria en el capital del proyecto. Aun así, la iniciativa no pasó del diseño y de los trámites regulatorios, donde empezó a toparse con una pared.
En febrero de 2026, el comité técnico de la autoridad reguladora del sector rechazó una solicitud de permisos para comercializar gas natural vinculados a la planta de licuefacción. Al mismo tiempo, organizaciones civiles, comunidades pesqueras y académicos cuestionaron los impactos ambientales en la bahía y en el ecosistema marino, después de que la propia Manifestación de Impacto Ambiental reconociera decenas de efectos adversos. Entre ellos estaba el dragado de más de 200 mil metros cuadrados del lecho marino para instalar una unidad flotante de licuefacción en una zona poco profunda, con riesgo de pérdida de hábitat y cambios permanentes en la calidad del agua.
Sempra cancela proyecto de GNL y reacomoda su mapa en México
Cuando Sempra cancela proyecto de GNL, también reacomoda la forma en que piensa su presencia en el país. En su informe anual, la empresa atribuyó la decisión a un cambio en las prioridades tanto de la propia Sempra Infrastructure como de la CFE, y detalló que ambas partes acordaron rescindir el contrato de desarrollo asociado con Vista Pacífico. La compañía recordó que el marco jurídico mexicano de 2025 otorga a las autoridades amplias facultades para suspender o revocar permisos de importación, exportación, almacenamiento y transporte de hidrocarburos, lo que aumenta el riesgo para nuevos proyectos.
Al mismo tiempo, Sempra ajusta otras piezas: la firma informó que modificó su contrato de transporte con CFE para desviar una parte del gasoducto Guaymas–El Oro, en territorio yaqui, con el objetivo de que vuelva a operar hacia 2029. El proyecto Vista Pacífico GNL estaba pensado para aprovechar esa red de ductos en Sonora y Sinaloa, de modo que la cancelación obliga a redefinir qué hacer con la capacidad disponible y con los compromisos de transporte. El giro llega en un momento en que la empresa refuerza activos ya operativos y evalúa otras oportunidades menos expuestas a choques regulatorios y sociales en la región.
Qué queda para Topolobampo y el corredor de gas
La salida de Vista Pacífico deja a Topolobampo sin una de las apuestas más visibles para usar el gas que cruza la frontera norte rumbo al Pacífico. Sin esa terminal, el puerto mantiene otros megaproyectos industriales en marcha, pero pierde una pieza que habría reforzado su papel como puerta de entrada y salida del gas natural licuado en el noroeste. La cancelación también envía una señal al resto de la cartera de proyectos de GNL en México, donde desarrolladores y autoridades toman nota del peso que pueden tener permisos, oposición social y cambios en la política energética.
El caso deja preguntas abiertas para los próximos años: qué uso se dará a la infraestructura ya construida, cómo se ajustarán los contratos entre empresas y Estado, y hasta dónde México quiere depender de la exportación de gas como apuesta de largo plazo.
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