La FGR está ante un quiebre: puede volverse autónoma y eficaz, quedar como fachada mediática o estancarse en éxitos parciales que dejen intactas las redes de impunidad.
En el corazón de la política mexicana, donde las pasiones e ideologías suelen chocar con los intereses económicos y los poderes fácticos, una figura tiende a destacar entre el bullicio y las negociaciones a puerta cerrada. La senadora Lilly Téllez se ha convertido en lo más parecido a un símbolo para que la desteñida oposición mexicana enfrente un proyecto de nación que, por lo menos en el papel, cuenta con lo necesario para estar al mando por generaciones. Su presencia en el Senado genera fervor entre quienes ven en ella una defensora inquebrantable de la libertad y la justicia, pero también el desprecio entre sus adversarios, quienes la acusan desde priorizar el show sobre el consenso, hasta de alta traición.
Sin embargo, su ascenso también pone en relieve las grietas del bloque opositor: la fragmentación y total incapacidad de articular algo similar a una resistencia sólida frente al bloque oficialista liderado por Morena.
México es un país en donde el partido en el poder domina el Congreso y el relato público, merced a la mayoría calificada obtenida en las elecciones de 2024, con 364 de 500 escaños en la Cámara de Diputados y 85 de 128 en el Senado. Esta hegemonía deja a la oposición con un margen de maniobra mínimo, reducido a poco más de un tercio del poder legislativo. Entonces, la pregunta truena con fuerza en el debate nacional: ¿puede una oposición así de rota ejercer un contrapeso real, o el dominio de Morena se consolidará sin obstáculos, permitiendo reformas constitucionales a placer y gusto? Analistas como Carlos Bravo Regidor, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), argumentan que, sin una narrativa común y un proyecto claro, la oposición se condena a la irrelevancia. En este contexto, Téllez emerge no solo como una voz disidente, sino como un catalizador de debate, capaz de exponer críticas feroces que exponen las vulnerabilidades del sistema a la población… críticas de las que la oposición por supuesto que no se salva.
La voz que divide: de las noticias al Senado
Lilly Téllez no es una figura nueva en el escenario mexicano. Antes de irrumpir en la política, construyó una carrera sólida como periodista, conocida por su estilo incisivo y su capacidad para conectar con las audiencias a través de investigaciones que destapaban corrupción y abusos de poder. Su trayectoria comenzó a los 17 años en el Canal 6 de Hermosillo, Sonora, donde se formó como reportera y conductora de noticieros, recibiendo el Premio Estatal de Periodismo en 1992. En 1994, se unió a TV Azteca, donde se convirtió en la primera mujer titular de un noticiero matutino, conduciendo “Hechos” y especializándose en periodismo de investigación. Sus reportajes sobre temas sensibles, como crimen organizado, narcotráfico y corrupción gubernamental, levantaban ámpula y la posicionaban como una voz crítica en un medio ambiente hostil de finales de siglo.
¿Qué tanto? Lo suficiente para sufrir un atentado el 22 de junio de 2000, a escasos días de haber presentado dos documentales sobre el alcoholismo y la presunta corrupción del entonces procurador de Justicia del Distrito Federal, Samuel del Villar. En el periodismo existe la conseja de que los problemas personales de ese tipo no se ventilan públicamente a menos que afecten notoriamente el desempeño de quienes lo padecen y ostentan un cargo público. Para TV Azteca, que desde el asesinato de Paco Stanley vivía en conflicto con la impartición de justicia en la capital, le resultaba obvio que el procurador estaba sobrepasado por su situación, así que Lilly Téllez se encargó de documentarlo en reportajes que expusieron fallas en investigaciones clave y la forma en que el autoinfligido mal estado de salud de procurador resultaba factor, incluyendo —faltaba más— el mismo asesinato de Paco Stanley. No por nada los reportajes fueron titulados Sammy Botellas.
La consecuencia: múltiples balas de calibre .40 fueron disparadas contra su camioneta y la de su escolta, dejando un total de 22 impactos en los vehículos; Téllez resultó ilesa, aunque su chofer y escoltas sufrieron heridas. El incidente, ocurrido bajo un paso a desnivel de Periférico Sur en la Ciudad de México, fue investigado por la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), que concluyó que fue un ataque directo contra su persona. Hasta la fecha, el autor intelectual no ha sido identificado, y Téllez lo atribuyó a represalias por su labor periodística.
Este atentado la catapultó a la escena internacional: fue la única reportera de América entre 45 corresponsales de guerra en una conferencia en la Cancillería Alemana en Berlín, donde dio testimonio sobre los riesgos del periodismo en México, recibiendo apoyo de la ONU, la OSCE y el Consejo Europeo. En 2000, fue candidata al Premio Mundial de Periodismo de la UNESCO, y en 2007 recibió el Premio Antena de la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión (CIRT) por su trayectoria.
Tras el atentado, Téllez continuó su carrera, encabezó proyectos como “Diagnóstico Reservado” en Proyecto 40 en 2010, y en 2015 incursionó en medios digitales con diversas videocolumnas. Su enfoque en temas de corrupción incluyó los casos Colosio, Ruiz Massieu, FOBAPROA y Paulette, lo que la consolidó como una periodista de alto impacto mediático.
Casada con Jesús Tueme y madre de Leonardo Julián, Téllez ha equilibrado su vida personal con una vocación pública marcada por la denuncia. En 2017, con 50 años de edad, dio un giro sorpresivo al aceptar la invitación de Andrés Manuel López Obrador para ser candidata al Senado por Morena en un distrito de Sonora, sin afiliarse al partido. Junto a Alfonso Durazo, logró más de 200,000 votos de ventaja sobre el PRI, asegurando su curul en 2018. Esto resultó sorpresivo, pues ideológicamente parecía no compaginar con el proyecto de nación de López Obrador —similar a lo que se decía entonces de Tatiana Clouthier—, pero su experiencia en denuncia social encajaba con la narrativa anticorrupción de Morena.
Sin embargo, las diferencias ideológicas emergieron pronto. En diciembre de 2019, la Comisión de Justicia de Morena exigió su expulsión por oponerse a la legalización del aborto, viéndola como contraria a los valores del partido. El 14 de abril de 2020, Téllez dejó la fracción parlamentaria de Morena por “diferencias de criterio”, y el 3 de junio se unió al PAN, adoptando una postura de oposición frontal.
Desde entonces, como integrante del Partido Acción Nacional (PAN), ha centrado su labor en temas como la seguridad pública, la soberanía nacional, derechos humanos y una crítica corrosiva al gobierno de López Obrador y su sucesora, Claudia Sheinbaum.
En las elecciones de 2024, buscó la reelección como senadora por Sonora en la fórmula de la coalición Fuerza y Corazón por México (PAN-PRI-PRD), ocupando el segundo lugar, y fue electa para la LXVI Legislatura, que inició el 1 de septiembre de 2024. Su sueldo como senadora es de 151,380.93 pesos brutos mensuales, que dan igual a 105,625.15 pesos netos.
En el Senado, Téllez no pasa desapercibida nunca. Sus intervenciones se vuelven virales de inmediato, combinando datos duros con un tono visceral que resuena en redes sociales, acumulando más de 1 millón de seguidores en X (anteriormente Twitter), con publicaciones que generan miles de interacciones. Un ejemplo reciente: en noviembre de 2024, durante el apartado de Agenda Política, denunció la situación política del país, afirmando que “Morena es el gobierno de los desaparecidos” y vinculando la violencia a alianzas con cárteles. En marzo de 2025, en un debate sobre Teuchitlán, Jalisco, criticó la “asociación de los cárteles con Morena”, politizando la violencia como resultado de “una estrategia electoral aberrante”. En mayo de 2025, solicitó un minuto de silencio por la madre buscadora Carmen Morales y su hijo, asesinados en Jalisco, y cuestionó al senador Adán Augusto López sobre temas de seguridad.
Su estilo, por otro lado, dista mucho de ser unánime. Para sus detractores, Téllez es una figura polarizante que prioriza el show y el golpeteo sobre un diálogo parlamentario: más ruido que soluciones, imprudente y poco dispuesta a dialogar o a realizar concesiones, en ocasiones ni siquiera al resto de su partido. Esto resalta la falta de una estrategia unificada en la oposición, un talón de Aquiles que les impide enfrentar de manera efectiva al “gigante” que representa Morena. En X, sus posts sobre seguridad, como críticas al plan gubernamental calificado de “fracaso rotundo” tras el aumento de violencia en Sinaloa y Guerrero, generan tanto apoyo como rechazo, con acusaciones de simplificar problemas complejos o contar con intereses ocultos tras tales aseveraciones.
Fragmentación opositora: Un panorama desolador
El bloque opositor en México, compuesto principalmente por el PAN, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y los vestigios del Partido de la Revolución Democrática (PRD), enfrenta un panorama desolador que se agudizó tras las elecciones de 2024. Morena y sus aliados —PT y PVEM— consolidaron una mayoría calificada en el Congreso, con 364 escaños en Diputados (de 500) y 85 en el Senado (de 128), según el INE, dejando a la oposición con solo 136 y 43, respectivamente. Esta hegemonía permite al oficialismo aprobar reformas constitucionales sin negociar con el resto de las bancadas, como ocurrió con la judicial (elección popular de jueces) y la energética (fortalecimiento del control estatal sobre CFE y Pemex), aprobadas en 2024 con relativa facilidad pese a los intentos opositores por frenarlas.
La coalición “Va por México” (PAN-PRI-PRD), que en 2021 frenó parcialmente la hegemonía de Morena al recuperar distritos y evitar la mayoría calificada en Diputados, se desmoronó antes de los comicios de 2024 debido a desacuerdos internos. El PAN apostó por la confrontación directa, liderada por figuras como Téllez, mientras el PRI buscó reposicionarse como fuerza moderada, negociando en algunos casos. El PRD perdió su registro nacional al no alcanzar el 3% de la votación requerida, quedando reducido a 2.4-3.1% en Diputados (0-8 curules) y 2-2.7% en Senado (0-3 senadurías).
“La oposición no solo está dividida, sino que carece de una narrativa común”, señalan diferentes analistas. “Sin un proyecto claro, es difícil que puedan ser un contrapeso efectivo”. En las elecciones de 2024, la alianza opositora sumó 16.7 millones de votos (30%), frente a los 20.8 millones de Morena y aliados en 2021 (42.6%), con caídas en PAN (de 8.9 a 9.2 millones, pero fragmentado), PRI y PRD (pérdida de 2.3 millones combinados desde 2018). Movimiento Ciudadano (MC) emergió como tercera fuerza con 27 curules en Diputados, pero sin alianzas sólidas o un mensaje que pueda ir más allá de ser “la nueva oposición” siendo que en ocasiones acompañan las propuestas de Morena.
En estados, Morena pasó de gobernar 4 en 2018 a 24 en 2024, un “tsunami político” que arrasó con bastiones opositores como el Estado de México (PRI) y dejó al PAN con apenas unos pocos reductos como Chihuahua y Querétaro.
El liderazgo cuestionado de Alejandro “Alito” Moreno en el PRI ha acelerado deserciones: militantes abandonan el otrora “partidazo” por Morena, visto como el nuevo “invencible”. Tras un incidente con Gerardo Fernández Noroña, el gobernador de Durango se declaró “claudista”, ilustrando la migración.
En este vacío, Lilly Téllez emerge como una figura que, aunque divisiva, llena un hueco. Su discurso conecta con un electorado que no comulga con la ideología oficial ni con partidos tradicionales, percibidos estos como “desconectados de la realidad”. En X, posts como su crítica a la posición oficial respecto al Fobaproa en mayo de 2025, donde llamó a Morena “bola de corruptos y narcopolíticos”, generaron miles de interacciones. Otro ejemplo: en febrero de 2025, defendió un proyecto de soberanía nacional, acusando a Morena de defender narcotraficantes. Sus palabras resuenan en sectores que ven en ella una resistencia férrea, sin concesiones, aunque generan rechazo entre quienes la tildan de alarmista o, llanamente, “loca”.
Seguridad y soberanía:
el núcleo del debate opositor
La seguridad es, sin duda, el terreno donde Téllez ha centrado su ofensiva más virulenta, convirtiéndolo en el eje de su crítica al gobierno. México enfrenta una crisis de violencia que no cede, con raíces en el narcotráfico y la debilidad institucional del Estado mexicano. Según datos del mismo gobierno, de enero a junio de 2024 se registraron 15,243 homicidios, un descenso interanual del 3% respecto a 2023 (15,082 en el primer semestre), pero el acumulado del sexenio de López Obrador supera los 160,594 hasta mediados de 2023, el más alto registrado, superando el récord anterior que era de 156,066 bajo Peña Nieto. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reportó más de 35,000 homicidios dolosos en 2024, un 3% más que en 2023, con un promedio de 95 diarios; el 73% por armas de fuego. El Instituto para la Economía y la Paz ubica a México en el lugar 138 de 163 en el Índice Global de Paz 2024, con un costo económico de la violencia del 22% del PIB. Los cárteles han ampliado control territorial en Michoacán, Sinaloa y Guerrero, con masacres, bloqueos y fosas clandestinas multiplicándose mientras el gobierno operaba bajo la estrategia de “abrazos, no balazos”.
Téllez ha señalado repetidamente una supuesta militarización como amenaza a la soberanía y los derechos humanos. En mayo de 2025, durante un debate sobre la militarización de la seguridad pública, denunció el rol prominente de las Fuerzas Armadas en tareas civiles: “No podemos permitir que México se convierta en un estado militarizado mientras la violencia se desborda”, afirmó, citando datos del SESNSP. En marzo de 2025, criticó la reforma que extendió el mandato de la Guardia Nacional bajo control militar hasta 2028: “Estamos cediendo el control civil a los militares, y eso no es solo un retroceso democrático, es una hipoteca de nuestra soberanía”. Sus palabras encontraron eco en organizaciones como México Unido Contra la Delincuencia, que advierten riesgos para los derechos humanos, y en posts de X donde se proponía declarar a los cárteles como terroristas. En febrero de 2025, presentó una iniciativa para modificar la Ley de Seguridad Nacional, reconociendo a los cárteles como “combatientes internos y terroristas”, enemigos del Estado.
Como si todo lo anterior fuera poco, en agosto de 2025, Téllez generó una intensa controversia al avalar en la cadena estadounidense de derecha Fox News la colaboración con militares de EU contra cárteles, afirmando que “la mayoría de los mexicanos coincide en declarar a los cárteles como organizaciones terroristas” y que no implicaría invasión, sino una cooperación histórica. Esto provocó acusaciones de “traición a la patria” por prácticamente todas las figuras de Morena, con peticiones de desafuero y más de 370,000 firmas en tres días. Ella replicó que temía por su vida, acusando al gobierno de persecución y aludiendo al “narcogobierno” de Morena. En septiembre de 2025, celebró el compromiso de Sheinbaum con EU para contener la amenaza terrorista, exigiendo romper el “narcopacto”.
Sin embargo, el discurso de Téllez no está exento de críticas. Analistas argumentan que su enfoque ignora la complejidad: “La seguridad no se resuelve con discursos ni culpando al gobierno, sin proponer alternativas viables”. Téllez apela a la indignación, pero carece de planes integrales, como fortalecimiento policial civil o inteligencia. En noviembre de 2024, en la Comisión de Relaciones Exteriores, cuestionó la política exterior de Morena por no priorizar la seguridad. Su liderazgo carismático no consolida a la oposición, sólo profundiza las divisiones, divisiones de las que no está exento el bloque opositor.
¿Es el Congreso una batalla perdida por defecto?
En el Congreso, la oposición enfrenta un serio problema estructural. Con la mayoría calificada de Morena (dos tercios), el oficialismo aprueba reformas sin negociar. En 2024, la judicial —elección popular de jueces, magistrados y ministros— fue avalada en septiembre, pese a protestas por su impacto en la independencia judicial; Téllez la llamó “golpe de Estado” y sugirió refundar la República ante una “Corte ilegítima” en septiembre de 2025. La energética, aprobada en octubre de 2024, fortaleció el control estatal sobre CFE y Pemex, cambiando su estatus a “empresas públicas” para priorizar soberanía energética; opositores como Téllez advirtieron que ahuyenta la inversión y frena la transición renovable. En diciembre de 2024, presentó un voto particular contra la Ley de Ingresos 2025, acusando a Morena de destruir la modernidad.
En el Senado, donde Téllez es la voz visible y la oposición logra triunfos meramente simbólicos: retrasar debates o visibilizar temas como recortes al INE y Poder Judicial en el presupuesto 2025. Pero la falta de coordinación merma la efectividad. “El PAN quiere ser punta de lanza, pero no todos los senadores están alineados con la confrontación de Téllez”, explican algunos analistas; el PRI negocia, generando desconfianza, la cual ha sido comprobado en demasiadas ocasiones que no es infundada. En marzo de 2024, Téllez denunció que Morena votó contra el equipamiento para policías municipales, “a favor de criminales”. En abril de 2024, rectificó hechos sobre tarifas eléctricas en Sonora, culpando a Morena de rechazar iniciativas. En octubre de 2024, presentó un voto particular contra reformas a áreas estratégicas, diciendo que en conjunto nos encamina a ser “una segunda Venezuela”.
“Es un juego de números”, admite un asesor panista anónimo. “Sin estrategia unificada, la oposición es voz disidente, no contrapeso”. En junio de 2025, por alusiones personales en la Agenda Política, defendió su rol: “No nos cortarán la lengua; Sheinbaum es la reina de las mentiras”.
Soberbia y enajenación; la oposición por ahora está condenada
La oposición cuenta en su contra con un severo tema de actitud: para muchos de sus líderes, Morena es un fenómeno pasajero, una extensión de López Obrador que colapsará sin él, por asumir que su base más fuerte proviene del PRD tribal o de los nacionalistas del PRI, las dos fuerzas políticas que ellos conocen como las más obtusas e ineficaces del panorama político nacional. Pero el “opositor promedio” se distingue precisamente por lo obtuso de su ineficacia; subestiman la resiliencia de Morena y la capacidad que ha comenzado a mostrar la presidenta Sheinbaum para controlar el aparato gubernamental si recurrir a la tutela del expresidente.
Además, la oposición neoliberal cree equivocadamente que el ciudadano volverá al PAN o PRI al cansarse de la “ineficacia” de Morena, ignorando que preferirá mil veces a Movimiento Ciudadano u otros partidos emergentes antes que regresar a los “membretes” que obsequiaron al país cosas como el Fobaproa o la guerra contra el narco de Calderón (120,463 homicidios). Téllez critica esta soberbia: en posts de X, acusa a Morena de “entregar el país a cárteles” y llama a la unidad opositora, con poco éxito, no podría ser otra forma.
La oposición se enfrenta a un dilema existencial
A medida que México avanza hacia el segundo año del sexenio de Claudia Sheinbaum, la oposición enfrenta un dilema existencial: ¿cómo construir un contrapeso frente a un oficialismo apabullante? Las elecciones intermedias de 2027 serán cruciales, con Morena controlando 24 estados y el Congreso. Téllez, con su estilo combativo, mantiene viva la resistencia, pero su polarización profundiza divisiones. “Mientras Téllez hace lo suyo, la derecha, el PAN, duerme”, señaló Juan Ignacio Zavala, analista totalmente identificado con la derecha; no capitalizar su energía, permanecer en el limbo, en la atonía, será mortal para la oposición.
El camino requiere líderes carismáticos, pero con estrategia que trascienda ideologías y egos. Pero, por ahora, Téllez seguirá siendo una voz que clama en el desierto de una oposición rota, pero su capacidad para unir o dividir junto con otras figuras que quieran adherirse a su cruzada personal determinará si el contrapeso político en México tiene esperanzas de sobrevivir.
México es un país con amplias regiones controladas por el crimen organizado y reformas que, en malas manos, podría resultar en una situación en la que figuras como ella podrían catalizar un renacer opositor. Lo opuesto daría lugar a la perpetuación de la fragmentación y, con ella, la trágica caída a la irrelevancia. Todo país democrático necesita de una oposición vigorosa, carecer de una puede resultar en otra que no se exprese por vías políticas.
ARTÍCULO CORRESPONDIENTE A LA EDICIÓN 12 DE REVISTA GUINDA

