La apuesta estructural de Claudia Sheinbaum para consolidar el IMSS-Bienestar como pilar de la República Sana.
La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de designar al doctor Alejandro Ernesto Svarch Pérez como director general del Instituto Mexicano del Seguro Social para el Bienestar —IMSS-Bienestar— y de construir en torno a esa institución la columna vertebral del sistema de salud universal del país, no es un simple ajuste administrativo. Es la expresión más concreta de una concepción política que entiende el acceso a la atención médica no como una prestación discrecional del mercado, sino como un derecho inalienable de la ciudadanía, una conquista social que el Estado mexicano tiene la obligación de garantizar sin excepción, sin copago, sin condicionamiento laboral.
Durante décadas, el sistema de salud mexicano funcionó sobre una fractura estructural: quienes tenían empleo formal accedían al IMSS o al ISSSTE; quienes no lo tenían quedaban librados a los servicios estatales fragmentados, al Seguro Popular con sus paquetes limitados o, en el peor de los casos, a los hospitales privados que pueden drenar el patrimonio familiar en una sola hospitalización. Esa arquitectura reproducía la desigualdad y convertía la enfermedad en castigo para los pobres. La Cuarta Transformación, desde sus primeros pasos bajo el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y ahora con renovada energía bajo la conducción de Sheinbaum, se ha propuesto desmantelar ese muro.
El IMSS-Bienestar es hoy el instrumento central de esa demolición. Según los documentos presupuestarios para el ejercicio fiscal 2026, el programa institucional está diseñado para atender a una población estimada en 41.6 millones de personas sin acceso a los servicios de salud formal, con un presupuesto aprobado de 172 mil 492 millones de pesos. Esas cifras no son abstractas: son el tamaño del compromiso que la nación ha adquirido con su sector más vulnerable.
Cuando Claudia Sheinbaum anunció, el 13 de agosto de 2024 desde su casa de transición, que el doctor Alejandro Svarch Pérez sería el titular del IMSS-Bienestar, la elección no fue fortuita. El presidente de la Junta de Gobierno del organismo, Zoé Robledo, también director general del IMSS, destacó que la designación expresaba la visión de la presidenta para fortalecer lo público y crear nuevas instituciones. Svarch, por su parte, enunció con precisión quirúrgica el sentido de su misión: “Trabajaré para que nunca más vivamos en un país donde quien no puede pagar quede sin atención médica.”
La trayectoria del funcionario explica la confianza que Sheinbaum depositó en él. Médico cirujano egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en Medicina Interna y maestría en Salud Pública por el Instituto Nacional de Salud Pública —donde fue alumno del actual secretario de Salud, David Kershenobich Stalkinowitz—, Svarch construyó su carrera en la trinchera de la administración pública desde 2018. Comenzó en la Secretaría de Salud federal como director de Relaciones Internacionales, donde diseñó la estrategia de atención médica para la población migrante. Pasó luego a coordinar la respuesta médica nacional durante los peores meses de la pandemia de COVID-19 desde el extinto Insabi, liderando la contratación de decenas de miles de trabajadores de la salud en tiempo récord. En 2021, López Obrador lo nombró titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, la Cofepris.
Durante su gestión al frente de la Cofepris impulsó la digitalización de los procesos de registro sanitario, combatió la corrupción estructural que históricamente había hecho de esa institución un cuello de botella para la industria farmacéutica y para la innovación médica, y condujo a México a convertirse en el primer país hispanohablante en sumarse al Consejo Internacional para la Armonización de Requerimientos Técnicos para Productos Farmacéuticos de Uso Humano. México liberó en tiempo récord más de 100 millones de vacunas contra COVID-19.
El IMSS-Bienestar como proyecto de Estado: génesis, consolidación y alcance territorial
El reto que enfrenta Svarch, no es menor. El IMSS-Bienestar es el resultado de una secuencia de reformas estructurales que buscaron, con distinta fortuna, garantizar atención médica a quienes el mercado laboral formal dejó fuera. El Seguro Popular, creado en 2003, fue durante casi dos décadas el instrumento de esa cobertura, aunque con limitaciones severas: ofrecía un catálogo acotado de servicios, excluía enfermedades de alto costo y reproducía la segmentación del sistema. La Cuarta Transformación lo eliminó en 2019 y creó el Instituto de Salud para el Bienestar, el Insabi, con la ambición de universalizar la cobertura.
La decisión de absorber las funciones del Insabi dentro del IMSS, creando un organismo público descentralizado denominado IMSS-Bienestar, representó una apuesta institucional de mayor envergadura. En lugar de construir una nueva estructura desde cero, se aprovechó la capacidad organizacional, el músculo logístico y el prestigio histórico del Instituto Mexicano del Seguro Social para garantizar la atención gratuita a la población sin seguridad social. El proceso implicó la federalización de los sistemas de salud estatales: los estados que firmaron el convenio nacional transfirieron al gobierno federal la operación y financiamiento de su red de atención primaria y hospitalaria.
A la fecha, 24 entidades federativas operan bajo el esquema federalizado del IMSS-Bienestar. Los datos comparativos que la propia institución ha publicado revelan los beneficios concretos de ese proceso: entre 2019 y 2025, la razón de enfermeras por cada mil habitantes creció un 12% en los estados incorporados al IMSS-Bienestar, frente a un 7% en los no federalizados; la infraestructura hospitalaria en el IMSS-Bienestar creció un 3% en camas censables y un 12% en consultorios, mientras que en los estados con modelos propios el incremento fue de apenas el 1%. En materia de salud materna, indicador sensible de la eficacia del primer nivel de atención, la mortalidad materna bajó un 4% entre 2020 y 2025 en los estados federalizados, mientras que aumentó un 13% en los no incorporados al esquema. Esos números no son retórica: son evidencia empírica de que la apuesta funcionó.
Durante el ejercicio fiscal 2025, el IMSS-Bienestar superó la meta de 50 millones de consultas generales al alcanzar más de 51 millones, representando el 103% del objetivo inicial. Las consultas de especialidad rebasaron los seis millones, equivalente al 123% de la meta proyectada de cinco millones. Se registraron más de 500 mil nacimientos atendidos en la red del IMSS-Bienestar y se realizaron más de 250 trasplantes de órganos, procedimientos de alta complejidad que hasta hace pocos años eran inaccesibles para la población sin derechohabiencia formal. Se inauguraron 15 nuevos hospitales y cuatro centros de salud. El programa Rutas de la Salud entregó 115 millones de medicamentos a 8 mil 440 centros de salud distribuidos en 23 estados de la República en los últimos cuatro meses del año.
En el área quirúrgica, los resultados también superaron las expectativas institucionales: se realizaron 308 mil 579 cirugías, cifra que rebasó la meta establecida. En consulta de segundo nivel, el IMSS-Bienestar reportó 24 millones 291 mil atenciones. Esos datos, verificables en el Diario Oficial de la Federación y en los registros institucionales.
En el plano de los recursos humanos, el programa Kraft 2026 —diseñado para contratar médicos especialistas y fortalecer el segundo nivel de atención— comenzó a dar resultados casi de inmediato tras su lanzamiento. En las primeras 24 horas del proceso de registro, ingresaron cerca de dos mil médicas y médicos al IMSS-Bienestar, un indicador del atractivo que el proyecto nacional de salud pública genera entre los profesionales del sector.
La infraestructura del futuro: hospitales, quirófanos y la inversión que cambia territorios
En julio de 2025, la presidenta Sheinbaum anunció que antes de finalizar el año estarían en funcionamiento 31 nuevos hospitales y 12 unidades de medicina familiar, con otros 20 hospitales iniciando construcción, en una inversión global superior a 90 mil millones de pesos. De ese total, 50 mil millones de pesos se destinaron a los hospitales ya en proceso de conclusión y 40 mil millones a los nuevos proyectos, además de 2 mil 500 millones de pesos adicionales para reactivar 260 quirófanos que se encontraban fuera de servicio por falta de mantenimiento o equipamiento.
En 2026, el IMSS-Bienestar forma parte del nuevo Ramo 56 del Presupuesto de Egresos de la Federación, lo que le otorga mayor autonomía presupuestaria y mayor visibilidad institucional dentro del aparato del Estado. Significa que la institución que atiende a los 41.6 millones de mexicanos sin seguridad social tiene ahora un espacio propio en la arquitectura financiera del gobierno federal, reconocimiento explícito de su centralidad en el proyecto nacional.
El decreto que cambia la historia: el Servicio Universal de Salud
El 7 de abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum firmó el decreto que crea el Servicio Universal de Salud, un hito en la historia de la política sanitaria mexicana que ningún análisis serio puede subvalorar. Con ese instrumento jurídico, México avanza hacia la ruptura definitiva del muro que durante décadas separó a los derechohabientes del IMSS y del ISSSTE de los beneficiarios del IMSS-Bienestar: cualquier ciudadano podrá atenderse en cualquiera de las tres instituciones públicas, independientemente de su afiliación formal.
La República Sana: salud pública como eje del Plan Nacional de Desarrollo
El IMSS-Bienestar es el brazo ejecutor de una estrategia más amplia que el gobierno federal ha denominado República Sana, uno de los ejes articuladores del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030. Esa estrategia parte de una premisa teórica que la evidencia internacional avala: los sistemas de salud que priorizan la atención primaria, la prevención y la proximidad territorial logran mejores resultados en salud poblacional a un menor costo per cápita que los sistemas centrados en la atención hospitalaria de alta especialidad.
La modernización del IMSS-Bienestar, entendida en los términos de República Sana, va mucho más allá de la apertura de hospitales y la distribución de medicamentos. Implica la construcción de una infraestructura digital de salud que integre historiales clínicos electrónicos interoperables entre el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar; la formación acelerada de especialistas en áreas críticas como oncología, nefrología, cardiología y salud mental; y el desarrollo de una estrategia de prevención que reduzca la incidencia de las enfermedades crónicas no transmisibles —diabetes, hipertensión, obesidad— que representan la mayor carga de morbilidad del sistema sanitario mexicano.
La presidenta Sheinbaum ha sido explícita en su ambición final: dejar al término de su gobierno un sistema de salud universal en el que cualquier mexicana o mexicano pueda atenderse de cualquier padecimiento en cualquier institución pública del país.

