Víctor Rodríguez Padilla dejó la dirección general de Petróleos Mexicanos el 13 de mayo tras 18 meses de gestión. Juan Carlos Carpio Fragoso, su sustituto, llega desde las finanzas internas de la empresa con el respaldo directo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Un relevo esperado
Víctor Rodríguez Padilla llegó a Petróleos Mexicanos a finales de 2024 con un acuerdo particular: él mismo fijó la duración de su gestión. Cuando Claudia Sheinbaum lo invitó a dirigir la empresa más grande del país, Rodríguez dudó. Tenía compromisos con la academia —la Facultad de Ingeniería de la UNAM— y no deseaba dejar ese aspecto profesional de largo. Aceptó con la condición de que a los 18 meses podía regresar a la cátedra. La presidenta aceptó.
Ese plazo venció el 13 de mayo de 2026. Rodríguez llegó a Palacio Nacional pasadas las dos de la tarde, en motocicleta, sin hablar con los periodistas que lo esperaban. Adentro, la presidenta aceptó su renuncia y anunció a Juan Carlos Carpio Fragoso como nuevo director. La escena tuvo la textura de un trámite. El comunicado fue un video en redes sociales.
Sheinbaum agradeció a Rodríguez y describió su gestión como sobresaliente. Lo movió al Instituto de Electricidad y Energías Limpias de la Comisión Federal de Electricidad, un espacio que cuadra con su perfil académico. Un relevo a todas luces terso.
Quién es Juan Carlos Carpio Fragoso
Juan Carlos Carpio Fragoso no viene del subsuelo. Su especialidad no es la geología ni la ingeniería de yacimientos: es la gestión financiera del sector público. Economista por la UNAM, con maestría en gerencia pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), su trayectoria en la administración pública federal arranca desde 2007 según su declaración patrimonial.
Su vínculo con el círculo cercano a Sheinbaum viene de antes de Pemex. Trabajó en la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México durante los años en que Sheinbaum gobernó la capital. Lo conoce, le tiene confianza y fe, y mejor aún: sabe cómo se manejan los números de la empresa del Estado.
En Pemex ocupó durante año y medio la dirección corporativa de Finanzas. Desde ahí cargó con las negociaciones más delicadas de la deuda de la empresa: los bonos precapitalizados, los acuerdos con Hacienda, los arreglos con Banobras para aligerar los pasivos históricos. Se puede incluso que conoce mejor los estados financieros de PEMEX que las salas de juntas de la Torre de la colonia Anzures.
En sus primeras declaraciones como director, Carpio prometió enfocar sus actividades cien por ciento a fortalecer la empresa y a consolidar la soberanía energética del país. Dijo que, con autorización de la presidenta, buscaría retomar el trabajo directo con los trabajadores en campo. Se presentó como parte del equipo del gobierno actual y agradeció la confianza depositada. Fue un mensaje sin dramatismo ni aspavientos.
El perfil es claro: se preferirá a quienes ya hayan trabajado con la presidenta en la Ciudad de México a quienes tengan méritos suficientes pero no su confianza.
Sheinbaum lo avaló públicamente con tres argumentos: que conoce todos los proyectos de la empresa, que tiene honestidad, y que cuenta con el respaldo de Luz Elena González Escobar, secretaria de Energía. Los tres criterios apuntan en la misma dirección: control político sobre el brazo financiero de la política energética.
Luz Elena González: dominio completo del tablero
Entender el relevo en Pemex sin entender el papel de Luz Elena González Escobar es perder la mitad del cuadro. La secretaria de Energía opera como el pivote real de la reconfiguración del sector energético desde 2024. No administra: diseña. Teje la red de funcionarios que llenan los puestos con mayor peso financiero y operativo en Pemex y en la Comisión Federal de Electricidad.
Su preferencia es clara: perfiles que ya trabajaron con Sheinbaum en la capital, con énfasis en finanzas públicas sobre experiencia técnica. Carpio encaja en ese molde mejor que nadie. González también fue quien coordinó en febrero de 2026 el reporte de avances de la empresa: capacidad de refinación duplicada respecto a 2018, petroquímica crecida más de 20%, deuda recortada casi 20 por ciento.
Su postura ante la inversión privada no es de rechazo abierto, pero sí condicional: primero Pemex y la CFE sólidos, después el capital externo. Esa jerarquía define quién manda en el sector y quién espera turno. Para González, la rectoría del Estado no está en disputa; lo que se negocia es cómo sumar capital privado sin ceder el volante.
Sus declaraciones públicas marcan el termómetro político del sector. Cuando habla de logros, habla de integración vertical, de empresas subsidiarias absorbidas, de una Pemex que ya no tiene filiales dispersas. Cuando habla de retos, menciona la producción y las emisiones, nunca la seguridad industrial, aunque esta semana la refinería de Salina Cruz dejó un muerto.
El plan 2025-2035: hoja de ruta
Carpio llega a dirigir una empresa que ya tiene hoja de ruta escrita. El Plan Estratégico 2025-2035 fija los objetivos de largo plazo: producción estabilizada alrededor de 1.8 millones de barriles diarios, integración vertical que reduzca la dependencia de importaciones, apuesta por petroquímica y fertilizantes para sustituir lo que se compra afuera, e instrumentos financieros para aligerar los pasivos históricos.
Para 2026, el gobierno anunció un aumento de 34 por ciento en inversión productiva, con foco en proyectos estratégicos y reducción de emisiones. Los bonos precapitalizados por 12 mil millones de dólares, los apoyos de la Secretaría de Hacienda y los instrumentos de Banobras forman el andamiaje financiero que sostiene ese plan.
Se busca mayor control de la cadena productiva de PEMEX, se ahí los movimientos a su interior buscando más integración entre sus diferentes empresas
Carpio conoce ese andamiaje mejor que nadie: lo construyó desde la dirección de Finanzas. Su nombramiento no cambia el plan; lo pone bajo la autoridad de quien lo diseñó por dentro. Eso tiene una ventaja evidente: continuidad técnica en las negociaciones más delicadas. Y un riesgo que nadie en el gobierno menciona: que quien manejó la hoja de cálculo ahora tenga que tomar decisiones sobre la tubería que alimenta esa hoja de cálculo.
La producción no sube con bonos. Sube con pozos, con mantenimiento, con personal técnico en campo. Carpio prometió retomar el contacto directo con los trabajadores. Veremos si eso es un gesto simbólico de inicio de gestión o el reconocimiento de que la empresa necesita que alguien llegue hasta donde está el crudo.
El perfil de los nombramientos: netamente público
El nombramiento de Carpio no es un caso aislado. Es la expresión más clara del criterio con que el gobierno de Sheinbaum llena los puestos que importan en el sector energético: técnicos con lealtad política probada, no tecnócratas de carrera independiente. El patrón se repite en Pemex y en la CFE. Los perfiles que entran tienen trayectoria compartida con la presidenta, vienen de la administración capitalina, y su expertise es la gestión económica del sector público, no la ingeniería de subsuelo.
Ese criterio tiene lógica política: centraliza el control, reduce la posibilidad de que funcionarios con agendas propias contradigan la hoja de ruta oficial, y facilita la coordinación entre Pemex, la Secretaría de Energía y Hacienda. Lo que cierra es el margen para voces internas que no compartan esa hoja de ruta. En una empresa con los problemas estructurales de Pemex, silenciar el disenso técnico tiene costos que no aparecen en el reporte trimestral.
La desaparición de las filiales, incluyendo el caso de Gasolinas Bienestar —rebautizada en marzo de 2026 como Servicios Logísticos Integrales Mumiya— también responde a esa lógica: menos estructuras paralelas, menos espacios donde pueda acumularse poder fuera de la cadena de mando directa. Mumiya hereda los contratos de exportación, incluyendo los envíos de crudo a Cuba que en 2025 rondaron los 15 mil barriles diarios, pero ya sin el apellido político del sexenio anterior.
La pregunta que ese patrón deja abierta no es si el control político es malo en sí mismo. Es si un economista sin experiencia directa en exploración y producción puede tomar las decisiones correctas cuando Cantarell sigue cayendo, cuando los pozos en aguas profundas exigen inversiones que Pemex difícilmente puede financiar sola, y cuando la transición energética global no espera a que la empresa termine de ordenar sus cuentas.
El proyecto energético de la presidenta Sheinbaum
Claudia Sheinbaum heredó del presidenta Andrés Manuel López Obrador un proyecto energético con dos pilares: soberanía sobre los hidrocarburos y rescate financiero de Pemex. A eso le sumó un tercer pilar que el expresidente nunca terminó de construir: la transición hacia energías limpias. Luz Elena González trabaja en los tres simultáneamente, con acuerdos recientes con la Asociación Mexicana de Energía Solar para avanzar en fotovoltaica y con compromisos de reducción de emisiones que el propio Plan Estratégico de Pemex incluye.
El problema es que esos tres pilares soportan estructuras diferentes. Sostener la producción petrolera para financiar el Estado requiere seguir perforando. Reducir emisiones requiere perforar menos o compensar más. Abrir espacio a la inversión privada en renovables requiere admitir que el Estado solo no alcanza. El gobierno maneja esa tensión con la misma herramienta que usa para todo: centralización del mando y comunicación controlada.
El nombramiento de Carpio refuerza esa lógica. Un director que viene de las finanzas internas, que conoce los números y que tiene la confianza directa de la presidenta no va a contradecir públicamente la hoja de ruta oficial. Va a ejecutarla. Si la hoja de ruta está bien diseñada, eso es una ventaja. Si tiene fallas estructurales que solo se notan en campo, la centralización puede tardar en detectarlas.
El precio del petróleo no espera decisiones de gabinete. A casi mediados de mayo de 2026, el Brent cotizaba por debajo de los 80 dólares por barril, con presiones a la baja por el exceso de oferta global y la desaceleración de la demanda china. Si ese precio cae antes de que el plan 2025-2035 madure —antes de que la producción suba, antes de que la deuda baje más, antes de que la petroquímica sustituya importaciones—, el margen de maniobra de Carpio se estrecha antes de que pueda demostrar que puede manejarlo.
El timing
Rodríguez Padilla salió en moto sin hablar con la prensa. Carpio llegó con promesas en campo y control de finanzas. La presidenta Sheinbaum cerró el discurso con un video en redes y una conferencia matutina al día siguiente. El Sindicato emitió una pronta felicitación.
Lo que queda sin resolver no cabe en un comunicado. La producción está por debajo de la meta. La deuda, aunque menor, sigue siendo la carga más pesada del sector energético latinoamericano.
Pemex cambió de director sin cambiar de rumbo. El plan 2025-2035 tiene varios años por delante. El país mientras tanto, espera cuál será el siguiente movimiento de PEMEX.

