El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su partido, el Likud, intensificaron las acusaciones de que las formaciones lideradas por árabes habían “robado” las elecciones de Israel, mientras el escrutinio apuntaba a que su bloque perdería la mayoría en el Parlamento. Las denuncias son señalamientos partidistas y no una conclusión acreditada por las autoridades electorales.
Con alrededor de 90% de los votos contabilizados, las proyecciones situaban al bloque de Netanyahu en 53 escaños, frente a 48 de las fuerzas opositoras encabezadas por Gadi Eisenkot y 19 de los partidos árabes. La Knéset, el Parlamento israelí, está integrada por 120 legisladores y requiere una mayoría de 61 para controlar la Cámara.
¿Qué acusaciones lanzó el Likud sobre las elecciones de Israel?
Aunque el Likud fue la fuerza individual más votada, el partido pidió investigar a las agrupaciones árabes por presuntos sobornos, amenazas, violencia, falsificaciones y uso de programas informáticos prohibidos para movilizar electores. La formación solicitó la intervención de la Policía, del servicio de inteligencia interior Shin Bet y de la Comisión Electoral.
El Likud afirmó en un comunicado que se habían “robado las elecciones” y este jueves añadió acusaciones de financiamiento extranjero a las formaciones árabes. Sin embargo, la información consultada no presenta una determinación oficial que acredite un fraude generalizado.
De acuerdo con versiones de fuentes policiales y electorales citadas por medios israelíes, hasta ese momento no existían pruebas que respaldaran la denuncia de una manipulación capaz de comprometer la integridad general de la votación.
¿Qué dicen las autoridades electorales sobre las acusaciones de fraude?
El director de la Comisión Electoral israelí, Dean Livne, rechazó las afirmaciones sobre una vulneración sistemática de la integridad electoral y sostuvo que los comicios se realizaron conforme a la ley. La Policía también descartó las acusaciones del Likud y señaló que no existen pruebas que las respalden.
Las acusaciones comenzaron durante la jornada electoral del martes 27 de octubre. Netanyahu difundió entonces un mensaje en el que señaló a la izquierda y a los partidos árabes israelíes de intentar “robar las elecciones”, después de que la Policía detuviera en el Néguev a tres personas sospechosas de intentar comprar votos para el partido islamista Raam.
Las autoridades electorales precisaron que los detenidos fueron arrestados cerca de sus domicilios y que todavía no habían llegado a los centros de votación. También indicaron que se trataba de un caso aislado sujeto a investigación, que no constituye por sí mismo evidencia de una alteración general de los resultados.
¿Por qué son decisivos los partidos árabes en estas elecciones?
Las formaciones encabezadas por árabes alcanzarían en conjunto 19 escaños, una representación histórica que podría resultar determinante para la construcción de una alternativa de gobierno. Representan a una población que constituye aproximadamente una quinta parte de los habitantes de Israel.
El resultado refleja una elevada movilización de la minoría árabe frente al gobierno saliente. No obstante, su mayor presencia parlamentaria no garantiza automáticamente un acuerdo con los partidos opositores: el bloque de Netanyahu ya ha descartado colaborar con esas agrupaciones y las negociaciones para una mayoría alternativa siguen abiertas.
La aritmética parlamentaria muestra por qué su participación cobra relevancia. Con las proyecciones disponibles, los 48 escaños del bloque de Eisenkot y los 19 de las formaciones árabes superarían juntos el umbral de 61, pero esa suma numérica no equivale a una coalición negociada ni a un gobierno constituido.
¿Qué pasa si ningún bloque alcanza la mayoría?
El hecho de que el Likud encabece la votación individual no resuelve la continuidad de Netanyahu. El punto decisivo es si consigue reunir una mayoría con otras fuerzas en una Cámara fragmentada; las proyecciones lo dejaban a ocho escaños de ese objetivo.
Del mismo modo, la pérdida de la mayoría de su bloque no supone su salida inmediata del cargo. Netanyahu continúa como primer ministro mientras se define la conformación del próximo gobierno, en un proceso condicionado por los resultados definitivos y la capacidad de los partidos para pactar.
Hasta la información disponible este jueves, el escenario seguía siendo provisional: los principales reportes coincidían en una distribución de 53 escaños para el bloque de Netanyahu, 48 para el de Eisenkot y 19 para las agrupaciones árabes, pero aún se esperaba la confirmación final del escrutinio por parte de la Knéset. Las acusaciones del Likud tampoco habían derivado en una resolución oficial que invalidara la elección.
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