por MANUEL RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
En la presente temporada de calor no es necesario el recordatorio de lo que significa un ‘apagón’. En estos días de temperaturas altas, esta posibilidad no solamente ocupa nuestras mentes, sino que es una perturbación que podemos padecer con todo y sus implicaciones; las subsecuentes temporadas de calor con registros históricos, producto de las sequías prolongadas en los años recientes, han establecido récords en la demanda de electricidad, que en el caso particular de México aumentó en un 2.7 por ciento en 2024, provocando un estrés en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), de acuerdo al ‘Electricity 2025 and forecast to 2027’ de la Agencia Internacional de Electricidad (IEA).
El citado documento señala que justamente en mayo del año pasado se produjeron una serie de cortes de suministros eléctricos escalonados en 22 estados, precisamente por una demanda récord de 50 GW, un nueve por ciento superior al pico de 2023, lo cual afectó a más de 2.6 millones de clientes; de acuerdo a la IEA, las causas apuntaron a una combinación de factores, que van desde una inadecuada planificación de mantenimiento, limitaciones de infraestructura, así como la incapacidad de satisfacer la creciente demanda con la capacidad existente.
Por el hecho de no contar con un margen de reserva suficiente para hacer frente al pico de demanda, las autoridades tuvieron la necesidad de implementar ‘apagones’ rotativos para evitar la inestabilidad de la red, poniendo de relieve la urgente necesidad de solventar esta vulnerabilidad del sistema eléctrico.
Esta situación fue agravada por la falta de agua, producto de las temporadas de sequías, teniendo como consecuencia la disminución de la energía hidroeléctrica que representa aproximadamente el 40 por ciento del suministro de energía renovable del país, que tiene un beneficio dual: en primer lugar, es una fuente importante de generación en la temporada de verano, y juega un papel vital como energía de respaldo cuando se interrumpen otras fuentes de generación, dándole confiabilidad y continuidad al SEN.
En el verano de 2023, la baja disponibilidad hidroeléctrica de la red y un aumento repentino de la demanda, puso de manifiesto la importancia de mejorar la gestión de recursos hídricos en el país para no comprometer la disponibilidad de esta importante fuente energética del país.
De esta manera, la IEA nos señala que la generación hidroeléctrica anual acumulada en 2023 fue en un 40 por ciento menor a la de 2022 y 2021, y un nueve por ciento inferior a la de 2019, cuando se registró la menor generación hidroeléctrica de la historia en México.
En 2023, ante la disminución de la energía eléctrica, las autoridades se vieron en la necesidad de aumentar la generación con gas natural, nuclear, solar y eólica, lo que aumentó las emisiones de gases efecto invernadero del sector eléctrico en cuatro por ciento interanual, precisamente por una menor generación hidroeléctrica, de acuerdo a la IEA.
Por todo esto, resultan oportunos los proyectos hidroeléctricos que se inaugurarán en 2026 y 2027 como las de Chiapas: las plantas en Peñitas, Angostura, Chicoasén II y Malpaso.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 9 DE REVISTA GUINDA

