Desde 2010, México manda corriente al sur. Ese año arrancó la interconexión entre Tapachula, Chiapas, y la subestación Brillantes, en Guatemala, con un acuerdo inicial de 120 MW. Durante más de una década, el esquema funcionó en buena parte gracias a productores privados; la central Huinalá, en Nuevo León, que quema gas natural importado desde Estados Unidos, figura entre los puntos de origen de esa energía que termina cruzando la frontera.
Ahora el gobierno guatemalteco quiere más. En el marco de una agenda bilateral que toca energías renovables, mecanismos de interconexión y proyectos de desarrollo con criterios ambientales, Guatemala pidió formalmente a México ampliar la capacidad de transmisión eléctrica transfronteriza. Para Ciudad de Guatemala, una línea más robusta con México no es solo un asunto técnico: encaja en la estrategia de integración energética centroamericana a través de la red SIEPAC (Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central), que busca consolidar un mercado eléctrico regional.
La respuesta de México: mejor adentro que afuera
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que México ya vende electricidad al vecino del sur, pero subrayó que esas ventas corren hoy por manos privadas. La instrucción política es clara: antes de abrir el grifo hacia el exterior, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) debe asegurar el abasto interno. Solo con ese piso garantizado, el gobierno evalúa ampliar la exportación bajo control estatal.
Para respaldarlo, el gobierno anunció un plan de nuevas centrales de la CFE por alrededor de 26,000 MW. En el discurso oficial, esa capacidad adicional dejará margen suficiente para atender la demanda doméstica y, después, exportar a Guatemala y Belice.
La viabilidad de exportar electricidad a Guatemala depende de la infraestructura
El cuello de botella no es la ausencia de línea: el enlace físico ya existe. Lo que Guatemala pidió es aumentar la capacidad de transmisión de ese corredor. Históricamente, resolver ese punto ha requerido inversiones acotadas: transformadores de alta capacidad, refuerzos en la subestación Brillantes del lado guatemalteco y mejoras en la red mexicana.
El contexto regulatorio complica el cálculo. Los cambios en el sector eléctrico mexicano apuntan a que la CFE ocupe un papel dominante y a que la participación privada en generación y comercialización se reduzca. Eso significa que cualquier acuerdo de Exportación de electricidad a Guatemala tendría que encajar en ese nuevo marco antes de materializarse.
Centroamérica mira al norte
Para México, vender electricidad al istmo refuerza su posición como proveedor energético regional. Para Guatemala y sus vecinos, una conexión más sólida con la red mexicana amplía el margen para estabilizar precios y cubrir picos de demanda.
El matiz incómodo: una parte de la energía que México podría exportar sigue dependiendo del gas natural, lo que pone en tensión el discurso de transición hacia fuentes limpias que ambos gobiernos sostienen en sus acuerdos bilaterales.
La solicitud guatemalteca ya está sobre la mesa. La CFE todavía no firma nada.
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