Ciudad de México, 31 de agosto de 2026. El Gobierno de México puso en marcha a escala nacional “El ABC de las emociones”, una estrategia de atención y prevención en salud mental dirigida principalmente a adolescentes de 14 a 18 años. El programa, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 22 de abril, comenzó su implementación masiva con el arranque del ciclo escolar 2026-2027.
La propuesta busca que las y los estudiantes desarrollen herramientas para reconocer lo que sienten, expresar sus emociones, afrontar situaciones difíciles, identificar señales de alerta y solicitar apoyo antes de que un problema se convierta en una crisis. El Gobierno federal plantea el bienestar emocional como una responsabilidad compartida entre estudiantes, familias, docentes, instituciones educativas y servicios de salud.
Durante la presentación inicial, la Presidencia explicó que la estrategia fue diseñada para jóvenes de entre 14 y 18 años y que contempla acciones dentro y fuera de los planteles. Entre ellas se encuentran materiales educativos, actividades escolares, participación de servidores públicos, brigadas, espacios comunitarios y el fortalecimiento de la Línea de la Vida.
¿Por qué el Gobierno lleva salud mental a las aulas?
La decisión se sustenta en los resultados de la ENCODAT 2025, que incorporó indicadores relacionados con salud mental y permitió observar diferencias importantes entre adolescentes y población adulta.
De acuerdo con los datos difundidos por el Gobierno federal, 10% de las personas de 12 a 17 años presentó malestar psicológico. La proporción fue mayor entre las mujeres, con 13.2%, frente a 6.9% entre los hombres. Además, 3.3% reportó haber tenido ideación suicida durante los 12 meses previos y 18.1% señaló haber estado expuesto a algún tipo de violencia.
La información oficial también señala que la población adolescente presenta niveles superiores a los adultos en distintos indicadores relacionados con malestar psicológico, comportamiento suicida y violencia.
Para las autoridades, estas cifras justifican una política preventiva que no espere a que aparezca una crisis para intervenir. La intención es trasladar parte de la conversación sobre salud mental a un espacio cotidiano: el salón de clases.
La estrategia también incorpora preocupaciones relacionadas con el entorno digital. El Gobierno ha colocado en el debate el tiempo que pasan niñas, niños y adolescentes frente a dispositivos electrónicos, el funcionamiento de las redes sociales, la violencia digital y el efecto que pueden tener determinados hábitos tecnológicos sobre el bienestar.
En agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum vinculó este debate con la necesidad de que las familias hablen sobre el uso de teléfonos, redes sociales y plataformas digitales. La discusión forma parte de una agenda más amplia sobre el impacto de la tecnología en niñas, niños y adolescentes.
Una hora semanal para hablar de emociones
La implementación escolar contempla un espacio semanal de aproximadamente una hora para trabajar contenidos de formación socioemocional. El foco inicial está puesto en tercero de secundaria y todo el bachillerato, particularmente entre jóvenes de 14 a 18 años.
La dinámica no se plantea como una materia tradicional basada en calificaciones. El objetivo es utilizar el aula para realizar ejercicios, lecturas, conversaciones y actividades que permitan identificar emociones y desarrollar herramientas para enfrentarlas.
La subsecretaria de Educación Media Superior, Tania Rodríguez Mora, explicó que el enfoque es preventivo, comunitario y territorial. La intención, indicó, es que las escuelas funcionen como espacios donde adolescentes puedan hablar de aquello que les preocupa y fortalecer sus vínculos con compañeros, familias y adultos.
Los contenidos abarcan aspectos relacionados con la salud mental, el reconocimiento y cuidado de las emociones, la convivencia, el momento adecuado para pedir ayuda, el uso responsable de dispositivos tecnológicos y la relación con redes sociales e inteligencia artificial.
Los materiales también incorporan actividades para realizar individualmente, en casa y dentro del salón. Una particularidad de las guías es que algunas de sus ilustraciones fueron elaboradas por estudiantes, con la intención de acercar el contenido a su propio lenguaje visual.
16 millones de guías para estudiantes, familias y docentes
La dimensión del programa es nacional. En abril, el Gobierno había anunciado inicialmente la impresión de 18 millones de guías. Para el despliegue del ciclo escolar 2026-2027, la SEP actualizó la cifra a 16 millones de ejemplares.
La distribución contempla:
- 7.5 millones de guías para estudiantes.
- 7.5 millones para madres, padres y personas cuidadoras.
- 1 millón para docentes.
La SEP también informó sobre materiales complementarios para reforzar la estrategia dentro de los planteles.
Las guías pretenden que la conversación no termine cuando el estudiante abandona la escuela. El planteamiento consiste en que las familias conozcan las mismas herramientas y puedan identificar cambios en el comportamiento o señales que indiquen que una adolescente o un adolescente necesita acompañamiento.
La estrategia se apoya además en un portal digital de la SEP donde se concentran materiales, orientaciones y actividades. Entre los recursos aparecen contenidos diferenciados para jóvenes, docentes y familias, así como materiales gráficos destinados a promover conversaciones sobre bienestar emocional.
El programa también busca detectar señales de alerta
“El ABC de las emociones” no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica. Su función declarada es preventiva: ayudar a reconocer situaciones que requieren atención y facilitar la canalización hacia servicios especializados cuando sea necesario.
El esquema contempla la participación coordinada del sector educativo y sanitario. Si durante las actividades escolares se identifica una situación que requiere atención profesional, el caso puede ser canalizado hacia los servicios correspondientes.
En este punto cobra relevancia la Línea de la Vida, servicio de orientación especializada de la Secretaría de Salud que opera las 24 horas, los 365 días del año. El número nacional es 800 911 2000. El servicio ofrece orientación sobre salud mental, situaciones de crisis, conducta suicida y consumo de sustancias, y puede realizar canalizaciones a servicios especializados.
La estrategia también contempla brigadas y la participación de personal de distintas instituciones públicas. En la presentación de abril se anunció inicialmente un despliegue de 300 brigadas del sector salud; posteriormente, la estrategia incorporó un número mayor de profesionales vinculados con las acciones de atención y acompañamiento.
Familias y comunidad también entran al programa
Uno de los elementos centrales de “El ABC de las emociones” es que la escuela no sea considerada el único espacio de intervención.
Entre octubre y diciembre de 2026 están previstas asambleas informativas en los planteles para madres, padres y personas cuidadoras. La intención es trasladar parte de los contenidos hacia el entorno familiar y generar conversaciones sobre emociones, convivencia, tecnología y señales de alerta.
El programa también se vincula con los Centros Comunitarios México Imparable, concebidos como espacios de encuentro juvenil donde se combinan actividades deportivas, culturales y acciones relacionadas con el bienestar emocional.
Esta dimensión comunitaria coincide con otros programas federales orientados a la prevención de las causas asociadas con violencia y exclusión juvenil. La lógica oficial es que deporte, cultura, educación, convivencia y salud mental pueden funcionar como factores protectores cuando se articulan en un mismo territorio.
23 de septiembre: jornada nacional del ABC de las emociones
Como parte del despliegue, el Gobierno anunció que el 23 de septiembre de 2026 se reforzará la presencia de servidoras y servidores públicos en las escuelas mediante actividades de lectura, conversación y reflexión.
La idea es convertir esa jornada en un momento visible de la estrategia y acercar a los jóvenes a funcionarios y profesionales que puedan conversar directamente sobre los problemas que enfrentan durante la adolescencia.
El programa contempla asimismo capacitación y acompañamiento para docentes. Este punto será particularmente importante para determinar hasta dónde puede llegar una estrategia de prevención basada en las aulas: reconocer una emoción o una señal de alerta no equivale a realizar un diagnóstico clínico, por lo que la capacidad de los planteles para distinguir entre acompañamiento educativo y atención especializada será fundamental.
El reto: pasar de la campaña a la atención efectiva
El Gobierno federal presenta “El ABC de las emociones” como una política de prevención y corresponsabilidad social, vinculada con el enfoque de la Nueva Escuela Mexicana y con una visión de bienestar que trasciende la atención clínica.
La propuesta también incorpora una dimensión de valores. Claudia Sheinbaum ha planteado que frente al consumismo y al énfasis material que, a su juicio, pueden reforzar determinados entornos digitales, es necesario fortalecer vínculos familiares, comunitarios y valores espirituales.
Sin embargo, el alcance de la estrategia dependerá de su aplicación cotidiana. Una hora semanal puede abrir un espacio de conversación, pero la detección temprana exige docentes preparados, protocolos claros, capacidad de canalización y servicios de salud disponibles para atender los casos que rebasen el ámbito escolar.
La propia estructura del programa reconoce esa necesidad al vincular a la SEP con el sector Salud y con la Línea de la Vida. El desafío será conseguir que la identificación de un problema no se convierta simplemente en un registro, sino en el inicio de una ruta efectiva de atención.
“El ABC de las emociones” representa así uno de los principales esfuerzos federales de 2026 para incorporar de manera estructurada la educación socioemocional en secundaria y bachillerato. Su alcance será medido no solamente por el número de guías distribuidas o de escuelas participantes, sino por la capacidad de conseguir que adolescentes, familias y docentes sepan reconocer cuándo algo no está bien y, sobre todo, sepan qué hacer después.
La premisa que acompaña al programa puede resumirse en una idea: el cuidado emocional no termina en el individuo. Para las autoridades, construir bienestar implica generar comunidades capaces de escuchar, acompañar y pedir ayuda cuando sea necesario.
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