En México hay 18 Administraciones del Sistema Portuario Nacional (ASIPONA), empresas públicas que gestionan los puertos federales clave, aunque el país cuenta con más de 100 puertos y terminales en total, las ASIPONAS son responsables de las 18 más importantes para el comercio exterior mexicano y están sectorizadas en la Secretaría de Marina (SEMAR) y coordinadas por la Coordinación General de Puertos y Marina Mercante. Por mencionar algunas se encuentran Altamira, Coatzacoalcos, Dos Bocas, Ensenada, Guaymas, Lázaro Cárdenas, Manzanillo, Mazatlán, entre otras.
Por citar a Otto Von Bismark, respecto a que: “la política es el arte de lo posible y la logística es el arte de lo tangible”, resulta revelador señalar que mientras los debates ideológicos ocupan las tribunas legislativas en San Lázaro, la verdadera temperatura de la economía nacional se mide en toneladas, contenedores de veinte pies (TEUs) y en la capacidad de un Estado para conectar sus centros de producción con el mundo.
Al cierre de 2025 y con el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026 recién aprobado, los datos son contundentes: el corazón comercial de México late en el Pacífico, pero lo hace bajo una presión sistémica que pondrá a prueba la capacidad de gestión del Gobierno de México liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
El balance del año que concluyó arroja una cifra que no admite matices: el Sistema Portuario Nacional movilizó más de 8.7 millones de TEUs, y de ese universo, el 74% transitó por el litoral del Pacífico. Esta hegemonía no es una casualidad geográfica; es el reflejo geoeconómico de un mundo que ha girado su eje hacia Asia.
Los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas han dejado de ser meros puntos de entrada para convertirse en el termómetro más fiel del sexenio que anota su primer año, consolidando una realidad donde se juegan tres de las grandes apuestas de la Cuarta Transformación: la materialización del nearshoring, la recuperación de la soberanía en seguridad nacional y la viabilidad de una infraestructura que, bajo el “Plan México”, promete ser el legado de concreto y acero de esta administración.
Manzanillo: El coloso y sus tensiones estructurales
Manzanillo ha reafirmado su estatus de coloso, aunque es un gigante que camina sobre una cuerda tensa. Al cierre de 2025, el puerto movilizó casi 4 millones de contenedores —3 millones 893 mil 357 TEUs—, sosteniendo un liderazgo de más de dos décadas entre los puertos mexicanos. Detrás de las cifras récord, persiste una crónica de saturación y presión operativa que marcó la agenda logística del año.
La dinámica es clara: menos barcos, pero más carga. Desde 2021, la llegada de buques de gran calado, con esloras superiores a los 360 metros, se volvió habitual. El arribo de naves como el APL Fullerton o el CMA CGM Alexander von Humboldt, capaces de transportar más de 16 mil contenedores, transformó la lógica portuaria y elevó las exigencias en tierra, que en 2025 no siempre pudieron cumplirse.
El punto más crítico fue la crisis de mayo de 2025. Un paro laboral y bloqueos sindicales provocaron la peor parálisis operativa del año. Los tiempos de estadía se duplicaron, pasando de 5 a entre 10 y 12 días, mientras se suspendieron entre 3,000 y 4,000 movimientos diarios, con un impacto económico estimado en 100 millones de pesos por día.
Dicho acontecimiento dejó más de 2,000 contenedores varados y demoras ferroviarias de hasta 10 días. La Canacar alertó sobre patios rebasados, con revisiones aduanales superiores a 72 horas, lo que derivó en el abandono de más de 900 contenedores por costos de almacenaje mayores al valor de la mercancía.
Pese a ello, la resiliencia del puerto fue evidente. Agosto de 2025 marcó un récord histórico con 346,257 TEUs y más de 112 mil camiones atendidos. Bajo la administración del Vicealmirante, José Ignacio Moreno Díaz, Manzanillo encara 2026 con el reto de evitar que un colapso similar se repita.
Lázaro Cárdenas: La válvula de crecimiento y el capital privado
Si Manzanillo es el músculo tensado al máximo, Lázaro Cárdenas (LC) se ha consolidado como la capacidad aeróbica en expansión, funcionando como la válvula de escape estratégica del Pacífico. El puerto michoacano cerró el año con un crecimiento estimado del 10% en movimiento de contenedores, alcanzando los 2.6 millones de TEUs, y superando los 33 millones de toneladas de carga total, un aumento del 6% respecto al año anterior.
Lo que distingue a Lázaro Cárdenas en este ciclo político no es sólo el volumen, sino la agresiva inyección de capital privado que está reconfigurando su fisonomía. Mientras el Estado focaliza recursos, el sector privado ha volcado su confianza en Michoacán. En 2025, la inversión privada en el recinto ascendió a 7 mil 860 millones de pesos, provenientes de seis empresas clave: APM Terminals, Hutchison Ports, SSA Marine México, Terminal de Usos Múltiples IV, Hyundai Glovis y CIMA Group. Este flujo de capital responde a una lógica de mercado irrefutable: ante la saturación de otros nodos, Lázaro ofrece espacio, calado natural y una conectividad ferroviaria que se vuelve vital.
El sector automotriz ilustra a la perfección este dinamismo. Con un incremento del 7% en el movimiento de vehículos (más de 617 mil unidades reportadas al cierre de octubre), Lázaro Cárdenas se ha erigido como la puerta de entrada para la nueva ola automotriz asiática. El arribo inaugural del buque Jisu Fortune en noviembre de 2025 es un hito que sintetiza la transición tecnológica: una nave propulsada por gas natural licuado (GNL) que descargó 5,041 vehículos de las marcas Geely y Zeekr en solo cuatro días. China ya no solo envía manufacturas baratas; envía tecnología de movilidad avanzada, y ha elegido a Michoacán como su cabeza de playa.
Además, la modernización del equipo portuario refleja una apuesta por la eficiencia operativa. La llegada en diciembre del remolcador UT Patzcuaro, una embarcación de alta tecnología diseñada por el arquitecto naval Robert Allan y construida en Turquía, dota al puerto de una capacidad de tiro de 75 toneladas, convirtiéndolo en el más potente del recinto. Estas inversiones son la respuesta técnica a la demanda de un comercio global que no espera.
Seguridad Nacional: La mano dura y el costo logístico
El dinamismo comercial de 2025 convivió con una política de seguridad estricta en los puertos. El traspaso del control aduanero a la SEMAR derivó en una estrategia de cero tolerancia al contrabando que tensionó la logística, pero fortaleció la recaudación fiscal.
En Lázaro Cárdenas, entre el 13 y el 24 de agosto, se ejecutó uno de los mayores golpes al comercio ilícito: decomisos por 1,224 millones de pesos, incluidos millones de cajetillas de cigarros, textiles y calzado, además de 18 empresas señaladas por irregularidades vinculadas a esquemas IMMEX.
La ofensiva se amplió en septiembre con la detección de una red de huachicol fiscal que involucró a 555 empresas y varios puertos estratégicos, con el aseguramiento de 10 millones de litros de combustible y detenciones de alto perfil.
El impacto operativo fue inmediato. Lázaro Cárdenas enfrentó una saturación inédita de patios, con más de 2,000 contenedores retenidos y retrasos en terminales. El reto hacia 2026 será sostener una aduana rigurosa sin comprometer la competitividad logística que impulsa el crecimiento económico.
Geopolítica en los muelles: El factor China y la inversión de Maersk
La visita en diciembre de 2025 de Elyn Wong, presidenta ejecutiva de la Asociación de Empresarios de Cantón, al puerto de Manzanillo no debe leerse como un acto protocolario. Es política exterior en acción. En un escenario global de reacomodos, donde las cadenas de suministro buscan mayor resiliencia mediante el reshoring y el friendshoring, los empresarios chinos evalúan directamente la capacidad de sus socios mexicanos. La reunión con el Vicealmirante Moreno Díaz para impulsar el desarrollo y facilitar procesos de comercio exterior confirma que, pese a las tensiones en América del Norte, el intercambio con Asia sigue siendo clave para los puertos del Pacífico.
Esta confianza se traduce en inversiones concretas. A finales de 2025, A.P. Moller-Maersk inauguró en Manzanillo un nuevo depósito con una inversión de 15 millones de dólares. Con 31 mil metros cuadrados, la instalación busca aliviar la saturación portuaria mediante servicios logísticos, conexiones para contenedores refrigerados y soluciones para reducir cuellos de botella. La apuesta es clara: Manzanillo es un nodo estratégico que conecta Asia con el Bajío y el corredor central del país.
PEF 2026: La reingeniería y la apuesta por Cuyutlán
¿Cómo responde el Estado Mexicano ante este escenario de saturación, oportunidad y riesgo? Con una reingeniería presupuestal que prioriza la infraestructura estratégica sobre el gasto corriente. El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026 aprobado dibuja con claridad la hoja de ruta del “Sello Sheinbaum”.
La joya de la corona portuaria para el sexenio es, sin duda, el desarrollo del “Nuevo Puerto de Manzanillo” en la Laguna de Cuyutlán. El PEF 2026 asigna una partida inicial de 1,138 millones de pesos para este proyecto, que forma parte de una inversión total proyectada superior a los 63 mil 500 millones de pesos. El objetivo es ambicioso: cuadruplicar la capacidad de manejo de contenedores, pasando de los actuales casi 4 millones a un horizonte de 10 millones de TEUs anuales. Esta obra no es una ampliación más; es la creación de un nuevo pulmón logístico diseñado para posicionar a Manzanillo como el puerto más activo de América Latina, resolviendo de tajo las limitaciones espaciales del recinto actual.
En Lázaro Cárdenas, la inversión pública para 2026 contempla 798.5 millones de pesos para el desarrollo de la Isla de la Palma, un proyecto clave para dotar al puerto de áreas industriales y logísticas que complementen la actividad de los muelles. A esto se suma la modernización de la infraestructura en Salina Cruz y Puerto Chiapas, como parte del fortalecimiento del Corredor Interoceánico, cuyo programa de plataforma multimodal busca estar instrumentado al 100% para este año.
El 2026 como año de definición
Al mirar hacia este 2026, la lectura política es clara: Manzanillo y Lázaro Cárdenas no son islas administrativas; son la trinchera económica donde se libra la batalla por el desarrollo de México. El éxito de la estrategia económica de Claudia Sheinbaum dependerá, en gran medida, de que estos nodos funcionen con precisión de relojero.
El cierre de 2025 nos dejó récords históricos, sí, pero también advertencias severas. La saturación operativa es el precio del éxito, y la rigidez de los controles de seguridad es el costo de recuperar la soberanía frente al crimen organizado. La apuesta por el Nuevo Puerto en Cuyutlán y la masiva inversión privada en Michoacán son las respuestas correctas sobre el papel, pero su ejecución requerirá una coordinación política y operativa de alto nivel entre la Secretaría de Marina, las autoridades civiles y los grandes actores del comercio global.
México tiene en su litoral del Pacífico una ventaja comparativa envidiable frente a un mundo que comercia desde Asia, pero las ventajas geográficas no son eternas si no se cultivan con infraestructura eficiente, estado de derecho y sensibilidad social. El 2026 será el año de la construcción, el año en que veremos si el “Plan México” logra transformar los planos presupuestales en realidad operativa. Por ahora, los barcos siguen llegando, cada vez más grandes, cada vez más llenos, trayendo consigo el futuro de nuestra economía a unos muelles que, por el bien de todos, no pueden permitirse el lujo de detenerse.

