La vorágine que generan las decisiones del presidente estadounidense Donald Trump no cesa. Su actuar continúa colocando a México y a muchas otras naciones en un escenario de incertidumbre, que afecta economías y el bienestar de pueblos enteros. Las medidas arancelarias, unilaterales, desproporcionadas e indebidas, reflejan el desdén por los acuerdos internacionales.
Este mes entraron en vigor aranceles recíprocos que Trump había advertido para países que gravan productos de Estados Unidos. Esta medida no solo impacta las relaciones comerciales, sino que deja al descubierto el riesgo de una guerra comercial que podría desencadenar efectos devastadores.
La situación de por sí era delicada. Trump anunció al cierre de marzo un gravamen de 25% sobre vehículos que no se produzcan en EU. Un golpe directo a la industria automotriz de México, que representa 14% de autos vendidos en aquel país, y que también depende de la manufactura de autopartes en suelo mexicano. Las consecuencias para las economías regionales, empleos e industria en general son inminentes.
Pese a este panorama complicado, la Presidenta Claudia Sheinbaum mantiene la confianza en que México se encuentra en una “situación especial” gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que podría proteger al país de las tarifas recíprocas. Sin embargo, las decisiones de Trump pueden cambiar de manera abrupta cualquier escenario previamente pensado.
México ha dejado claro que su voluntad de colaborar con EU en los temas de interés común –seguridad fronteriza, lucha contra el narcotráfico e inmigración ilegal– se mantiene firme. Estos esfuerzos no han pasado desapercibidos, como lo reconocen tanto Trump como sus funcionarios.
No obstante los avances, la beligerancia y los agravios hacia México no cesan. Después de las pausas en aranceles al iniciar el año, lo más que Trump ha concedido es ‘cierta flexibilidad’. Este tipo de acciones, que generan incertidumbre, exponen la vulnerabilidad económica de México.
Frente a la constante presión, la postura más acertada de la Presidenta Sheinbaum ha sido mantener “cabeza fría”, evitando decisiones precipitadas y apostando por la mesura y el diálogo. Su actitud, pragmática y sensata, se presenta como una fortaleza ante los desafíos externos.
Este enfoque, respaldado por la confianza de los mexicanos, no solo la clase política y el pueblo, sino también el sector privado, refuerza su posición de liderazgo. Su habilidad para navegar en tiempos turbulentos podría ser la clave para mantener la estabilidad y el crecimiento en medio de una tormenta económica global.
En un momento de desafíos que exigen respuestas contundentes, las agrupaciones empresariales han anunciado su decisión de conformar un bloque; no para enfrentar a una figura política, sino una estrategia enfocada en el bienestar del país. Su objetivo: impulsar el “Plan México”, un conjunto de medidas orientadas a fortalecer el mercado interno, generar empleos de calidad, y diversificar tanto las exportaciones como las fuentes de divisas.
José Antenor Ancona Rodríguez
CEO & Chairman
Revista Guinda

