Aguacate mexicano 2026: récord en volumen, caen ingresos. Michoacán concentra casi toda la producción exportable del país, pero la sobreoferta, un peso fuerte y una nueva alerta de seguridad en agosto golpearon los ingresos de un sector que sigue dominando el mercado de Estados Unidos.
México continúa siendo el mayor proveedor mundial de aguacate, con embarques que crecieron con fuerza durante 2026. Sin embargo, los productores del país reciben menos dólares por cada tonelada enviada, un fenómeno que ha encendido las alarmas en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción nacional. Aguacate mexicano 2026: récord en volumen, caen ingresos. La contradicción es clara: nunca se había exportado tanto fruto, pero el valor generado por esas ventas cayó de forma notable frente al año anterior.
De acuerdo con estimaciones del sector agroalimentario, entre enero y junio de 2026 el volumen exportado rondó las 798 mil toneladas, un incremento de casi 40 % respecto al mismo periodo de 2025. Pese a ello, los ingresos generados se ubicaron entre 1,690 y 1,809 millones de dólares, una caída de entre 18 y 25 % en comparación con el año previo. El motivo principal no es una menor demanda, sino un desplome de más de 40 % en el precio promedio de exportación, que pasó de cerca de 3.86 a 2.27 dólares por kilogramo.
Producción récord y una fuerte dependencia de Estados Unidos
Michoacán aporta alrededor de tres cuartas partes de la producción nacional de aguacate, mientras que Jalisco contribuye con cerca del 12 %. Ambos son, hasta ahora, los únicos estados autorizados para enviar fruta al mercado estadounidense, que absorbe entre 87 y 90 % de las exportaciones mexicanas. Canadá y Japón completan el resto del destino de los embarques, aunque con participaciones mucho menores.
Para 2026, distintas proyecciones del sector calculan una producción de entre 2.80 y 2.85 millones de toneladas, la cifra más alta registrada hasta el momento, impulsada por mejores condiciones de lluvia y la incorporación de nuevas huertas en producción. Según reportes del Servicio Agrícola Exterior de Estados Unidos (USDA-FAS), si las operaciones se normalizan por completo, las exportaciones podrían acercarse a 1.31 o 1.39 millones de toneladas en el año, lo que representaría un nuevo máximo histórico en volumen, aunque no necesariamente en ingresos.
Michoacán bajo alerta: la suspensión de inspecciones en agosto
El golpe más reciente al sector llegó el 5 de agosto de 2026, cuando autoridades estadounidenses suspendieron temporalmente las inspecciones fitosanitarias que realizan en Michoacán, tras una alerta de seguridad vinculada a un repunte de violencia asociado a la detención de operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación. Sin personal habilitado para certificar embarques, las exportaciones de la entidad quedaron prácticamente detenidas, salvo la fruta que ya había sido recibida antes de esa fecha.
El impacto se estimó en alrededor de 20 mil toneladas semanales que dejaron de certificarse, con pérdidas diarias reportadas por productores de entre 10 y 15 millones de dólares en un mes de alta demanda como agosto. Jalisco, al mantenerse habilitado, logró compensar solo una parte del volumen detenido. En respuesta, el gobierno mexicano desplegó cerca de 1,500 elementos de la Guardia Nacional y fuerzas militares para reforzar la seguridad en las zonas productoras, lo que permitió una reanudación parcial de las inspecciones entre el 8 y el 10 de agosto en municipios como Tancítaro, Tacámbaro, Uruapan y el corredor Morelia-Pátzcuaro.
No es la primera vez que ocurre algo así: se trata de la tercera suspensión de este tipo desde 2022, luego de episodios similares registrados también en 2024. Mientras duró la pausa, parte de la fruta que no pudo exportarse se redirigió al mercado interno, lo que provocó una baja de hasta 25 % en los precios de algunos centros de abasto del país. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Michoacán dio seguimiento a la reanudación gradual de los envíos.
Sobreoferta, peso fuerte y retos estructurales
Más allá del episodio de agosto, la caída en los ingresos responde a factores de fondo. La cosecha mexicana, sumada a una mayor oferta proveniente de países como Perú y Colombia, generó una sobreoferta que hizo bajar los precios mayoristas en Estados Unidos hasta cerca de un dólar por libra en algunos momentos del año. A esto se añadió la apreciación del peso mexicano, que se fortaleció hasta rondar los 17.50 pesos por dólar, reduciendo los ingresos que reciben los productores al convertir sus ventas a moneda nacional.
El sector enfrenta, además, desafíos estructurales que se repiten año con año: la presencia de grupos criminales que extorsionan a productores y transportistas en Michoacán, y exigencias ambientales cada vez más estrictas relacionadas con la no deforestación, ligadas a los compromisos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En 2026 se reportaron bloqueos a miles de huertos por incumplir esos estándares de certificación.
El sector agroalimentario da empleo a cientos de miles de personas, principalmente en Michoacán, por lo que la combinación de precios bajos y costos de seguridad elevados presiona directamente los márgenes de productores y empacadores. Para los consumidores mexicanos, el excedente redirigido al mercado interno representó, al menos temporalmente, precios más accesibles.
Perspectivas para el cierre de 2026
Especialistas del sector coinciden en que no existe un colapso de las exportaciones mexicanas de aguacate: en volumen, el país sigue dominando ampliamente el mercado estadounidense, con más del 90 % de las importaciones de ese país en el primer semestre del año. Lo que atraviesa el sector es una caída de ingresos derivada de precios internacionales deprimidos, agravada por interrupciones de seguridad recurrentes.
De cara a lo que resta de 2026, el reto para el sector será diversificar mercados hacia Europa y Asia, fortalecer la trazabilidad y el cumplimiento ambiental exigido por el T-MEC, invertir en sistemas de riego —ya que buena parte de las huertas todavía depende del temporal— y, sobre todo, atender la inseguridad que golpea de forma recurrente a las zonas productoras de Michoacán. Mientras esos factores no se resuelvan, la producción podría seguir rompiendo récords sin que ello se traduzca en mejores ingresos para el campo mexicano.
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