Petróleo mexicano para Cuba: ayuda humanitaria bajo presión
La decisión del gobierno de enviar petróleo a la isla como apoyo humanitario coloca a México en un cruce incómodo entre su tradición de solidaridad y la presión económica de Estados Unidos. Petróleo mexicano para Cuba: ayuda humanitaria bajo presión no es solo una fórmula diplomática, sino un expediente que toca finanzas públicas, diplomacia y la relación con Washington. Petróleo mexicano para Cuba: ayuda humanitaria bajo presión también deja ver hasta dónde el gobierno está dispuesto a cargar con el costo político de sostener a un aliado histórico.
Desde el inicio del sexenio, la presidencia ha dejado claro que el suministro de crudo forma parte de una política de continuidad con La Habana, justificada por el impacto directo de la crisis energética en hospitales, transporte y servicios básicos en la isla. La postura repite un mensaje: México toma decisiones soberanas y no rompe una relación que ya sobrevivió a cambios de partido, de gobiernos y de coyunturas internas.
Sheinbaum, la tradición de solidaridad y el nuevo contexto
En sus conferencias, Claudia Sheinbaum ha defendido que los volúmenes enviados representan una fracción pequeña de la producción nacional, pero con un peso simbólico para evitar un colapso energético en Cuba. Frente a las críticas, la presidenta ha insistido en que el bloqueo prolongado golpea a la población y no solo al gobierno, y que el país no puede desentenderse de esa situación. En paralelo, ha pedido que Estados Unidos, si quiere reducir el margen de maniobra de La Habana, asuma parte del suministro de combustible para evitar apagones masivos.
La mandataria también ha recordado que esta política no nació con su administración, sino que se sostiene desde hace años con distintos matices. En este tablero, México intenta sostener un vínculo histórico sin romper con su principal socio comercial, mientras la presión de nuevas sanciones acelera los tiempos de decisión.
Contratos, ayuda y el papel de Pemex
El andamiaje se sostiene sobre dos carriles. Por un lado, los contratos comerciales de Petróleos Mexicanos (Pemex) con empresas estatales cubanas, presentados como operaciones sujetas a regulaciones financieras internacionales y a la supervisión de organismos externos. Por el otro, la vía de la ayuda humanitaria, que permite mandar crudo o combustibles cuando la isla lo solicita y el gobierno mexicano considera justificado el envío.
Informes públicos y trabajos de investigación ubican millones de barriles enviados entre 2023 y 2025, con montos que en algunos periodos superaron los cientos de millones de dólares, muchas veces a través de filiales creadas para manejar combustibles. Los márgenes reducidos o incluso negativos de estas subsidiarias alimentan sospechas de ventas por debajo de costo, subsidios indirectos y una presión adicional sobre una empresa ya endeudada y cansada de rescates.
A esto se añade la falta de detalles finos sobre volúmenes, precios y condiciones contractuales, que deja huecos en la rendición de cuentas y abre espacio a dudas sobre quién paga realmente la factura. El esquema termina por salpicar tanto la gestión de la petrolera como la imagen de transparencia del propio gobierno.
Trump entra en la ecuación
El decreto de Donald Trump que abre la puerta a sanciones o aranceles contra países que sigan enviando crudo a Cuba cambió el peso específico de cada barco que sale de puertos mexicanos rumbo al Caribe. México, convertido en uno de los últimos proveedores estables de la isla tras el desplome de los envíos venezolanos, queda expuesto a represalias sobre sectores exportadores que dependen del mercado estadounidense.
En ese escenario, cada nuevo cargamento puede significar más presión sobre automotrices, agroindustria o manufacturas mexicanas, mientras se recalienta la discusión sobre cuánto cuesta sostener la alianza con La Habana. El cálculo ya no se queda en el plano ideológico: se traduce en empleos, balanza comercial y confianza de inversionistas.
Diplomacia al límite y dudas abiertas
Ante el nuevo clima, la presidencia instruyó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) a buscar una aclaración formal sobre el alcance de las medidas y el posible impacto en productos mexicanos. Al mismo tiempo, el mensaje público se ajustó: la ayuda humanitaria continúa, pero los envíos de hidrocarburos se revisarán caso por caso para no “poner en riesgo a México”.
El margen de maniobra se estrecha: cada decisión sobre un barco que zarpa hacia Cuba pesa sobre la mesa de negociación con Washington y sobre las finanzas de Pemex. El gobierno tendrá que decidir cuánta presión está dispuesto a aguantar mientras sostiene esta línea de tiempo abierta entre solidaridad histórica y fragilidad económica.
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