por EDGAR FERNANDO CRUZ
México vive la consolidación de un nuevo régimen político e ideológico. Tras décadas de neoliberalismo y vacío moral, la 4T encarna un cambio de rumbo que busca la justicia social y el equilibrio histórico.
Los cambios de siglo son, por naturaleza, épocas de profunda transformación en todos los ámbitos sociales. El siglo XX quedó atrás con su legado de guerras infernales y un acomodo ideológico mundial que, hoy, se encuentra en pedazos.
México, como parte de este crisol global, ha buscado su propio camino, añorando un proyecto político que, desde los ecos de Zapata, procure el equilibrio social. Intentamos el camino de las sirenas socialistas, que fracasaron. Luego, en las últimas cinco décadas, nos entregamos al sistema que los tecnócratas llamaron neoliberalismo. Este modelo también colapsó, dejando tras de sí millones de pobres y una polarización social rampante: unos cuantos ricos y poderosos frente a millones en situación de pobreza y hambruna. Las crisis del siglo XX aún no terminan de resolverse.
El vacío ideológico y la búsqueda fallida
El anhelo de cambio llevó a la sociedad mexicana a buscar la alternancia en el 2000 con Vicente Fox, un empresario que, sin embargo, no logró comprender las ideologías ni los ecos de las políticas económicas, inmerso como estaba en una clase política formada bajo el pensamiento teórico de Yale o Harvard.
En 2006, la cúpula del PAN defraudó la incipiente democracia, seguida por la búsqueda de legitimación de Calderón a través del cruento enfrentamiento bélico contra el narcotráfico. A inicios de siglo, simplemente no había una ideología consistente.
El regreso del PRI con Peña Nieto fue la cumbre de la catástrofe y el vacío. Su sexenio evidenció la incoherencia de un proyecto político frente a los millones de pobres extremos arrojados por el neoliberalismo, una realidad probada por los datos duros del INEGI.
En este contexto de reacomodo ideológico, surge una paradoja sardónica: Televisa, el medio televisivo más poderoso de México y uno de los principales del planeta por su penetración histórica y su historial monopólico, ahora busca credibilidad.
La empresa ha lanzado una edición de archivos históricos para documentar la enorme corrupción del PRI. La tesis central de su documental es que el PRI se envenenó de poder y se autodestruyó en esa lucha.
Se trata de un trabajo de edición y editorialización irónico e hilarante, la serie retrata a la televisora tratando de lavar sus culpas o complicidades. El sarcasmo reside en que la producción poco abunda en la sociedad económica que la propia televisora formó con el poder ejecutivo.
Televisa fue una empresa históricamente alineada con el presidente; no olvidemos la icónica frase de su dueño, Emilio Azcárraga: “Soy un soldado más del PRI”.
Ver a la televisora manipular un nuevo manejo de las imágenes (siendo todas verídicas), sin reconocer su alianza cómplice en la manipulación de la información y la opinión pública, es el colmo del cinismo.
Sin duda, Televisa busca congraciarse con el nuevo poder con una retórica cínica. Pero, a fin de cuentas, este ejercicio editorial ayuda a convocar al funeral de un partido en estado de muerte, facilitando, desde la trinchera mediática, la consolidación del nuevo régimen.
Ya entrado el siglo XXI, y transcurrido su primer cuarto, el reciente discurso de la Jefa del Poder Ejecutivo, Claudia Sheinbaum, apuntaló el cambio político, de régimen y de sistema.
Este cambio busca la congruencia con el ser humano en las peores condiciones para impulsar la movilidad social. Más allá del abrazo al fundador, Andrés Manuel López Obrador ha sido el arquitecto ideológico de la 4T, construyendo el puente para pasar de la llamada “derecha extrema de una clase media aspiracional” a la conciencia de equilibrio que prioriza a los más vulnerables.
López Obrador buscó contrarrestar el sistema de siglos, rescatando a los trabajadores y campesinos explotados. El movimiento, como lo afirma la Presidenta, se consolida y toma rumbo.
Con más del 70 por ciento de aceptación a este ejercicio de gobierno, según diversas encuestas, se confirma que la gestación ha culminado: siete años y el movimiento se consolida.
El cambio de régimen ideológico enfrenta, además, tres retos fundamentales:
La economía y la geopolítica: La economía local y su compleja relación comercial con Estados Unidos y China.
Seguridad y corrupción: El combate a la seguridad interna debe ser quirúrgico, acompañado del desmantelamiento de la corrupción política en todas las esferas, sin importar su alta jerarquía.
La deuda social: La erradicación de la pobreza extrema, especialmente la de niños sin acceso a la educación y en situación de hambre.
De cualquier forma, el parto ideológico ya se dio. Siete años de gestación han culminado en el nacimiento de un nuevo proyecto. Ahora, la tarea pendiente es igual de demandante: hay que amamantarlo y educar
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 12 DE REVISTA GUINDA

