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Lo nuevo que viene de lo viejo: SomosMX y el reacomodo del sistema político mexicano

Hak Guinda Por Hak Guinda
octubre 13, 2026
in Impreso
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Lo nuevo que viene de lo viejo: SomosMX y el reacomodo del sistema político mexicano

El 22 de enero de 2025, en el Centro de Convenciones de Tlatelolco, un grupo de políticos con décadas de trayectoria en los partidos tradicionales mexicanos presentó ante el Instituto Nacional Electoral una organización llamada Somos México. El acto estuvo cargado de referencias a la ciudadanía, la democracia y la renovación. El color rosa —el mismo que tiñó las marchas en defensa del INE en 2022 y 2023— flameó como estandarte de una nueva etapa. Guadalupe Acosta Naranjo, fundador y expresidente nacional del PRD, subió al templete. Gustavo Madero, exdirigente del PAN, también. Cecilia Soto, excandidata presidencial del PT en 1994, apareció entre los cuadros fundadores. Enrique de la Madrid, exsecretario de Turismo del gobierno de Enrique Peña Nieto, prestó su nombre al proyecto. Y Emilio Álvarez Icaza, exsenador independiente y exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quedó al frente del Consejo Nacional.

La pregunta que ese acto dejó suspendida en el aire no era si el partido conseguiría su registro —proceso que todavía está en curso y cuyo fallo el INE debe emitir antes del 25 de junio de 2026— sino otra más incómoda: ¿qué tan nueva es realmente esta fuerza política?

SomosMX no es completamente una ruptura ni completamente una continuidad. Es, más bien, un intento híbrido de adaptación política en un sistema en transformación, donde lo supuestamente nuevo depende de estructuras viejas para existir. Eso no lo invalida. Pero sí obliga a leerlo con más cuidado que el que suelen merecer los discursos fundacionales.

El árbol genealógico de un partido pretendido ciudadano

Para entender SomosMX hay que rastrear su origen hasta las marchas de 2022 en defensa del INE. Cientos de miles de personas salieron a las calles —primero en febrero, luego en varias oleadas— con la consigna de frenar la reforma electoral que impulsaba Andrés Manuel López Obrador. Esas movilizaciones, bautizadas como “Marea Rosa” por el color que las identificó, fueron el sustrato ciudadano más amplio que la oposición había congregado en años. Ahí germinó la semilla de lo que después sería SomosMX.

Pero entre la Marea Rosa y el partido hay una distancia que vale la pena medir. Las marchas convocaron a cientos de miles de personas sin filiación política declarada, muchas de ellas ajenas a los partidos tradicionales y molestas precisamente con ellos. El partido que surgió de ese impulso quedó encabezado por políticos profesionales con décadas de carné partidista en la bolsa.

Acosta Naranjo fue fundador del PRD, presidente nacional de ese partido y presidente de la Cámara de Diputados entre 2011 y 2012. Gustavo Madero dirigió el PAN de 2010 a 2014. Cecilia Soto fue candidata presidencial en 1994 abanderada por el PT. Fernando Belaunzarán pasó por el PRD y el PAN. Emilio Álvarez Icaza militó en el PRD antes de ocupar cargos internacionales. Enrique de la Madrid tuvo su carrera en el PRI y ocupó la Secretaría de Turismo en el gobierno de Peña Nieto.

El Consejo Consultivo que acompaña a esta dirigencia tampoco escasea en apellidos reconocibles: Lorenzo Córdova, expresidente del INE; Margarita Ríos Farjat, José Ramón Cosío y Javier Laynez, tres exministros de la Suprema Corte; el excanciller Jorge Castañeda; los exgobernadores panistas Ernesto Ruffo y Carlos Medina Plascencia; Edmundo Jacobo Molina, exsecretario ejecutivo del INE; y Marco Antonio Baños, exconsejero electoral, entre otras figuras.

No es un dato menor. México tiene un expediente largo y antiguo de proyectos que prometieron renovación y terminaron recirculando las mismas élites. El Partido Nueva Alianza, fundado en 2005 como brazo político del SNTE, duró hasta 2018 antes de perder su registro. El Partido Humanista, el Partido Socialdemócrata, el Partido Liberal Mexicano, el Partido de la Sociedad Nacionalista: todos levantaron banderas de novedad y todos desaparecieron sin haber dejado una huella sustantiva. Más cerca en el tiempo, el Partido Encuentro Social y su reencarnación, Encuentro Solidario, perdieron dos veces su registro antes de intentarlo de nuevo bajo el nombre de Construyendo Sociedades de Paz, otra organización que hoy compite con SomosMX por obtener registro para 2027.

El hartazgo y la oportunidad

Los partidos no nacen en el vacío. Nacen en contextos, y el contexto que rodea a SomosMX es el de un sistema político mexicano que está crujiendo en varios puntos al mismo tiempo.

El PRI, que dominó la vida política del país durante siete décadas, llegó a las elecciones de 2024 sin candidato propio a la presidencia por primera vez en su historia, sumado en una alianza subordinada con el PAN y el PRD. Terminó ese proceso con su dirigencia fracturada y su electorado disperso. El PAN, que fue la primera fuerza opositora durante los años del foxismo y el calderonismo, no ha logrado reconstituirse como referente desde la derrota de 2018. El PRD, otrora partido de izquierda democrática y semillero de una generación de políticos, perdió su registro en 2024 tras obtener menos del 3% de los votos. Tres partidos que durante décadas estructuraron la competencia política mexicana hoy son sombras de lo que fueron.

Morena, por su parte, domina el mapa electoral con una mayoría en el Congreso que le permite legislar sin necesidad de negociar. Claudia Sheinbaum inició su gobierno en octubre de 2024 con más poder institucional del que tuvo su antecesor en su mejor momento. Esa hegemonía tiene un efecto paradójico: al mismo tiempo que achica el espacio para la oposición, crea la necesidad de que exista.

SomosMX apunta exactamente a ese hueco. La organización se reivindica socialdemócrata, dice no ser ni de izquierda ni de derecha —”somos de derechos, somos de causas”— y busca capturar a los electores que no se sienten representados ni por Morena ni por los partidos tradicionales. Según Álvarez Icaza, ese espacio es vasto: millones de personas que acompañaron las marchas ciudadanas de los últimos años pero que nunca encontraron en los partidos existentes un hogar político cómodo.

¿Qué propone SomosMX?

La declaración de principios de SomosMX es un documento que conviene leer con atención, no por lo que dice sino por cómo lo dice. “Nuestra finalidad es consolidar un México democrático, soberano, justo, inclusivo y comprometido con el Estado de Derecho, la división de poderes, el federalismo, los contrapesos, los órganos autónomos, los derechos humanos y el bienestar de toda la ciudadanía”, reza el texto fundacional.

No hay en esa frase ninguna proposición que un miembro del PAN, del PRD, del PRI o del propio Movimiento Ciudadano rechazaría. Es un catálogo de valores democráticos estándar, el tipo de formulación que sirve para sumar sin comprometer. Lo que brilla por su ausencia es precisamente lo que distinguiría a un proyecto político de otro: propuestas concretas sobre el modelo económico, sobre el papel del Estado en la redistribución del ingreso, sobre seguridad pública, sobre el sistema de pensiones, sobre la política energética.

En la asamblea constitutiva, Acosta Naranjo planteó que “la lucha central no es entre derechas e izquierdas sino entre demócratas y autoritarios”. La frase tiene gancho retórico. También tiene un problema: al disolver el eje ideológico en uno moral, el partido evita tomar postura en los debates que más dividen a la ciudadanía mexicana. ¿SomosMX está a favor de revertir la reforma energética? ¿De mantener los programas sociales de Morena? ¿De una política fiscal redistributiva? Sobre esas preguntas, el silencio es elocuente.

Hay, sin embargo, algunos elementos de diseño institucional que distinguen al proyecto. Los estatutos de SomosMX establecen que ningún integrante de la dirigencia podrá ser candidato a cargo de elección popular. Los candidatos surgirán de elecciones primarias, no de designaciones cupulares. Hay una cuota fija de representación juvenil en consejos y candidaturas. Estas son reglas que, si se cumplen, marcan una diferencia real respecto al funcionamiento habitual de los partidos mexicanos. Si se cumplen.

Lo que sí es verificable ahora es la capacidad organizativa. La asociación civil “Personas Sumando en 2025”, nombre formal del proyecto antes de convertirse en partido, completó 246 asambleas distritales válidas según el INE, superando el mínimo de 200. Registró más de 310 mil afiliaciones. Celebró su asamblea nacional el 21 de febrero de 2026 con 638 delegados de 159 distritos presentes, y ese mismo día presentó su solicitud formal de registro. El INE tiene hasta el 25 de junio de 2026 para emitir su fallo; si el registro procede, cobrará efecto legal el 1 de julio.

La tensión que no se resolverá sola

Hay dos lecturas posibles de SomosMX y ambas tienen sustento.

La primera: estamos ante un reciclaje estratégico de actores políticos que, tras quedar desplazados del equilibrio de poder por el ascenso de Morena y la disolución de sus propias siglas, encontraron en la Marea Rosa un vehículo para reposicionarse. Los perredistas sin partido, los panistas moderados sin lugar en la derecha dura, los tecnócratas priistas sin régimen que los cobije: todos convergen en un proyecto que les devuelve relevancia sin pedirles que rindan cuentas de sus trayectorias previas. El discurso ciudadano sería, en esta lectura, la envoltura nueva de un contenido viejo.

La segunda: estamos ante un intento genuino —aunque imperfecto— de construir una alternativa en un sistema donde la oposición se fragmentó y los partidos tradicionales perdieron credibilidad. Que ese intento lo encabecen políticos con experiencia no es necesariamente un defecto; la experiencia en la construcción de organizaciones políticas es un recurso escaso. El hartazgo ciudadano que alimenta el proyecto es real, las marchas que le dieron origen movilizaron a sectores que no habían tenido voz institucional, y la capacidad de completar 246 asambleas en 300 distritos —en condiciones que la propia organización describió como adversas en varios estados— no se improvisa.

Lo más probable es que ambas lecturas sean parcialmente correctas.

SomosMX es un partido que necesita las redes, los recursos y las trayectorias de los políticos profesionales para existir, y que al mismo tiempo depende del descontento ciudadano para justificar su existencia. Esa tensión no es accidental: es constitutiva del proyecto. El partido necesita a Acosta Naranjo para tener credibilidad organizativa; Acosta Naranjo necesita al partido para tener relevancia política. Los ciudadanos que marcharon con el pañuelo rosa necesitan un vehículo electoral; el vehículo necesita su energía para no reducirse a un club de políticos reciclados.

El registro no es el destino

El INE tiene hasta el 25 de junio para decidir si SomosMX obtiene su registro como partido político nacional. Si la resolución es favorable, el partido debutará en las elecciones de 2027, cuando se renueve la Cámara de Diputados y se disputen varias gubernaturas.

Un partido que nació de las marchas pero que lo dirigen quienes durante décadas edificaron los partidos que hoy critican. Un proyecto que promete primarias abiertas pero que ya tiene un presidente electo por un cuerpo de delegados. Una organización que dice no tener ideología de izquierda ni de derecha pero que acumula en su Consejo Consultivo a ex gobernadores panistas, ex priistas moderados y ex perredistas de la primera generación.

SomosMX es, en ese sentido, un espejo fiel del momento político que atraviesa México: un sistema donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer, donde los actores se reposicionan sin rendir cuentas de sus posiciones anteriores, y donde el ciudadano que quiere algo diferente sigue buscando entre opciones que se parecen más entre sí de lo que cualquiera de ellas admite.

ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 18 DE REVISTA GUINDA 

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