Por Amos Olvera
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de incertidumbre, donde la presión militar no se ha traducido en resultados estratégicos. Mientras continúan las negociaciones, los objetivos centrales de Washington siguen sin cumplirse.
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A más de seis semanas del inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, comienza a perfilarse una realidad incómoda para Washington: la superioridad militar no ha logrado traducirse en resultados políticos concretos.
Desde el arranque de la ofensiva, los objetivos estratégicos eran claros, aunque no siempre explicitados: debilitar o provocar un cambio de régimen en Teherán, desmantelar su programa nuclear —incluido el control del uranio enriquecido— y reducir de forma decisiva su capacidad militar, particularmente su arsenal de misiles y drones.
Hoy, ninguno de esos objetivos se ha materializado.
En el plano político, el régimen iraní permanece en pie. Lejos de mostrar señales de colapso, ha mantenido cohesión interna y capacidad de maniobra externa, incluso bajo presión militar y económica. Esta resiliencia no implica fortaleza absoluta, pero sí evidencia que el objetivo de alterar el equilibrio interno del poder en Teherán está lejos de alcanzarse.
En el terreno nuclear, la situación es igualmente ambigua. Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre posibles acuerdos, control de material nuclear o incluso entrega de uranio enriquecido no han sido confirmadas por Irán. Por el contrario, las autoridades iraníes han rechazado estas afirmaciones, mientras las negociaciones en curso apuntan, en el mejor de los casos, a moratorias temporales y no a un desmantelamiento estructural del programa.
En el ámbito militar, la capacidad iraní tampoco ha sido neutralizada. Su arsenal de misiles y drones —clave en su estrategia de disuasión— sigue siendo un factor activo. La propia conducta operativa de Estados Unidos, evitando ciertos niveles de exposición directa, sugiere que ese poder continúa siendo un elemento real de contención.
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el punto crítico de esta dinámica. Washington ha intentado utilizar el bloqueo como herramienta de presión económica, consciente de que una parte sustantiva del comercio iraní depende de esa ruta. Sin embargo, la aplicación del bloqueo ha mostrado límites prácticos y políticos. Reportes indican que algunos buques han logrado transitar, mientras el riesgo de escalada con otras potencias complica aún más su sostenibilidad.
Al mismo tiempo, la estrategia estadounidense enfrenta costos crecientes. La presión sobre los precios energéticos, el desgaste político interno y la falta de respaldo claro de aliados reflejan que el conflicto no solo plantea desafíos externos, sino también tensiones domésticas.
Como señala Lawrence J. Haas en On the Strait of Hormuz, Who Will Blink First—the US or Iran?, la clave no está únicamente en la capacidad de infligir daño, sino en la resistencia de cada parte para sostener la presión en el tiempo. Y en ese terreno, tanto Washington como Teherán enfrentan límites distintos.
El momento actual, además, está marcado por una alta incertidumbre. Las declaraciones políticas se contradicen, los anuncios de acuerdos se desmienten en cuestión de horas y la narrativa pública no siempre coincide con lo que ocurre en las mesas de negociación.
Mientras tanto, los equipos técnicos continúan dialogando. Ese proceso, menos visible pero más determinante, sugiere que ninguna de las partes ha tomado aún la decisión de escalar definitivamente ni de cerrar un acuerdo.
El actual alto el fuego parcial debe entenderse en ese contexto: no como una solución, sino como una pausa. Un espacio para medir fuerzas, evaluar costos y explorar posibles salidas.
La falta de claridad, por tanto, no es un error del análisis. Es la característica central del momento.
Lo que sí permanece constante es lo esencial: los objetivos estratégicos que dieron origen al conflicto siguen sin haberse cumplido. Y mientras eso no cambie, la guerra continuará acumulando costos sin ofrecer resultados concluyentes.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 18 DE REVISTA GUINDA

