Las RRSS se convirtieron en herramientas poderosas, claves y básicas para la interacción humana; redefinieron la interacción entre figuras políticas y ciudadanos, modificando las estrategias tradicionales de campaña
En la primera década del siglo XXI, las redes sociales (RRSS) irrumpieron con fuerza en el panorama global. ‘Facebook’ (2004), ‘YouTube’ (2005) ‘Twitter’ (2006) y un poco más tardío ‘Instagram’ (2010) se convirtieron en herramientas poderosas, claves y básicas para la interacción humana. Para la segunda década, éstas redefinieron la interacción entre las figuras políticas y los ciudadanos, modificando las estrategias tradicionales de campaña, sus enfoques y alcances.
Actualmente las RRSS han democratizado la comunicación, favoreciendo el flujo libre de ideas, opiniones y conocimiento. En el ámbito político, permiten a los ciudadanos interactuar directamente con sus representantes y participar activamente en el discurso público. ‘Facebook’, ‘Twitter’ (hoy ‘X’) e ‘Instagram’ se han vuelto canales esenciales para la difusión de mensajes, campañas y la movilización de votantes.
De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, las redes sociales favorecen la proximidad y la comunicación directa entre la gente y sus gobernantes; además, abonan a la transparencia, el acceso a la información pública y la rendición de cuentas en las administraciones locales. Esta accesibilidad fortalece la participación ciudadana y permite una vigilancia más cercana de las acciones administrativas.
CAMPAÑAS EXITOSAS
En 2015, Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como ‘El Bronco’, se convirtió en el primer gobernador independiente de Nuevo León. Su campaña se caracterizó por el uso intensivo de las redes sociales, especialmente ‘Facebook’, para comunicarse con los electores.
De acuerdo con una investigación de las universidades de Oxford, Virginia Occidental y Nacional Autónoma de México, el ahora ex gobernador generó una participación ciudadana que se mantuvo después de las elecciones. El estudio analizó más de 750 mil interacciones en su página de ‘Facebook’ y demostró que las RRSS pueden dar cabida a una gran cantidad de intercambios acerca de la vida pública, más allá de una fecha específica.
En 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador se lanzó por tercera ocasión a buscar la Presidencia de México, utilizó las plataformas digitales para difundir su mensaje y movilizar a sus simpatizantes. Esta estrategia se compaginó con su presencia en medios tradicionales, lo que le permitió consolidar una base de apoyo amplia y variopinta.
Dos años después, cuando el mundo enfrentó el confinamiento sanitario, el uso de la red social ‘TikTok’ se globalizó. De enero a marzo del 2020, la plataforma de origen chino llegó a 315 millones de usuarios, un incremento del 58 por ciento respecto al trimestre anterior. México no estuvo exento de su influencia; los actores políticos se adaptaron rápidamente a los códigos y formatos propios de esta, permitiéndoles conectar de manera más directa y creativa con el electorado más joven.
Samuel García, gobernador de Nuevo León, utilizó esta red social durante su campaña, en 2021, y Marcelo Ebrard, ex canciller y aspirante a la Presidencia de la República, promocionó en ‘TikTok’ su imagen y logros, echando mano del humor y contenido exclusivo para reforzar la adhesión emocional de los internautas.
Más recientemente, en las campañas para las elecciones judiciales de este año, alrededor de tres mil candidatos han recurrido a esta plataforma para captar la atención del electorado, creando videos con contenido cómico, testimonios personales o elementos de la cultura pop para promocionarse.
En este aspecto no todo han sido aciertos. El aspirante a ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arístides Rodrigo Guerrero, es ejemplo de ello. Su frase: “Estoy más preparado que un chicharrón”, se viralizó y despertó críticas entre el electorado. Los mexicanos cuestionaron la falta de seriedad de su discurso, más parecido al de un ‘influencer’ que al de un futuro juez.
Otros casos que llamaron la atención fueron el de Dora ‘La Transformadora’ Martínez Valero, que desató una oleada de ‘memes’ en las RRSS, y el de Lulú Ríos Ramírez, candidata a jueza penal en Chihuahua, quien acusó que los usuarios han sexualizado su imagen y alegó ser víctima de violencia política de género.
‘SLACKTIVISMO’, ¿UN ‘POST’ PUEDE CAMBIAR EL MUNDO?
Al término del primer cuarto de siglo, toma fuerza un fenómeno relacionado con el ‘boom’ de las redes sociales. Se trata del ‘slacktivismo’ —también conocido como activismo de escritorio— en el que pareciera que un ‘post’ o un ‘tuit’ son suficientes para hacer la diferencia en el mundo.
Esta tendencia, que combina las palabras ‘slacker’ (flojo) y ‘activism’, consiste en realizar acciones mínimas de apoyo a una causa, como firmar peticiones ‘on line’, compartir ‘hashtags’ o cambiar la foto de perfil, sin colaborar activamente en una acción o cambio real.
En México, el ‘slacktivismo’ es especialmente característico de los jóvenes usuarios de las RRSS. Ejemplo de ello son las banderas digitales y frases de apoyo que se viralizan en momentos críticos, como elecciones presidenciales o manifestaciones masivas. Aunque miles de internautas comparten estas consignas, su acción se limita solo a eso; no salen a marchar, no se organizan ni participan activamente en las peticiones ciudadanas.
Este “activismo” virtual, produce una falsa sensación de participación y logro; sus promotores simplemente sustituyen el compromiso verdadero por la comodidad, provocando que la lucha por causas fundamentales, como la violencia de género, la crisis climática, y la seguridad en el país, estén desprovistas de una raíz real y transformadora, limitándose a la esfera digital.
Además, el slacktivismo abre la puerta a la manipulación política. Algunos partidos se aprovechan de esta tendencia para posicionar campañas que apelan al sentimentalismo más que a la acción, reduciendo la acción a eslóganes emocionales y virales, en vez de impulsar la participación ciudadana informada y real.
Ejemplo de ello son hashtags como #NiUnaMenos o cambiar la foto de perfil por un moño morado, el 8M, pero sin garantizar el cumplimiento de las leyes contra la violencia de género ni conseguir avances reales contra las alertas que hay en decenas de municipios del país. Destaca también el pronunciamiento de los institutos políticos luego de tragedias o desastres naturales, como el colapso de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, en el 2021.
GUERRA SUCIA DE LAS ‘FAKE NEWS’ AMENAZA PARA UNA SOCIEDAD CRÍTICA Y LIBRE
En México, las ‘fake news’, o noticias falsas, proliferan durante los procesos políticos en las redes sociales, influyendo en la opinión pública y distorsionando la realidad del país
A pesar de los beneficios, el uso de redes sociales en la política también atañe desafíos. El recién fallecido escritor Mario Vargas Llosa lanzó, en 2011, una advertencia sobre el impacto de la era digital en la cultura contemporánea. Para él, lo que debía ser una herramienta para la comunicación se convirtió en una extensión del propio cuerpo humano, alterando la manera de pensar y aprender.
En su perspectiva, las redes sociales (RRSS) constituían una amenaza al desarrollo de una sociedad crítica y libre. La propagación de la desinformación y la manipulación de la opinión pública son, o deberían ser, preocupaciones constantes. Además, la saturación de contenido entorpece la identificación de información veraz y relevante.
El estudio ‘Impacto de las redes sociales en la percepción ciudadana sobre la compra del voto en México’, publicado en la ‘Revista Mexicana de Opinión Pública’ en 2020, señaló que, aunque las redes sociales tienen una repercusión significativa en la percepción ciudadana sobre prácticas como la compra de votos, también pueden ser utilizadas para difundir información falsa; por ello subraya la necesidad de la alfabetización digital y del combate a la desinformación.
En México, las ‘fake news’, o noticias falsas, proliferan durante los procesos políticos en las redes sociales, influyendo en la opinión pública y distorsionando la realidad del país.
Durante la campaña electoral del 2024, estas jugaron un papel destacado. Uno de los casos más notorios fue un video en el que aparecía la entonces candidata presidencial Claudia Sheinbaum promoviendo un esquema piramidal. Este tipo de contenido, generado mediante ‘inteligencia artificial’, tenía la intención de manipular la percepción de los votantes y mermar la credibilidad de la aspirante. Otro ejemplo fue la circulación de mensajes en ‘WhatsApp’ que afirmaban erróneamente que los simpatizantes de Morena debían votar el 3 de junio en lugar del 2, fecha real de la elección.
Las noticias falsas no solo afectan a los políticos, sino también a la percepción e información pública en general. Ejemplo de ello fue una noticia que circuló en redes sociales a principios de este abril, que afirmaba que México enfrentaba una “epidemia de VIH” con miles de nuevos casos en cada entidad federativa. La información fue desmentida por la Secretaría de Salud federal que, por lo contrario, reportó una reducción en las cifras del 2024 respecto a años anteriores.
La propagación de ‘fake news’ amenazan la democracia y la libre elección en México. Es fundamental que las autoridades, los medios de comunicación y la sociedad civil trabajen conjuntamente para identificar y combatir la desinformación.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha lanzado alertas sobre la proliferación de noticias falsas durante los periodos electorales, señalando que buscan desinformar y desalentar la participación ciudadana; asimismo, insta a las autoridades a investigar y sancionar estos actos y a implementar mecanismos para prevenirlos. Sin embargo, los expertos señalan que el Instituto Nacional Electoral (INE) carece de recursos económicos y técnicos para controlar la difusión masiva de ‘fake news’ creadas con inteligencia artificial, así como el uso de ‘bots’ para difundir mensajes negativos durante los periodos electorales.
Esto no significa que las redes sociales no tengan un valor político. Al contrario, pueden ser herramientas poderosas de organización y denuncia. Pero si no se acompañan de movilización, educación cívica y participación activa, corren el riesgo de convertirse en un ruido superficial que debilite la democracia en vez de fortalecerla.
La integración de las RRSS en la política mexicana es irreversible; incluso es posible que surjan nuevas plataformas a medida que la tecnología avanza, por lo que es esencial que tanto políticos como ciudadanos las tomen con responsabilidad y criterio crítico.
La transparencia, la ética y la participación informada, consciente y real deben ser los pilares fundamentales de la política digital, de lo contrario no se podría hablar de un verdadero compromiso, ni de parte de los actores políticos ni de la sociedad, y la democracia pendería de un hilo.
COMPARTIR NO BASTA
En México, donde el abstencionismo electoral sigue siendo alto y la desconfianza hacia las instituciones es profunda, el activismo debe ir más allá de las pantallas. Compartir no basta. La transformación se debe construir con acción colectiva, calle, compromiso y presencia.
Por otra parte, la sobrecarga de información también tiene efectos adversos. Nunca habíamos tenido acceso tan fácil e inmediato a todo tipo de noticias y hechos, lo que no significa que estemos mejor informados.
El entorno facilita la difusión de noticias falsas, teorías conspirativas y discursos de odio. Esto conlleva efectos adversos como la superficialidad y la fatiga mental; además, los algoritmos están diseñados para mostrar lo que nos gusta, favoreciendo los sesgos y limitando la diversidad en los puntos de vista.
Por ello, urge la alfabetización digital, la cual no se limita a tener al alcance y saber manejar una computadora o un teléfono inteligente. Atañe también la capacidad de reconocer fuentes confiables y veraces, detectar noticias falsas, distinguir entre hechos y opiniones y generar información de manera crítica y responsable.
Aunque ésta debería ser tan importante como saber leer y escribir, sigue siendo desigual en el territorio mexicano. Destacan las brechas generacionales, geográficas y de clases sociales, lo que agrava la vulnerabilidad de ciertos sectores.
En la era digital México está en un punto de quiebre en el que urge tomar directrices y acciones para garantizar la alfabetización digital, o se corre el riesgo de perpetuar la sociedad fragmentada y corta de vista. Basta recordar lo que Saramago destacó en su ‘Ensayo sobre la ceguera’: “Creo que estamos ciegos, (…) ciegos que, viendo, no ven”. Nos queda apelar al equilibrio.
